¿TE CREES SUPERMAN? II: LA REAFIRMACIÓN

 Pues sí, me lo creo ¿qué pasa? Esa es la respuesta. No tengas la menor duda, en que siempre es mejor creerse Superman, a quedarte arrinconado esperando a que venga alguien a solucionarte la papeleta. Superman jamás se quedaría quieto ante una situación difícil, jamás esperaría a que le diesen un premio o una medalla como recompensa, para quitarse el traje de Clark Kent y meterse en faena, jamás pediría protagonismo… Más bien sería un protagonista involuntario que reacciona, porque sabe que es capaz de intervenir. Superman no se quita ni se pone el uniforme, porque siempre lo lleva puesto, es su verdadera identidad, y en todo caso se quita lo que le sobra a la hora de actuar en lugar de adornarse. Cada vez que actúa, no hace más que reafirmar su propia y verdadera identidad, sacando lo que lleva dentro. ¿Cuál es tu verdadera identidad? Mientras muchos se refugian bajo un traje y una corbata, él se despoja de estas prendas.

Mira, te mentiría si te dijera que la reafirmación no suele ser consecuencia de un complejo de inferioridad. Te estaría mintiendo también si te dijera, que está exenta de ego, o que siempre es buena y saludable… Pero muchas veces, es lo único que nos queda para salir adelante. Esto no es el porque yo lo valgo y si lo fuera, enseguida te darías cuenta que la vida real no es un anuncio de L’Oreal, ya que probablemente alguien vendría a partirte la cara, o bajarte los humos, o pararte los pies. Bueno, y si esto sucede ¿te vas a dejar pisar? ¿te vas a quedar quieto y callado cuando te reprochen que te crees Superman?

 No seas imbécil, créetelo, porque más vale tener fuerza de voluntad que ser sensible a los reproches y al supuesto ridículo que te quieran hacer sentir los que se quedan sentados señalando con el dedo. Esto es un efecto rebote, no es magia. Cuando se toca fondo, solamente se puede mirar hacia arriba y sí… reafirmarse y recordarles a todos que tú has venido a hacer algo, que tú estás presente, que tú puedes actuar. Tienes algo que hacer y algo que decir, mientras el bulto cobarde, pasivo y reclamante mira los toros desde la barrera sin hacer absolutamente nada, intentando pasar desapercibidos en una masa de borregos, que les protege de tener que dar un primer paso, dar nombre y apellidos.

¡AQUÍ ESTOY YO! ¿QUÉ PASA?

Se te quedarán mirando incrédulos, pensarán ¿Y este tío de que va? ¿Quién se cree que es? Y a ti te la va soplar lo que piensen. Pues créetelo. Si te pasas media vida creyendo que no puedes hacer nada para cambiar el mundo que te rodea, que la otra media te la pases creyendo que sí se puede, y que puedes dar ese primer paso y dar la cara. ¿Dar la cara? Ese es el precio que muchos no se atreven a dar, porque no quieren cargar con ese muerto. La cosa es simple: la victoria nunca está garantizada por la exposición, pero nunca olvides que las respuestas las dan personas concretas, con nombre y apellidos que un buen día se plantan, y se lo creen…

Llega un momento en el que tomas conciencia, y una vez que lo has hecho sabes que no hay vuelta atrás que valga. Ya te han visto, ya te has declarado y te has quitado la camisa dejando tu pecho a la vista. Ya no es solo que tú lo creas, si no que los demás van a esperar algo de ti. Todos aquellos que no se han atrevido a dar la cara, se pondrás detrás de ti, y comprobarás en efecto que estaban buscando una referencia, un líder que les marcara ese primer paso que no se atrevían a dar. ¿Quién iba a ser si no? ¿Superman? No, Superman no existe, pero tú sí. Si te perdiste la primera parte [finaliza en parte III]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?
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