LOS REPLICANTES NOS ENVIDIAN

 Estoy de mejor humor que otras veces. Debe ser que me ha dado el sol en la cara estos últimos días y que he hecho lo que me ha dado la gana, cosa que no me suelo permitir salvo raras excepciones. Y bueno, como parece que el cuerpo lo agradece y no hay mejor premio que el que se pueda dar uno mismo, quiero compartirlo contigo. Recuerda: en lo bueno y en lo malo, pues sí… en lo bueno también. La batalla no ha dejado de librarse, aunque haya empezado a hacer más sol y la sangre, valioso elemento donde los haya, corra más deprisa y pida guerra. Guerra sí, pero de la buena, de la que da vidilla por dentro y hace que te entren más ganas de hacer cosas. Me gustaría cambiarle el nombre a la guerra, pero no puedo hacerlo, porque es lo que es y no es otra cosa. Pero en una guerra hay momentos de paz, que son los que valen en esta vida… cuando parece que aunque solamente sea por un momento se firma una tregua para que las tropas descansen. Somos guerreros sí… Y somos humanos, no terminators. La mejor prueba de todas de que somos animales, es que en cuanto nos da un poco el sol y hay más luz, la vida parece diferente. Buscamos agua y buscamos el contacto ¿qué somos acaso? Me encanta ser un animal. Palabra, no creo que las máquinas adulteradas dentro de su perfección, sepan si quiera lo que es disfrutar. Por eso desde Matrix, nos miran con envidia, quieren lo que llevamos dentro tal cual, porque no sabrían programarlo ni producirlo.

A veces me gustaría no pensar tanto, pero las noches a veces son muy largas, y se me aparecen fantasmas. No como en las películas, pero casi. Suelen manifestarse en mis duermevelas, escenas compartidas con algunas mujeres (sobre todo, aunque también con amigos y familia) con las que creo tener cuentas pendientes. No sé si te habrá pasado alguna vez, pero a mí me pasa bastante a menudo. Juego en esas escenas en las que pudo haber amor y no lo hubo, o bien hubo un exceso del mismo y se fue todo a la mierda. Le doy al PLAY y rebobino, cambio mis palabras una y otra vez, después dejo que siga la escena, le vuelvo a dar marcha atrás y después acelero en flash forward… a ver qué pasa, a ver si cambia el resultado final. Este resultado final importa poco, porque no deja de ser un sueño, un fantasma, un escenario que jamás, insisto JAMÁS, se dará tal y como mi alma o mi inteligencia, en ese momento recuperado del pasado hubiera querido.

Te la juegas y puedes palmar, o quizás si la apuesta es a muerte, o mejor dicho… a muerte segura ¿apostar es de sabios? Yo no quiero ser un sabio. Estoy harto de saber tanto y estar precisamente por eso de mala hostia. De hecho, diría que quien pronunció aquello de: la ignorancia es la clave de la felicidad, era un gran sabio. Y quien dijo que la verdad os hará libres, no es que fuera un sabio, es que era Dios… pero no dijo nada de la felicidad. O quizás si lo dijo y quien nos pasó a limpio el Nuevo Testamento, no le convenía que se supiera todo. Me pregunto muy a menudo, como sería la historia, o como estaríamos ahora, si la puta moral judeocristiana que nos inunda por doquier, hubiera contemplado en algún momento, el hacer un intento para que en la vida nos quepa no solamente el alma, sino también el cuerpo y lo que le pasa al cuerpo… cuando un hombre y una mujer se acercan el uno al otro para saber “qué pasa” o “qué hay dentro” de ese aparente opuesto. Para mí…

UNA COSA NO PUEDE 

VIVIR SIN LA OTRA


Cuento con que pueda ser un hombre francamente equivocado, pero acepto mi parte de culpa en esta guerra. Y si tengo que ponerle un nombre es este: falta de amor. Por mí el primero: por no haberme querido y respetado lo suficiente, en ciertas de esas escenas hombre-mujer que insistentemente protagonizan mis madrugadas, en las que por una promesa incierta me vacié desde dentro quedándome sin nada. Y por ellas, por no haber sabido reaccionar a tiempo, o por haberme sentido rico en haberes, cuando realmente lo único que tenía era su confianza, a la que no supe estar a la altura. Es muy fácil decir que te lo han hecho a ti todo, y te das cuenta que es mentira, en cuanto tus propios deseos, pueden hacerle daño a alguien. Alguien a quién ni si quieras quizás tengas en el punto de mira. Estos daños, no los cubre un seguro a terceros, porque directamente… no hay seguro que los cubra. Quizás solo sea sangre, y solo sea que sale el sol, y que soy un animalito que reacciona a las feromonas y al tiempo atmosférico. Quizás con el tiempo, todo pase… pero si pasa, es por algo. No somos replicantes.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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