¿SABÍAS QUE ERES POLÍGAMO? por EL DUQUE

 Te voy a contar una historia, de las que te dejan la boca abierta. ¿Conoces la historia del dios egipcio Min? Resulta que en un pueblo egipcio todos los hombres fueron llamados a la guerra; a una guerra de destino incierto, dejando a sus mujeres en casa. Junto a ellas tan solo quedó un hombre al que faltaba una pierna. El caso es que este hombre “aprovechó”  la coyuntura y se acostó con todas y cada una de las mujeres que esperaban impacientes el regreso de sus maridos. Cuando todos estos volvieron victoriosos, se encontraron una desagradable sorpresa: Todas sus mujeres habían quedado embarazadas. Su primera reacción instintiva fue apresar al culpable y cortarle un brazo, pero después se reunieron los sabios del lugar y decidieron indultar a este hombre e incluso divinizarlo. La causa de dicho cambio de opinión fue sencilla: Por una parte su admirable fertilidad, y por otra… que en realidad el hombre hizo un gran servicio a la comunidad. ¿Cómo? ¿Perdona? Pero qué me estás contando ¡Menudo hijoputa el cojo!…  Pues sí, sencillamente asegurando la continuidad del pueblo, engendrando nuevos hijos. Con todos los hombres en la guerra, el destino final del pueblo estaba en peligro. Fecundando a toda mujer habida y por haber, como lo hizo el dios Min, la perdurabilidad de la especie quedaba asegurada. ¿Qué te parece? Con una sola pierna, para que luego hablen de “discapacitados”.

¿Qué cara se te ha quedado? Te preguntarás por qué te hablo de mitología egipcia. Te hablo de esto, para que extraigas alguna que otra lección sobre lo que te puede ocurrir, así de simple y de sencillo. Verás, siempre he creído que para ser verdaderos seres humanos debemos primero entender el animal que somos. El hombre trasciende su “animalidad” precisamente cuando comprende verdaderamente la naturaleza y alcance de esta. Lo creas o no lo creas, cada día tu “piel” te marca senderos, pulsiones, deseos y apetitos que acaban configurando en gran parte tu comportamiento. Por supuesto, el hombre puede gobernarse y puede por tanto ir en contra de sus propios apetitos, pero… en mi opinión, solo desde un profundo conocimiento de cómo funciona su instinto, puede aplacarlo.

El caso de las mujeres de la historia es sencillo. Las mujeres vieron peligrar seriamente su estatus, su propia esencia y su futura maternidad, por lo que “arramplaron” con todo, siguieron su instinto y se aparearon con el único varón disponible. Cojo sin una pierna, sí… pero disponible. Es lo que tiene ser el único varón del pueblo. Al igual que en la historia y al igual que en la antigüedad, tanto mujeres como hombres estamos programados por nuestros genes para asegurar la permanencia de la especie. Para empezar, tanto hombres como mujeres hemos nacido para la poligamia, o al menos para lo que muchos expertos llaman “monogamia en serie”, es decir: estamos programados para atraernos mutuamente, para enamorarnos como idiotas, empezar un tórrido romance, establecer una pareja con cierta estabilidad y fidelidad, aparearnos, criar un poquito a los hijos y después… desenamorarnos o peor aun; empezar de nuevo el ciclo anterior con otra persona.

Pensar que el hombre y la mujer son monógamos por naturaleza, es como creer en los reyes magos, simplemente es mentira. Es algo que se les dice a los niños cuando son pequeños, y conforme creces y te haces mayor, descubres que no es así. Creer en la monogamia natural en la especie humana, solo nos supone darnos de cabezazos contra la pared. Está en nuestra sangre: curiosidad y pulsión sexual, por la novedad por el simple hecho de ser novedad. Al parecer esta pulsión tuvo un gran papel para evitar que primitivamente se cayera en relaciones endogámicas. Es algo necesario. La madre naturaleza hizo que ese interés por la novedad sirviese de motivación al hombre, para buscar compañeras sexuales fuera de su grupo habitual, que con mucha frecuencia acaba siendo un grupo compuesto por primos y hermanos. La mujer; por otra parte busca novedades sexuales para lograr que con la variedad de diferentes varones, sus futuros hijos sean cada vez “más completos”; es decir, que aúnen globalmente, el mayor número de virtudes de un hombre y de otro.

Para que lo entiendas: en esta casa te hemos dicho muchas veces,  que es más fácil seducir a una mujer casada que a una soltera. No es que seamos partidarios del morbo por el morbo, pero ¿Sabes por qué es? Uno de los principales motivos es que la mujer soltera aun busca al “príncipe azul”, al hombre entre los hombres, al compendio de toda virtud. Sin embargo una mujer casada o emparejada de forma consolidada, está natural y biológicamente predispuesta a sentirse atraída precisamente por aquella cualidad de la que adolezca su esposo. Si su marido es muy guapo, muy fuerte, muy “alfa”; pero por ejemplo es muy “bestia” sentirá atracción por alguien más amable, aunque solamente sea de forma esporádica y puntual, es la pieza que le falta a su puzle. Lo diferente, lo novedoso es lo que le pide la sangre.

Por otro lado querido amigo, voy a enfrentarte con una realidad que estas obviando, sabiendo que la venda que te pones en los ojos, te la pones con tu mejor intención. También como mamíferos que somos, la mujer cuando empieza a pensar seriamente en formar una familia con un hombre, paralelamente comienza a transformar la propia relación y sobre todo empieza a cambiar lo “que le pide” a su pareja. Si de su hombre la atrajeron determinadas cosas, ahora eso quedará en segundo plano. Ahora lo que buscará serán sus dotes como proveedor. Lo he dicho y repetido  mil veces; un hombre sin buenas aptitudes y actitudes como proveedor podrá follar mucho, podrá ligarse a unas cuantas, pero nunca podrá tener pareja estable e hijos. Ella buscará por encima de todo, controlar los recursos del varón; esencialmente tiempo; comenzará a querer cambiarlo o “mejorarlo” y empezará a construirse el nido. El problema de muchos hombres es pasarse por defecto o por exceso. Cerrase del todo a ese proceso esa renunciar a fundar una familia, pero abrirse del todo a ese proceso supone, aquello que me gusta llamar…

LA MUERTE DE LA TESTOSTERONA

¿No te lo crees? A los casados con hijos, siempre les jode escuchar estas cosas, y más cuando saben que son ciertas porque las están viviendo. De hecho, son “menos hombres” que los solteros sin hijos, en cuanto a testosterona se refiere. Pues te diré que no es una divagación; esto que te digo es un hecho. Un hombre tras casarse y esencialmente tras ser padre, ve como sus niveles de testosterona aminoran en más de un 20% ¡es biología macho! El efecto del descenso de la testosterona es sencillo: Menos vitalidad, menor competitividad, menos agresividad, peor humor, menos deseo sexual, más acumulación de grasa, menos energía masculina fluyendo ¿te suena de algo? Y por tanto, en relación a la pareja; menos polaridad y menos atracción. ¿Se puede evitar? Ciertamente no, pero…

Se pueden disminuir y controlar los síntomas, pero “la enfermedad” es inevitable por este camino ¿Cómo? Desde luego hay cosas que biológicamente ayudan a mantener o aumentar la testosterona: el ejercicio físico intenso; sobre todo de fuerza; dormir tus 8 horitas de rigor; evitar el estrés, comer adecuadamente, evitar sobre todo no prescindir de las grasas saludables como el Omega 3, evitar el alcohol; mantener vivo el deseo sexual y no solo hacia tu parienta. A todo esto yo añadiría mantener el filo, mantener el polo masculino; seguir luchando por una meta vital con ambición, participar en deportes competitivos, no evitar ser masculino e incluso mantenerte atractivo. También puedes ignorar todo lo que te digo, dejarte engordar, perder el filo, acomodarte y dejar que todo siga su curso. Como siempre te decimos, todo tiene un precio. Mantenerte en un polo masculino permanente, puede crear fricciones con tu pareja.

Como antes te he explicado, ella por naturaleza instintiva tratará de convertirte en un cuidador para ella y los hijos, más que en un hombre; por lo que desconfiará de un hombre que sigue atractivo y con intereses vitales más allá de la propia pareja y la familia. Aparte tu propia biología, hará que sientas con fuerza la tentación de tener sexo con otras mujeres. Cuanta más testosterona, más ganas de hacer el hijoputa y ya sabes que el hombre es bastante torpe en estas lides (más que nada por que le pillan siempre). El precio de mantenerse en el redil y ser “manso” es que se perderá el deseo sexual, se perderá la polaridad dejando paso a una relación más basada en la amistad y el cariño fraternal, que en la pasión y quién sabe si puede que te puedas encontrar con algún intruso en tu cama. ¿Solución? Pues ya te estoy diciendo que difícil. Todo tiene su precio. Para muchos será mejor la segunda opción, para otro la primera… y ninguno de los dos tendrá el éxito garantizado. ¿A que no te gusta? Pues me temo que es la verdad. No hay fórmulas infalibles. Lo que hay son formas de vivir tu vida y por ídem tus relaciones de pareja o tus no-relaciones o lo que sea. Yo de momento, entiendo que se rindiera culto al dios Min ¡que quieres que te diga!

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!
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