MR. X, UN HOMBRE HECHO A SÍ MISMO

 De pequeño no te das cuenta del grandísimo esfuerzo que están haciendo tus padres para que salgas bien. No solo es comida, ropa y techo: en mi caso fueron academias, dentista, gafas y algún que otro esporádico capricho. Lo más jodido de todo, debo ser un maldito desgraciado o mejor dicho, desagradecido… a pesar de saber todo o casi todo lo que mis padres han hecho por mí, no recuerdo una infancia feliz. Más espartana, militar, parca en afectos y escasa en regalos que otra cosa… Hoy lo agradezco, me como toda la comida que hay en el plato, como de todo y no aparto la verdura con el cubierto. ¿Una infancia Disney? Ni de coña. Yo llevé gafas, aparato en los dientes y empollaba como un poseso, pero no hubo reina del baile del instituto. Creo que no llegué a tomar conciencia de mi persona hasta la universidad… otro esfuerzo que también hicieron mis padres, y que se me olvidaba agradecer. Como el dinero del comedor y las clases particulares de dibujo técnico. Me costaba entender las cosas, me las tenían que explicar. Afortunadamente, justo después de terminar la carrera, dejé de ser un parásito para ellos, me fui una semana a Ibiza con mi primer sueldo, y justo después me independicé. Desde entonces… he podido tirar por mi cuenta que no solo. Quiero insistir en esto, porque solo no se llega a ninguna parte, y nadie se hace a sí mismo totalmente sin la ayuda de alguien, sin la colaboración de sus padres, sin un voto de confianza, o sin el apoyo de sus amigos o su familia.

 Queda muy bonito en la portada de Forbes, como: Mr. X un hombre hecho a sí mismo. Sea Mr. X cualquiera de los tipos y tipas que por lo visto han triunfado como grandes empresarios. Nadie niega el esfuerzo, pero yo te pregunto ¿qué tienes que no se te haya dado? ¿qué tienes que no hayas ganado? ¿de verdad lo has hecho todo tu solito? El ego juega malas pasadas cuando tienes la sensación del premio conseguido. Te crees que todo lo has hecho tú. Un día cualquiera te miras al espejo, y te das cuenta que la ropa que llevas puesta, es del Pull and Bear de Fuencarral, pero no es creación tuya, que eres independiente mientras sigas cobrando la nómina y que tienes ganas de querer y que te quieran. Muchas además, pero eso de hacerse a sí mismo sin la ayuda de nadie es una gran mentira. Todos dependemos de todos en alguna medida.

No deja de ser una prolongación de la adolescencia, aquello de creer que uno puede con todo sin la ayuda de nadie. No es más que orgullo, no es más que una fantasía de burbuja y aislamiento. Como cuando de pequeño tenías un berrinche y te encerrabas en la habitación. Una falsa idea de libertad bajo un techo que no te pertenece ¿Solo? Pero si vives en casa de tus padres y tienes que follar en el coche… ¡Anda y no seas flipao! Los autónomos necesitan clientes, proveedores, teléfono e internet ¿solo de qué? He puesto como ejemplo la archi-reconocida portada de Forbes, por ser un buen ejemplo del ego humano en este sentido. No hay mayor engaño, ni mayor toxicidad en la mente, que creer que no se necesita a nadie. Y no, no hablo de echarse de novia. Hablo de la vida diaria.

¡DE TU PUTA VIDA MR. X!

El caso es que para bien para mal, la necesidad de reconocimiento, de valoración, de premio conseguido, de ser querido es algo humano. Separarte de la manada tiene un precio, y no solo es la soledad. A quien está solo, todo le cuesta el doble o el triple. Inteligencia, tendremos que apelar a la inteligencia si nos queda algo de ella, para no aspirar solamente en esta vida  a sacarnos una foto en la cumbre de la montaña, para decir aquello de “Mira, lo he hecho yo”. Vale… lo has hecho tú ¿y qué? Y mi madre me parió a mí y nadie la dio un premio… Y eso que pesé cuatro kilos. Y si no es por el maquinista de cercanías, no llego al trabajo. Y si el supermercado no estuviera abierto hasta las diez de la noche, habría muchos días que no podría hacer la compra. Se nos olvida. No estamos solos ni lo hemos hecho todo nosotros.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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