¿TE CREES SUPERMAN? III: LA EJECUCIÓN

 ¿Y ahora qué? Ya nos hemos enterado que eres estupendo y que eres la hostia, ahora solamente tienes que cumplir con tu compromiso. Cualquiera es capaz de sacarse una buena foto, pero del dicho al hecho hay un trecho, un camino tan grande como quieras hacerlo; porque una vez más solo depende de tu voluntad. Cumplir sí, he dicho cumplir y si no ¿para qué hablas? Se tarda más en pensar y en dudar que en ponerse en marcha. Prepárate porque te van a mirar con lupa, no solamente con quienes te has comprometido para ejecutar la tarea, si no también todos los mirones cobardes hijosdeputa, que estarán única y exclusivamente pendientes de controlar al milímetro por si fallas o desfalleces. Es así, aquel que es incapaz de moverse, el que grita, el que reclama y se queda señalando, no tiene otra cosa que hacer, y te reclamarán cómo propio, el fruto de tu esfuerzo. ¿Vas a darles el gusto de desfallecer? ¿vas a unirte a la fila de los cobardes para entregarles la razón en bandeja? Por orgullo, por ego, por compromiso, por presión, por vergüenza, por ti, por tus hijos, por lo que sea… Por lo que más quieras, pero hazlo. Lo importante es que lo hagas, tus luchas interiores no le importan a nadie más que a ti.

No quieras ser elegante, no quieras ser perfecto, no quieras deslumbrar… Hazlo mal, pero hazlo y pasa de todo lo demás. Tienes un compromiso contigo mismo y eres esclavo de tus palabras. Y si no, pues no haber dado un paso al frente y haberte identificado como responsable, como ayuda, como agente ejecutor, como actor principal. Eso los mirones de la sociedad jamás se atreverán a hacerlo. Esto es lo que distingue a los hombres de los cobardes: los hombres son fieles a su palabra y la ejecutan. Los cobardes hablan y hablan y hablan… reclaman, prometen propagan, pero jamás moverán un dedo. ¿Eres un predicador o un ejecutor? Eso solamente lo sabes tú.

Tú has tenido iniciativa, es tu momento y no te puedes quedar atrás. No mires a los lados, no escuches el murmullo, permanece sordo ante el bulto pasivo y haz tu trabajo. ¿Fácil? ¿Difícil? ¿Imposible? Una vez que ya te has manchado las manos, te das cuenta que la ejecución solamente es imposible mientras estás sentado pensando. Porque sí, te vas a manchar las manos, te vas a pringar y muy probablemente pierdas tu imagen de angelito celestial, de intocable y de infalible ¿eso te da miedo? Si tienes miedo a mancharte, mejor cállate la boca y no molestes, pero no pretendas que sea otro el que se manche las manos por ti. No seas como los demás, de esos hay a patadas y tú no eres así.
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SI NO ACTUAS ¡CALLA Y APRENDE!

Mientras estás haciendo lo que tienes que hacer, los que opinan, los “mirandas de balcón” reclamarán su derecho a la mera protesta, puedes contar con ello… Y te dirán que tienen derecho a protestar y a no mover un dedo. Enquistados en su tribuna como los éforos de la antigua Esparta, solamente se ceñirán a la parte del derecho que les conviene mencionar, olvidándose por completo de mencionar una sola responsabilidad mientras tú estás a lo tuyo, en faena, sudando la gota gorda y manchándote las manos. Quien quiera peces, que se moje… así de sencillo. Si a ti nadie te ha regalado nada ¿con qué derecho se creen a reclamar el fruto del esfuerzo ajeno? Sabes bien que para ti, no ha sido nada fácil empezar.

Te ha costado lo tuyo, pero también sabes que eso es lo realmente difícil: comenzar y perder el miedo a mancharte, a perder tu imagen, a renunciar a la apariencia, a vencer al desánimo y a subir una cuesta, que a día de hoy, puedes estar seguro que es una cuesta arriba. Mientras el resto sigue refugiándose en su derecho al pataleo, tú te has metido en faena, que era realmente lo que hacía falta hacer. Alguien tenía que empezar, alguien tenía que hacerlo y tú contra todo empezaste. Ahora ese “contra todo” es tu combustible. Si crees que esta motivación, tenía que sonar bonita, o debía ser más honorable… tú verás, lo importante y lo que cuenta, es que lo hagas, el cómo y el por qué, es lo de menos. Eso no te lo va a preguntar nadie, estás en un mundo en el que solo se miden los resultados y no las intenciones. Si te perdiste la segunda parte [fin de la serie]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?
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