O NEGOCIAS, O TE PARTO LA CARA

 Estoy seguro que sabes lo que está bien y lo que está mal, qué es lo justo y lo que no. Son cosas que a ti y  a mí nos han metido en el disco duro desde que tenemos uso de razón, pero que en cambio no nos han enseñado a aplicar, y cuando necesitamos hacer uso de esta justicia no sabemos por dónde empezar, o nos cuesta ponerla encima de la mesa, porque normalmente no nos hace falta hasta que nos vemos en peligro. El tema es que cuando tenemos que enfrentarnos al riesgo, no controlamos el mismo idioma de negociación de aquel al que tenemos enfrente. ¿A qué me refiero? Sabiendo que estamos inmersos en la pirámide alimenticia, y contando que somos tipos muy normalitos sin poderes mágicos, cuando tenemos que defender el territorio, el patrimonio, nuestros derechos, o nuestro estatus al fin y al cabo, lo tenemos que hacer contra alguien que está por encima de nosotros en esta pirámide de clases. ¿Qué ya no hay clases? Sobre el papel no, porque no queda bien decirlo; pero a día de hoy esto está más claro que el agua. Unos tienen y otros no, estas son las dos clases.

¿Negociación entre clases? Esto sigue siendo la jungla, por mucho asfalto y metrópolis por la que andemos, y la única forma de vivir aquí es adaptarse a la ley de esta selva, que no respeta todo este código de justicia que nos han insertado en memoria para que quepamos todos en el mimo sitio, compartir el entorno, o vivir juntos en la misma jaula según se mire. El mismo código que hace que no andemos en pelotas por la calle y nos agrupemos en tribus para vivir en constante caza y depredación. En teoría, porque la depredación existe: en la nómina, en los precios del supermercado y en tu puesto de trabajo. Nos han enseñado a hablar, a seguir las normas, a comportarnos y a fin de cuentas a comportarnos como animales domesticados.

¿Derechos? Nos han dicho que tenemos unos derechos escritos sobre papel y nos lo hemos creído. Craso error por nuestra parte ¿por qué? Sin olvidar que somos primates, el único código real que existe no es el civil, sino el de la sangre, que es lo único que nos queda cuando nos quitamos de encima todo el papeleo y la parafernalia que nos rodea. Desnudos venimos al mundo, pero nada más salir nos visten, nos educan en el mejor de los casos, y nos meten en su casillero que hace que la rueda siga girando. Aprende, trabaja y serás útil. Sigue las normas y todo te saldrá bien, es el código de barras que nos tatúan en la muñeca. El problema es que esto es mentira, porque aunque sigas el procedimiento, te pueden llamar un día a consultas… y decirte que Lo siento mucho, pero estás en la puta calle.

HÁBLALES EN SU IDIOMA

¿De qué sirve protestar? Ni que decir tiene, que protestar desde una posición responsable, es justo y correcto; pero te olvidas que a quien protestas no sigue tus mismos parámetros de justicia y responsabilidad. No habla tu idioma, ni te escucha, ni te entiende, ni empatiza contigo, ni con tu situación y por tanto, no va a solidarizarse contigo. ¿Cuál es el idioma que entienden? Solamente actuarán "cuando pase algo" o bien cuando les tengas cogidos por los huevos. El error consiste en creer que quien está arriba te va a escuchar porque tengas razón, derecho y justicia. No es el idioma que hablan. Y si atienden tu petición, no lo harán por sentimiento de justicia, o por entender una causa noble, o porque corresponda... Si no porque verán en peligro su estatus o su integridad.

Es así de simple, el código establecido no nos vale para negociar nada, solamente es válido para hacer cola y recibir órdenes. Pero no vale para que te entiendan, ya que son ellos los que te imponen este código, que ellos no se aplican a sí mismos. La única forma de salir de esta posición es romper la baraja, averiguar cuál es el punto débil del oponente y apretarle para forzarle a aceptar tus condiciones. ¿Por qué? El poderoso nunca te tratará de igual a igual, y solamente cederá cuando se vea en peligro. No hay más misterio que ese, ni papel mojado que valga por encima del instinto de depredación. A todo bicho viviente, le cambia la cara cuando le ponen en un aprieto, y entonces es cuando entran ganas de negociar: al rico, al pobre, al guapo y al feo… Así que ya sabes: O negocias, o te parto la cara.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?
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