YO ME QUEDÉ EMBARAZADA DESPUÉS DE LEER Gimme a $dollar BB! Te podría pasar a ti

 Mi pareja y yo llevábamos un año intentándolo, y en los últimos tres meses, decidimos someternos a un tratamiento de fertilidad viendo que no me quedaba de ninguna forma. Llevamos cinco años conviviendo y no estamos casados. Nos queremos, pero él se sentía frustrado, por verse casi obligado cada vez que “tocaba”. Me decía que eso ya no era sexo, que parecía que tenía que llenar un bote cada 8 horas… Y yo, me sentía como si mi novio se estuviera haciendo una paja con mi cuerpo cada vez que le reclamaba. Y más cuando me doy cuenta de que ya no se le pone dura cuando me ve espatarrada en la cama esperándole, y tiene que entonarse primero él, antes de acostarse conmigo.

 Hemos estado a punto de dejarlo definitivamente en dos ocasiones, y parecía que ésta iba a ser la de a la tercera va la vencida… cortar y que cada uno hiciera su vida de la mejor manera posible. Pero hace un mes, que vino a visitarnos mi hermana de Barcelona. Se ha quedado en paro, y está pasando una temporada con nosotros, para de paso, tranquilizar un poco el ambiente en casa. No me pasa desapercibida, como mi novio la mira. Me pone negra, se cree que no me doy cuenta, pero parece que le hace más ilusión pasar tiempo con ella que conmigo. La novedad…

Una tarde, estando sola en casa, mi novio trabajando y mi hermana echando currículums puerta a puerta, llamaron al telefonillo. Era un mensajero que traía un paquete para mi hermana. La llamé corriendo por si era algo importante,–Es un libro que he comprado por Internet- me dijo –¿Lo abro?- –Sí ábrelo y me cuentas- Abrí el paquete plastificado naranja, y vi que el libro que había dentro era del mismo color. Lo abrí y en la primera hoja, había una dedicatoria bastante íntima. Me fui a la habitación y empecé a leer.

Cuando me di cuenta, eran ya más de las diez de la noche. No había salido en toda la tarde y mi novio y mi hermana estarían cenando en cocina o en el salón. Les escuchaba, pero no quería salir. Ya se me estaban cerrando los ojos, pero no quería parar. A eso de la una, entró mi novio para dormir, me dio un beso apenas sin mirarme y me preguntó con tono de burla, que si ya me estaba aficionando a la novela erótica como las menopáusicas. Me molestó, pero no hice aprecio… dejé en libro en la cómoda y apagué la luz. Estaba enfadada ¿cómo me puede hacer esa pregunta sabiendo que quiero quedarme embarazada y no puedo?

Le di la espalda, pero no podía quedarme dormida… quería seguir leyendo porque no quería pensar. Estuve toda la noche dándole vueltas a la cabeza, sobre si merecía la pena seguir con esta relación, sobre si quizás lo mejor era romper la baraja y cada uno a su casa. Esto no era lo que yo quería. Al principio, él parecía ilusionado con la idea de ser padre, pero conforme se iba acercando la hora de la verdad, y se iba complicando el tema, parecía que le costaba un esfuerzo extra tocarme, acercarse a mí… Era como si ya no lo deseara, o como si quisiera aplazar con evasivas, el ir a por el bebé. Sentía que estaba perdiendo el tiempo, con un hombre que no estaba a la altura de su palabra.

Por la mañana me puse mala. Dije que no iba a trabajar y no salí de la cama hasta que la casa se quedó vacía de nuevo. Me fui al salón con el libro de mi hermana y continué donde lo había dejado con el primer café. Cuando estoy sola en casa, me gusta quedarme desnuda, me hace sentir bien. Era ya mediodía y el sol estaba pegando en la ventana. Hacía mucho calor y aprovechando un episodio que me recordaba aquel instante, empecé a masturbarme. Solté el libro y me ensimismé, hasta que caí en la cuenta de que estaba absolutamente sola, desnuda con la ventana abierta y masturbándome en el sillón.

Me levanté y empecé a dar vueltas por toda la casa, pegándome a los marcos de cada ventana, detrás de cada cortina, buscando huir de la soledad y la excitación que me estaban consumiendo. Fui a la cocina a beber agua, y seguido al dormitorio. Abrí la ventana de par en par y me eché sobre la cama para volver a masturbarme. No sabía si alguien podría verme, pero me daba igual… creo que en ese momento lo deseaba, y no podía parar. Necesitaba a alguien y ¡lo necesitaba ya! Me estaba volviendo loca, y con el cuerpo ardiendo por el calor, llamé a mi hermana. Necesitaba hablar con ella de lo que me estaba pasando, pero no me cogió la llamada.

Ella siempre me ha cogido las llamadas, desde siempre. Fuera la hora que fuera. Me metí en la ducha y volví a salir. No sabía por qué, pero sabía que estaba pasando algo… Llamé a mi novio, y tampoco me lo cogió. Me puse a leer otra vez, para no pensar… y me vino una imagen a la cabeza: me imaginé a mi hermana follando con mi novio en el coche. Me enfadé, me enfadé mucho y me excité a la vez. Lo estaba viendo, como si estuviera pasando de verdad en ese mismo momento delante de mi cara, y me puse enferma. Lo vi tan claro… tan insultantemente claro: en esa casa la única que no tenía lo que deseaba parecía ser yo. Ni el deseo de mi novio, ni el embarazo, ni a mi hermana para ayudarme.

Cogí su maldito libro y lo tiré sin mirar dónde… y resulta que se fue directo por la ventana, la que daba al patio. Escuché como caía, y cómo a los pocos segundos, la voz del conserje me llamaba la atención, supongo que todavía, sin saber quién era la histérica que le había tirado el libro, mientras hacía sus tareas de mantenimiento en el patio –Vale ya ¿no?- escuché con un tono de enfado –Qué pasa… ¿que aquí toda la mierda de la gente me tiene que caer encima?- Me puse el albornoz y decidí dar la cara para pedir disculpas, a pesar de la vergüenza que sentía. Me asomé por la ventana y vi a Luis, el conserje con el libro de mi hermana en la mano, buscando ávidamente con su mirada un culpable. –Perdona, ha sido sin querer- le dije levantando la mano –Pues para ser sin querer… ¡el libro de los cojones iba hostiao!-

La cara habitual de baboso panoli del conserje, era distinta, estaba cabreado de veras –Perdona, de verdad… lo siento Luis, no te lo quería tirar a ti- le puse mi sonrisa de niña buena, y como un canelo, su cara cambió de enfado a resignación. Nunca falla –¿Me lo puedes subir por favor?- le dije acentuando mi tono inocente y arrepentido. El tío se quedó flipando, y según le dije, agachó la cabeza y se metió para el bloque. Yo ya sabía lo que iba a pasar –A este pobre diablo, le voy a alegrar el día- No pasó ni un minuto de reloj, cuando ya me estaba tocando a la puerta. Me dio el libro en mano… y no salió de casa, hasta que me dio todo lo que yo quería, y como yo quería.

Hace una semana que me hice el predictor y… vaya, parece que el tratamiento funcionó. Estoy embarazada. Se lo dije a mi novio, felicitándole porque va a ser papá… y la cara que se le puso no tenía precio. Ya me da igual si se sigue follando a mi hermana. Yo ya tengo lo que quiero. Además, parece que ahora tiene menos reparos, pero ya no me mira igual. Me trata con más cariño, y con más respeto… Voy a ser madre. No sabe que ahora, deseo más que nunca que me follen y que me follen bien. Así que ya ves, las cosas vienen siempre, de dónde una menos se las espera. Yo me quedé embarazada después de leer Gimme a $dollar BB!... también te podría pasar a ti.
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