EL DÍA QUE SE ME APARECIÓ ROCKY BALBOA - capítulo I

El pasado fin de semana, en algún que otro momento de soledad, he estado recapitulando mis últimas lloreras. No es que pretendiera hacerlo de forma intencionada, pero de vez en cuando como a Mr. Scrooge, se me aparecen fantasmas de tiempos pasados. Lo cierto es que tengo más de un punto en común con este personaje cascarrabias creado por Charles Dickens, cosa que no me gusta, pero que a la hora de la verdad se cumple lo quiera o no. Ya se sabe, Cordobés y hombre de bien… Leo poco, aunque esté mal que lo diga (lo reconozco), pero es que por otra parte, necesito tiempo para escribir. Lo que no leo, lo disfruto de cine –A todos los tontos les da por algo- que decía mi abuela. Pues a mí me ha dado por contarte una batalla más, pero esta vez a lo novela de Dickens. Veremos a ver si al final de la historia, hay milagro de salvación, para este cascarrabias que no cree ni en la Navidad, ni el contrato de matrimonio, ni en lo que le dicen por la TV, vive solo y parece que va para largo con éstas cinco bases –Perdona ¿cuántas bases?- Te he enumerado cinco... –¡Por el culo te la hinco!- Vale, pa’ti la perra gorda.

Érase una vez, un domingo cualquiera, en un minúsculo estudio ubicado en el madrileño barrio de Chamberí, un solterón o single como dicen ahora, de los que se les ve venir de lejos. De lejos no por lo transparente en comentarios e intenciones (que también), si no porque en efecto y por afición a la cerveza, cada vez abulta más a mayores distancias. Podría ser yo… Bueno vale, sí… ¡era yo! ¿qué pasa? Aficionado a escribir en su escaso tiempo libre, nuestro single particular estaba viniéndose arriba, justo al final de la película Rocky, cuando a pesar de perder… Todos sabemos que aunque le den la victoria al rival por los puntos, ese primer combate contra Apolo, lo gana Rocky. Es una verdad universal.

De pronto el móvil hace un tilín particular y salta un mensaje, que por costumbre, bien podría ser de un amigo cercano o de la compañía de teléfono, pero…  [remitente desconocido: En cinco segundos, alguien llamará a tu puerta. Debes abrir y hacer todo lo que te diga]. –¿Perdona? ¿qué broma es esta? Lo flipo- pensaba, incrédulo y perplejo, a la par que asustado, cuando cercioré que no tardaron en llamar a la puerta –Este es el cabrón de Dani, que cuando tiene tiempo…- coge el teléfono, practica el terrorismo de incordio inoportuno, y como el Atlético de Madrid, nos ha ganado la Copa del Rey en El Bernabeu, querrá tocar los cojones. Me podía haber avisado que venía a Madrid… pero bueno, Dani es así.

–¡Vamos hombre! ¿Dónde está la cámara?- pregunté al infinito en tono burlón, cuando en cuatro pasos me planté frente a mi mísera puerta. Abriéndola con la esperanza de encontrar un rostro familiar, con cara de mofa y ojos redondos, no me quedó más remedio que ponerme en guardia, ante semejante armario ropero. Bigardo con sombrero negro de ala ancha, americana de cuero, manos enormes con dedos de albañil y un rostro bastante machacado, adornado con unas ojeras propias de haberse pegado recientemente. No podía ser, esto era científicamente imposible. O el café del Hipercor llevaba un hongo alucinógeno indio, o allí estaba plantado un doble simétrico y cuadrado de Sylvester Stallone, eso sí, con treinta años menos, ataviado como cuando Rocky iba por los bajos fondos de Philadelphia, pegando a los deudores de los mafiosos de poca monta.

–Vamos pimpollo, vístete que te espera una buena ¿Se puede saber qué haces con esas pintas? ¿Y tú te haces llamar hombre de honor con ese pijama de Superman?-
–Estoy dormido, o estoy drogado… o esto es una broma de TV ¿dónde está la cámara?-
–¿Qué cámara, ni qué niño muerto? No te creas tan importante pimpollo…-
–¿Estoy soñando o me he muerto? ¿Es esto una broma?-
–Ninguna de las tres, y las tres a la vez… pero como te pongas tonto, no voy a tener más remedio que obligarte a que te vistas y ponerte firme-
–No tranquilo, pero ¿eres Rocky de verdad?-
–No, soy la Madre Teresa  ¿a ti que te parece?-

Rocky alargó su manaza y sin ningún tipo de cuidado o miramiento, me agarró por el cuello, y me llevó hasta la puerta del ropero sin tocar los pies con el suelo, abrió la puerta de una patada y me dijo –Venga, que no tenemos todo el día- Uno ya con treinta y tantos, piensa que lo ha visto todo pero ¿es que nunca me va  a pasar algo normal? Ni si quiera dentro de mi puto estudio-guarida, uno puede estar tranquilo.

–Pero ¿qué me pongo?-
–Vaya, preguntita pimpollo… espera ¿dónde se ha visto que un tío tenga ocho pares de zapatos?-
–¡Qué pasa!-
–Oye… tú no serás rarito ¿no? No me gusta trabajar en balde-
–Fíjate… me está vacilando mi propia paranoia ¡lo nunca visto! Rarito lo será tu puta madre-
–No te juegues el tipo conmigo pin-pín, que llevas todas las de perder-
–Me da igual fantasma de Rocky… no temo a la muerte-
–Que te calles y que te vistas ¡coño! ¡Que tío más pesado!- y de un bofetón humillante, de los que suenan y te sacan el lagrimón, me vistieron de torero. No sabía si este Rocky en 3D, era una realidad o una alucinación, pero la hostia que me rifó por el flanco derecho, fue consistente como un hornazo salmantino. Para no tocarle las narices al armario, cogí lo primero que vi, me senté en la cama e incrédulo, me quedé pasmado viendo como Rocky, se acercaba a mi mesita para levantarme tabaco.

–¿Algo más quiere su señoría?- le dije con sarcasmo, mientras me robaba un piti que encendía con un zippo de los que ya no se fabrican.
–Has tocado los cojones culebrilla… Has tocado y mucho los cojones allí arriba-
–¿Perdona?-
–No lo sabes todo y actúas como si tuvieras “la medicina”, se te olvida que tú has cometido muchos errores-
–¿Ah sí? ¿Y tú qué eres entonces… un emisario divino?-
–No te pongas tonto… que mira que se rifa otro bofetón, y me da que te va a tocar el premio gordo-
–Yo no he hecho nada-
–Exacto… no has hecho nada, y por eso mismo has sido condenado- Rocky o quien fuera, encarnado en la leyenda de Philadelphia, me miró con desprecio y condescendencia –¿No me crees? Mírate, qué pena das… te has quedado solo y ni si quiera te das cuenta-
–¿Darme cuenta de qué?-
–Mira detrás de ti- me dijo Rocky señalando sentencia con su dedo índice. Me terminé de atar la deportiva, me incorporé con pereza, y miré justo detrás de mí… y tuve miedo. No podía ser, eso no podía estar pasando de verdad. Debía estar mal de la cabeza… Mal, pero muy mal. O eso, o realmente mi vida se había puesto muy negra en un momento. Tuve que saltar por miedo a tocar mi propia realidad. [continuará en parte II]

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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