LA “BALADA” DEL BUENO, EL FEO, EL MALO Y LA MUJER DE TU VIDA

 Empezaré diciendo que no soy nadie para dar lecciones. Mientras te escribo, tengo de fondo Moon River de Desayuno con diamantes para inspirarme, porque hoy sí quiero hablar de amor, pero me doy cuenta que mi historia de amor particular, poco o nada tiene que ver con el cine. Quizás se pareciera a una hipotética mezcla entre Alfie, Sueños de un Seductor y Casablanca. En resumen: auténtico, poco duradero, torpe e imposible. Este texto aunque no lo parezca, es una balada o canción de amor y lo es  por dos razones: la primera porque hablo y hablaré de amor… cosa que hago solamente cuando lo veo necesario, y la segunda, porque balar, también balan las ovejas. Curiosa forma de definir una canción de amor, asemejándola al sonido que emite un mamífero gregario, herbívoro, torpe y cobarde. ¿Tendrá algo que ver? ¿eres vegetariano? En lo personal prefiero quedarme con As Time Goes By, la mítica canción de Casablanca, porque sí me suena más a mi vida y ya puestos a hacer el ridículo, lo hago bien hecho. ¿Ridículo? ¿Hablar del amor es ridículo? Probablemente, porque es poco práctico. Visto en primera persona, siempre es más glorioso que cuando te lo cuenta alguien.

Pero la realidad es, que ninguno de mis amores verdaderos, se ha parecido a Audrey Hepburn, Lauren Bacall o Marilyn… así que no creo que esta canción de amor, deba ir por ese sendero “tan bonito” o tan glamuroso. Necesito imágenes más realistas para hablarte más, o más cercanas y para hacerlo bien, creo que recurriré… adivina a quién ¡Sí! Clint Eastwood que nunca falla: El bueno, el feo y el malo, mezclado con un poco de Hasta que llegó su hora de Charles Bronson y Henry Fonda, con Claudia Cardinale, en un papel verdaderamente duro y sincero, que dibuja perfectamente las entrañas de una mujer de carne y hueso.

¿Qué pasa con el bueno? El bueno lo somos todos, hasta que dejamos de serlo. El bueno, el héroe, el protagonista, es lo que nos sale cuando sentimos que merece la pena ir por ella y estar con ella. No tiene dudas, sabe que puede hacerlo, confía en sí mismo y confía en ella. El bueno, es la mejor imagen que tenemos de nosotros mismos cuando de una mujer se trata, porque es lo que nos sentimos capaces de dar. Es lo que mola, lo que nos hace sentir bien, es como te gustaría estar siempre. Un ideal, que se da cuando crees realmente que por amor merece la pena, abrir un hueco, hacer enuncias, entregar, esforzarte y dar siempre un poco más. Si hay que ir, se va. No se miden las consecuencias porque siempre lo que hay por ganar y compartir, es mucho mejor y más grande, que los obstáculos que se puedan presentar. Piensa en el bien de la amada, más que en el suyo propio.

¿Qué pasa con el feo? El feo no es feo porque lo sea realmente. Aquí el feo, lo es porqué por regla general está solo. Quiere ser bueno y no puede porque no llega y se compara continuamente con el héroe. El feo es “el quiero y no puedo” del amor, en la película sería el secundario cómico, el amigo sin novia, el que muere antes del final. Lo que le jode al feo, es que no se acuerda, o no quiere acordarse, que en algún momento de la historia, decidió asumir ese papel para quitarse el muerto de tomar la responsabilidad de ser el primero en dar un paso al frente, y decidió sólo acompañar… esperando a que maten al bueno, para quedarse él con la chica. Esto no pasa, porque el feo aunque se muera el bueno… no gusta. Si no matan al bueno, el feo puede pretender ser malo, pero tampoco llegar a tener la fuerza del malo. El feo es cobarde en el amor, es la turba sobre la que descansan los cuentos de Disney a modo de consuelo paciente. El feo, es cobarde y traicionero, nunca sabes por dónde te puede salir, y a la hora de la verdad, no tiene ni media hostia.

¿Qué pasa con el malo? Mientras que el bueno quiere dar, el malo quiere poseer, retener, quiere secuestrar el amor, aprovecharse de él, guardarlo y disfrutarlo solo para sí hasta agotar la fuente. El malo consume, desgasta, vampiriza, roba y no deja nada. No cree en el amor, ni trabajar por ello, paga y compra, tiene, capta y somete. Nadie quiere al malo, solo están con él por miedo. Solo piensa en sí mismo y no le importa cargarse a quien tenga por delante. Ni si quiera tiene que parecer malo, porque este individuo solamente se destapa cuando se ve en riesgo de soledad o de pérdida, entonces saca lo peor de sí y empieza a pasar factura, por todo aquello a lo que él llamaba amor. Como la cuenta es larga y el riesgo resulta muy caro, el malo sigue teniendo compañía, una tras otra, para que sea otro quien pague la factura (el feo por ejemplo). Lo más jodido de todo, es que el malo tiene su público. Eso de tener poder sobre los demás, atrae mucho: Hasta que llegó su hora.

A todos nos llega la hora, al bueno, al feo y al malo, pero de forma distinta. El amor siempre supone una parte de muerte al yo, una renuncia, un abrir espacio y un perjuicio al interés propio e individual. El bueno, como héroe, se entrega a esta muerte de forma voluntaria… será querido, recordado, honrado y respetado por haber sido capaz de entregarse. El feo, muere todos los días un poco, pero no siente heridas graves en el corazón, ya que no se pone en primera línea, no lucha, se esconde y se va cuando viene el peligro. El malo no muere, nunca voluntariamente ¿por qué? Al malo, tanto en el cine, como en la vida real y verdadera, hay que matarlo… así de simple. Vaya, al final nos hemos cargado a los tres. No queda ni uno vivo después de pasar por el amor… ¿por qué será? De estos tres ¿quién eres tú? Y no corras como un imbécil a decir que eres el bueno, porque si sigues “vivo”, probablemente no sea el caso.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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