PRIMATES DEPENDIENTES DEL COLTÁN

 El mundo sería un lugar mejor sí… puestos a idealizar y a rasgos generales, el mundo sería un lugar mejor si dejásemos de ser tóxicos, nocivos y depredadores unos con otros. Esto no es nuevo. Lo sabemos “casi” todos, y digo “casi” porque en el peor de los casos, entre la familia y el colegio, nos dan unas pautas que yo llamaría el mínimo civil obligatorio. Por regla general suficiente, pero que en algunos casos se excede y en otros se queda excesivamente corto. No deja de ser un lavado de cerebro en toda regla, un enchufe a Matrix, o un código de barras grabado en la muñeca. Sí, en efecto lo es; pero o aceptamos en mayor o menor medida este patrón de mínimo civil obligatorio, o estamos todo el día a hostias. ¿Sabes por qué? Es bastante sencillo de ver, aunque las ONGs y la Iglesia Católica, políticos y demás colectivos que se benefician de las masas manipulables jamás lo reconocerán, por suponerles el fin del negocio: somos demasiados y sobramos más de la mitad. Y no, el mundo no nos sustenta a todos, como cantan los salvadores de ballenas que van de verde a las manifestaciones, a la par que viven con sus padres (con agrado y de forma voluntaria) y fuman porros mientras escuchan a Macaco en los cuarenta principales… ¡por supuesto! Gente concienciada con el mundo ¿verdad?

No, de ninguna manera, porque mientras el ser humano, siga siendo humano y civilizado según este patrón de mínimos, unos joderán y otros serán jodidos. Y lo que es peor de todo, jodidos de forma no biológica y natural, si no jodidos por códigos legales, que alguien que manda más que tú, ha hecho que te creas. Por eso, la primera frase de este artículo, es una absoluta mentira, basada en tener que justificar y sostener bajo la doctrina judeocristina, ética y moral, una sociedad que no se aguanta a sí misma, y que de tanto alejarse de su lado animal e instintivo, se está echando a perder, y al planeta con él.

Hablando más objetivamente y siendo bien consciente, que entre tribus, cuevas, cacerías, luchas continuas y supervivencia, un mindundi occidental como yo, que además no tiene ni media hostia, no aguantaría probablemente más de dos semanas vivo (a menos que me convirtiera en el líder espiritual de alguna secta)… me doy cuenta que así, tal y como está el patio, nos vamos todos a tomar por donde amargan los pepinos. No dejamos de ser unos primates dependientes del coltán, de la luz eléctrica y del agua corriente para no morirnos de asco. ¿Esto es ecológico? Ni por asomo, por más We are the World, We are the Children, que canten los famosos por navidad, y por más “Angelinas Jolie”, que sean nombradas embajadores de buena voluntad de Unicef.

Un primate que está subido a un árbol, que se alimenta cuando tiene hambre, que pelea con otros primates por las hembras y por una posición en el grupo, es ecológico 100%. No contamina, no genera desigualdad social, no delinque, no debe dinero ni se endeuda, no conduce un coche que emite CO2 a la atmósfera, y no necesita tratamiento psicológico por stress laboral… ¿Qué quieres que te diga? En cambio, un primate que se viste, que consume recursos renovables y no renovables, que contamina, que transforma el medio a su conveniencia, que especula, que es consciente ética y moralmente de lo bueno y de lo malo, siendo capaz de elegir y que además por regla general solo elige el bien individual… O sea, tú y yo ¿Nos merecemos llamarnos cómo…?

¿personas? ¿humanos? ¿qué, qué…?


No existe ni una sola solución realmente viable a día de hoy para poner todo esto en orden, que probablemente no pasara por una guerra mundial que eliminara fronteras… Y aun así, como esto “no estaría bien” éticamente hablando, alguien tendría la osadía de seguir diciendo con un folleto de Green Peace en la mano, que en el mundo cabemos todos, cuando es mentira. No es que seamos muchos, es que sobramos como especie, ya que si se cumplen las profecías de la ciencia ficción hasta la fecha, en nada, estaremos todos enchufados (no quiero imaginar por dónde) a una máquina o a varias. Y estas maquinitas, que como ya está ocurriendo con la TV, nos digan el qué, el cómo y el cuándo para nacer, crecer, relacionarse, reproducirse y morir, cada vez más y más lejos del verdadero instinto. Por eso precisamente en la ciencia ficción, las máquinas terminan por apoderarse de todo, porque para una cosa que nos diferencia de ellas, renunciamos al animal. Entonces… ¿para qué?

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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