EL DÍA QUE SE ME APARECIÓ ROCKY BALBOA - capítulo II

Era yo… más tieso que una vela tumbado en la cama, mientras de forma macabra terminaba la película. Adrian y Rocky se abrazaban en la TV, sonaba la música… un fin de película sin espectador que lo contemplara. Blanco, con los ojos y la boca abierta y la ropa de cama revuelta… como quien lo ve y tiene la certeza de que no había marcha atrás. Me miré las manos, apretaba los dedos para sentir mi propio tacto, respiraba y me empecé a tocar la cara. Ni frío ni calor, como siempre ¿todo estaba en mi cabeza? Había una barrera invisible que me impedía tocar la carcasa de carne y hueso, que se iría enfriando poco a poco sin que nadie se enterara. Lo que quedaba de mí, estaba vacío, absolutamente vacío, inerte, seco y solo, muy solo. No era la muerte que yo había imaginado, ni a la edad a la que yo habría querido. Me había dejado demasiadas cosas en el tintero, como para que me hubiera llegado la hora. La película seguía avanzando, y yo era incapaz de reaccionar.

–Pero ¿por qué? ¿cómo?-
–¿Necesitas un por qué?-
–Si-
–Llámalo infarto-
–Pero no me he despedido de mi hermano, ni de mis padres, ni de mis amigos… ¿Por qué?-
–Te llegó la hora, no lo pienses y levántate que tenemos cosas que hacer-
–No puedo, tengo que ver a gente, tengo que terminar el libro, tengo que dejarlo todo en orden… No puedo irme así ¿es que no lo entiendes?-
–Yo solo soy el mensajero chaval, esto me hace la misma gracia que a ti-
–Lo dudo, te veo muy tranquilo fumándote mi tabaco y vacilándome-
–Míralo por el lado bueno, has dejado de fumar-
–¿Y qué va a pasar conmigo? ¿y con el curro? ¿y con mis libros?-
–No pienses en eso, la vida seguirá. Nada más, esas ya no son tus preocupaciones-
–¿Es así como funciona? ¿Y ya está?-
–Sí, pero no te entretengas con lo que no tiene remedio. Nos tenemos que ir-
–¿A dónde?-
–Tienes que compensar a alguien-
–¿Yo? ¿Yo de qué?-
–Sí… y si no lo haces, te quedarás aquí, sin que nadie te vea, eternamente, por los siglos de los siglos. Créeme, no es lo que quieres. No se lo desearía a nadie ¿Acaso quieres quedarte vagando eternamente por un mundo al que ya no perteneces?-
–¿Qué tengo que hacer?- No quise mirarme otra vez. No podía aceptarlo.
–Tenemos que ir a ver a alguien-
–¿A quién?-
–Ahora lo verás-
–Pero…-
–Quizás entiendas por qué no dormías muchas noches… y lo entenderás rápido-
–No creo que nadie sepa eso-
–Tu problema es que te crees diferente, pero solo eres uno más-
–Más bien un bicho raro, que diferente…-
–Qué va culebrilla, siento decírtelo… eres demasiado estándar-

Rocky no dejaba de tocarme los cojones, pero ¿qué podía hacer? Estaba claro que ya todo se había ido a tomar por culo. Nunca me habría imaginado que palmarla era esto. Una especie de broma macabra, con uno de tus ídolos de siempre como maestro de ceremonias.

–¿Sabes cuál es tu problema pequeño Mcfly?-
–Que estoy fiambre-
–No, que te crees que todo te lo han hecho a ti. Crees que eres el centro del universo y que todo gira en torno a tu puto ombligo-
–Mira tío, no te voy a llevar la contraria. No quiero llevarme un puñetazo… Lo que tú digas jefe- contesté a Rocky con desánimo y resignación –Solo espero que al menos tengas la bondad de llamar al samur para que alguien se lleve mi fiambre de aquí a un sitio decente… a la facultad de medicina por ejemplo, para que me estudien y alguien averigüe qué coño me pasó-
–Bueno, ya veremos… según te portes con ellas-
–¿Qué?-
–A ver si te pensabas que te ibas a ir de aquí sin saldar cuentas pendientes-
–No jodas…- Me cogió del hombro y me puse de pie. No sabía a quién tenía que ver, o a quién sería la tía con la que tendría alguna cuenta pendiente. Lo único que me faltaba a estas alturas de mi vida, era hacer un “remember” de recuerdos… Otro más, me refiero. ¿No me podía morir y punto? Joder, como todo el mundo.

Fuimos hacia la puerta, no sin antes coger mi paquete de slims… ahora serían infinitos. No creo que se me fueran a terminar. ¿Puede un fantasma fumar? Me temo que sí, que uno cuando se queda frito, se debe quedar tal cual. Siendo así me hubiera gustado pirarme al otro barrio de una forma más honorable, más épica y más heroica… pero qué se le va a hacer. –Y ¿a quién vamos a ver?- Rocky abrió la puerta de una patada, se echó a un lado y me cogió de la camisa, como si fuera una ropa sucia, arrojándome al pasillo. Cerré los ojos y me preparé para el ostión contra la puerta de enfrente, pero cuando los abrí…


Estaba de pie, en un andén de metro. Hacía un poco de frío y estaba pasmado esperando. Me toqué lo que llevaba puesto: una americana granate, un jersey de cuello alto, unos pantalones de pinza azul marino y zapatos negros. No podía mirarme en ninguna parte, no había espejos, pero me sentía distinto, como más ligero, como ¿más joven? –Espera ¿qué coño es esto? Yo he estado aquí antes- Se me pusieron los pelos como escarpias, en cuanto me di cuenta que llevaba una rosa envuelta escondida. Ya sabía dónde estaba, o mejor dicho cuándo estaba. Quince años atrás, era mi primera cita. [continuará en parte III] Si te perdiste la parte I.


Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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