NACIDOS PARA LA GLORIA… DE PAGAR FACTURAS


 ¿Has fantaseado alguna vez con ganar a los malos? Aparte de estar absolutamente convencido, de que tus fantasías habituales suelen ir por otro lado más genital, quizás alguna vez, o dos o tres, te has imaginado ganando alguna batalla épica, bélica, deportiva, o algún triunfo ¿Qué no? Bueno, si tú lo dices… entonces te condeno a ver porno durante cuarenta y ocho horas seguidas, a ver si te hartas así de tanta fantasía sexual. Después ponte Troya, Rocky, Gladiator o Braveheart… porque no creo que tengas paciencia suficiente, para un buen libro, y así igual conseguimos un microsegundo de honorabilidad en tu vida. A mí me gustaría decir que estoy libre de estos apetitos épicos, heroicos y novelescos… me gustaría decir que no los tengo, pero no puedo. A pesar de tener una vida de currito de lo más normal, que ficha al entrar y al salir del trabajo, que hace la compra, limpia la casa y paga sus facturas…

Pues sí, debe existir alguna relación entre estas fantasías y algún aminoácido proteico que tome sin saberlo, implícito en mi dieta habitual. Si supiera de qué proteína se trata, la suprimiría, porque estas fantasías, no hacen más que alejarme de la realidad de mi vida diaria. Ya… a ti no te pasa, tú eres la hostia de bueno y de correcto. Ya me gustaría verte a ti, la cara que pones cuando Máximo Décimo Meridio, mata a Cómodo al final de Gladiator. En la película Troya, de Wolfgang Petersen, año 2004, la madre de Aquiles, la diosa Tetis le suelta esta perla:

[…] Si te quedas en la isla, tendrás paz y una mujer maravillosa. Tendrás hijos e hijas que a su vez tendrán descendencia. Te amarán… y cuando ya no estés, te recordarán. Cuando tus hijos, y los hijos de tus hijos hayan muerto… tu nombre se perderá. Si acudes a Troya, tuya será la gloria. Escribirán epopeyas de tus victorias durante miles de años… el mundo recordará tu nombre. Pero si acudes a Troya, no volverás a casa, pues tu gloria y tu maldición caminan juntas de la mano […]

Tal cual, y eso que es su madre. No se anda con paños calientes la señora. Le deja bien claro a su propio hijo, que si quiere ganar la Gloria, y que su nombre sea recordado por siempre, ello le va  a suponer un sacrificio vital: la muerte. Pues el bueno de Brad ¡perdón!... el bueno de Aquiles, parece que no se lo piensa mucho, coge el barco y tira millas con los mirmidones directo a las costas de Troya para llevarse la Gloria y a quien no le guste, que no mire. Se podría decir, que no teme a la muerte.

La jodienda es esa. Conozco pocas personas que no teman a la muerte, o a perder, o a sufrir, entre las cuales como ser humano y persona me incluyo. Quizás pueda estar por encima de estos miedos, como podrías estarlo tú en una situación extrema… pero me temo que ni tú ni yo, vamos buscando guerras que ni nos van ni nos vienen, solamente por ganar la Gloria y que nuestro nombre sea recordado por generaciones. Me temo que nuestra batalla es pagar el alquiler y las facturas. Primero eso… lo demás, ya se andará ¿verdad? Y parafraseando al pobre chaval, al que mandan a buscar a Aquiles, cuando este llega tarde a la batalla, por quedarse echando polvos en la tienda: […] El tesalio con el que vas a luchar, es un hombre enorme y fuerte. Jamás pelearía con él […].

POR ESO NADIE 

RECORDARÁ TU NOMBRE

¡Hala! Eso para que vuelvas… De igual forma que su madre le deja las cosas bien claritas, tampoco se anda con ñoñerías y cuentos de patitos feos con el chico que viene a avisarle de que están esperándole. Me gustaría decir que quedo conforme con esta confesión, pero no es así. No quedo conforme, porque si no creyera en lo más profundo, que la Gloria nos pertenezca y que debamos ir a por ella, ese hachazo me daría igual… pero no es así. No me da igual, porque el bueno de Brad (ahora sí) interpretando a Aquiles, tiene más razón que un santo. Lo sabes tú, lo sé yo y lo sabemos todos.
               
Otra cosa, es que prefiramos oír que el camino conocido es el mejor y es el que nos toca. Así parece que no pasa nada, si no sacamos los pies del tiesto. Firma aquí por favor ¿ves? Ya está. De casa al trabajo y del trabajo a casa, con alguna alegría de vez en cuando. ¿Todo se reduce a eso? Sabes que no, porque de vez en cuando tu corazón te grita desde dentro. Y si es una forma novelesca de decirlo y no te gusta, te diré que son tus propios genes quienes lo reclaman. Y si tampoco quieres reconocer tus genes, por pensar que es algo opcional o accesorio… entonces, te diré ¡que te den!

Una cosa sí está clara: a todos nos llega nuestra hora. Y hasta que ese momento no llega, no sabremos si realmente estamos preparados o no. No te apuntes corriendo al gimnasio, la cosa no va por ahí. Para bien o para mal, todos tenemos nuestro momento de gloria. Lo más grave de todo, es que nos podemos llegar a creer que este momento, llega por mérito propio, o llega por seguir un camino marcado, o llega cuando estamos preparados para ganar. Se trata de una decisión, de una opción, de una renuncia a lo seguro y de una apuesta que no sabes si la ganarás o no. No hay certeza, por eso lo llaman gloria y no lo llaman nómina o contrato.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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