LA GÉNESIS DE UN PUTERO: LA HISTORIA DE CHENCHO, por EL REVERENDO

 Paco, Paquito, Francisco, Curro… Chencho, Chenchín, Chenchete, era un tipo común. Un tipo común de cuarenta años cortos, que no por normal, tampoco era un hombre adecuado, pero que por época le ha tocado ser “normal”. Chencho no se la ve cuando mea y vive solo en una habitación porque es divorciado. Una señora mayor a punto de morirse, le cobra trescientos euros al mes por dormir, usar la cocina y el baño. Chencho no se la ve, porque tiene una tripa de pureta calloso, de los de afición al gin-tonic después de comer, para merendar y a veces incluso, en lugar de la cena… también; que no es tripa, que es satisfacción ¿por qué satisfacción? Cuando estás casado, te dicen que es “la curva de felicidad”, pero si te divorcias, o mejor dicho “te divorcian”… eres un gordo asqueroso. A Chencho le importa poco su tripa, porque ahora folla más que cuando estaba casado ¡pagando! Pero la realidad es que folla más. De lo que le queda de pagar la hipoteca y la pensión alimenticia, de una hija que a ciencia cierta no sabe si es suya con seguridad, porque le sale más barato pagar la pensión mes a mes, que meterse en juicios, para demostrar que la hija es del profesor de bachata de su exmujer, le queda para la habitación, comer lo justo, una puta a la semana y gin-tonics de marca nacional que no pasen de seis euros en vaso de tubo. Sueldo de funcionario, de los de escala superior ¡claro!

La supuesta hija de Chencho, tiene la piel morena… y no es que la madre sea asturiana, ni gallega, ni vasca… es colombiana y así, la duda del color, es más difícil de esclarecer, o al menos cuestionable. La conoció por Internet, y se la trajo en la segunda visita. En la primera visita fue él mismo a Cali, para ver si su novia existía de verdad ¿por qué? Pues porque ya se la habían metido doblada dos veces antes. ¿Cómo? Chencho se apuntó a una agencia por Internet, y resulta que dos rusas en bikini, se enamoraron de él, primero una y luego otra. A la primera le pagó el billete de avión por Wester Union y nunca más se supo. A la segunda, le compró el billete él mismo desde España, y después ella no lo utilizó, y solo reembolsó en efectivo las tasas, desde algún incierto mostrador de la compañía aérea en San Petersburgo. Total, que Chencho quería comprobar esta tercera vez en primera persona, que Liliana era una mujer real. A la tercera va la vencida, se repetía una y otra vez nuestro Chencho, estando soltero todavía, con treinta y ocho años buscando manceba.

Chencho ha tenido suerte dentro de lo malo, porque es funcionario y no le iban a echar nunca del trabajo. Así su exmujer, pudo divorciarse express con la conciencia tranquila. Aunque no hubiese sido funcionario, la seguiría teniendo tranquila o carente, mejor dicho… y es que a Chencho, se la jugaron de libro. Se enteró un día que su mujer se había divorciado, porque le llegaron los papeles de la gestoría al trabajo por mensajería urgente. Ese fue el resumen del divorcio, nada más… esa fue toda la conversación. Después fue a casa, a ver qué había pasado y no pudo entrar, porque su querida esposa, había cambiado la cerradura, y llamado a la guardia civil avisando de que podía llegar. A Chencho esa misma mañana, mientras trabajaba en sus obras públicas, le habían denunciado por maltrato, violencia de género como dicen, para impedirle legalmente el acceso al domicilio familiar como medida cautelar. Estaba todo calculado. Afortunadamente…

LA DENUNCIA ERA FALSA

Chencho puede ser un gordo pureta calloso, pero es más tranquilo que un perro San Bernardo. Se veía tan de lejos que era una denuncia falsa, tanto, tanto, tanto, que los propios guardias civiles se ofrecieron a ayudarle a sacar las cosas del piso. La benemérita, siempre está para ayudar ¡siempre! Con lo puesto y mal empaquetado, tuvo que ir al cuartel, prestar declaración… y quedarse con un papelito que le dieron citándole unos días más tarde en un juzgado.  Como vivía en las afueras, muy afueras… donde pudo firmar una hipoteca no demasiado sangrante, tenía que acercarse a Madrid sí o sí. Ya era muy tarde, y al salir del cuartel de un conocido pueblo de la sierra norte madrileña, decidió irse a dormir a un hotel cerca de dónde trabaja. Al menos tardaría poco en ir a trabajar al día siguiente. Chencho se fue a La Castellana, a un hotel en la plaza de Cuzco, que le pillaba a minuto y medio de la oficina, donde por fin descansó. Tenía media camisa sacada por fuera, la corbata descolocada, y machas de sudor por el sofoco cuando pudo percatarse de su propia situación.

Sin saber muy bien por dónde empezar, se preguntaba qué había hecho mal, mientras se mojaba la cara en aquel baño de hotel de cuatro estrellas, que le estaba haciendo de hogar. Una y otra vez le venían a la mente los consejos de su madre acerca de la decencia de su amada esposa, las palabras de sus amigos, de sus compañeros de curro, pero sobre todo… la imagen de su ¿esposa? En tres dimensiones, follándose a otro tío, que probablemente, se la estaría follando en ese mismo momento, en la cama bajo el techo, que él todavía está pagando por ley. Se dio cuenta en efecto… que ella había tenido mucho tiempo libre desde entonces. Y que tanto gimnasio, tantas compras, tantas clases de bachata y tanta tarjeta de crédito, en compañía del resto de lagartas de la urbanización, no habían terminado de comprarla ni satisfacerla. Chencho, es un tío simple, es básico, es… Chencho: lineal como una recta y un filósofo del Marca. Pensaba que por fin lo había conseguido, pero lo único que ha logrado, es que le dieran bien por el culo sin vaselina.

Así no Chencho, así no… se imaginaba dictándole con el dedo, desde el otro mundo a su difunto padre. Se metió en la ducha de aquella habitación, y sin mucho garbo después vio que eran casi la una de la madrugada. Empezó a malcolgar las camisas de ir al trabajo en aquel escaso armario de diseño… y mientras, decidió salir a tomarse una copa. Vamos… lo que no había hecho en dos años y medio de matrimonio, por aquello de enderezar su vida, asentarse y centrarse de cara a la galería de la mofa y el escarnio social. Eligió la camisa más festiva según su criterio, se embadurnó de colonia de la del hotel y en cinco minutos ya estaba buscando un cajero. Se dio cuenta, que su ahora ya exmujer le había vaciado la cuenta, y solo le había dejado lo justo. Sacó lo que pudo… 200€ y dejó a la buena fe de la Visa Classic, el pago de esa habitación de hotel. Sin hambre, y con ganas de agarrarse la borrachera padre, se metió en un lugar llamado simplemente Club, donde unas espesas cortinas, no dejaban entrever el interior.

Una luz muy baja, y una barra de las acolchadas con un muestrario de bebida blanca bastante amplio detrás, le invitaron a apoyarse y a ordenar un gin-tonic de los buenos. Ya habrá tiempo para vasos de tubo en lo posterior y para lamentarse: Chencho… esta es tu noche.  No tardó ni diez segundos en acercarse una mujer con un vestido tres tallas más pequeño que el cuerpo que lo soportaba, saludándole con un acento muy familiar. Más que familiar, diario, cotidiano, meloso, dulce, habitual y reconocido ¿De dónde eres? Preguntó Chencho, sabiendo cuál era el juego. A lo que la señorita morena en todos los sentidos, la que no cabía en el vestido, ni dejaba de sonreír ni guiñar el ojo, respondió: Soy de Cali, Colombia… ¡Tócate los huevos! como su exmujer. Entre pitos y flautas, el polvo en un piso de arriba, le saldría por 100€ completo. Chencho pensaba para sí en tono de moraleja: Si lo llego a saber… vengo aquí antes. Me habría salido más barato que casarme y me hubieran tratado mejor. Así nació un putero divorciado a los ojos del mundo… le llamaban Chencho.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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