LA MADUREZ: UNA ENFERMEDAD DEGENERATIVA


Hoy te voy a contar un cuento, que deberían contar los padres a sus hijos pequeños antes de dormir, para que se vayan preparando para lo que les está por llegar: Érase una vez un tipo que podrías ser tú, al que le ocurrió una historia, que te podría pasar a ti... Si todos nacemos iguales ¿por qué acabamos siendo tan distintos? Si nuestras necesidades son tan comunes, conocidas y estudiadas ¿por qué hay tanta diversificación de productos y tantas dudas en cuanto a satisfacerlas? Me he vuelto a ir de cañas con Freud, pero esta vez también nos ha acompañado Nietzsche. Y mientras estábamos apoyados en la barra del bar, cruzábamos verdades bastante obvias acerca de lo que se entiende por madurez, dar pasos en la vida, avanzar, tomar opciones, bla, bla, bla… En el día a día, uno se ve siempre igual; pero si echa la vista atrás, se da cuenta que en su armario, hay prendas de vestir que ya no se pondría ni por dinero; o pantalones que se le han quedado cortos de cintura y ya no le caben. A mi me ha pasado con unos vaqueros que el año pasado, me sentaban de puta madre… pero después del verano, simplemente no encajan. Les hecho un par de cortes y los tengo para andar por casa. Ya no son mis vaqueros preferidos. Lo que hace solamente unos meses me valía, ahora es una prenda que llevo para estar en casa.

Uno no está toda su vida igual, ni siempre va a pensar lo mismo, año tras año. Por muy fuertes que sean tus convicciones, la vida se te va quedando pequeña si no vas tomando opciones. Es el Yo el que hace que te reafirmes, que te mantengas, el que vela por mantener la posición y también por tanto, el que se resiste a los cambios. El Yo no quiere envejecer, o mejor dicho… no se da cuenta de que va cumpliendo años y piensa que siempre va a estar igual. Esta es una idea propia de la juventud, de la adolescencia: las hormonas le dictan a tu cerebro que has de reafirmarte y tomar un papel protagonista en el mundo. Tiene que ser así: el ego, o el Yo cumplen su función: te convierten en protagonista de tu vida y te hacen consciente de tus actos, te dicen que puedes, te hacen presente en el mundo; pero de igual forma que una prenda de vestir, no te va  a servir para toda la vida, si lo dejas inmóvil, monolítico y te cierras a ser afectado o contaminado.

El Yo, también puede convertirse en una cárcel. Cuando te plantas en una idea fija, tu mundo se simplifica, y si esta idea fija no cambia o evoluciona, tu vida se irá reduciendo. Este es el sinsentido que te provocaría esta pregunta ¿Todo esto para qué? No sé si te la habrás hecho alguna vez, supongo que sí… cuando ves que tus ideas tienen limitaciones prácticas de ejecución, las has seguido y no has recibido la recompensa esperada ¿de qué te estoy hablando? Imagina por ejemplo, un desengaño amoroso, o un despido improcedente, o una decepción con un amigo, o que alguien en quien tenías tu referencia, ha dejado de serlo. Cuando anclas todas tus fuerzas en un solo punto, en un primer momento crees reforzar tu posición, pero a la vez de puertas para fuera, te conviertes en vulnerable, ya que te limitas a ti mismo la posibilidad de evolucionar o cambiar.

¿LA ETERNA JUVENTUD? 

El mayor engaño de todos es este: creer que siempre vamos a estar igual, que no vamos a envejecer y por ende, que vamos a vivir siempre. Si te das cuenta, todo el mercado, está montado en base al momento presente, en el ahora, en la eterna ¿juventud? No nos gusta pensar que envejecemos, aunque nos bastaría con mirarnos al espejo una vez al año, o sacarnos una foto para verla tiempo después, para darnos cuenta de ello. La muerte del ego, es necesaria siempre para cambiar de estado, para evolucionar. Toda evolución supone una muerte o una crisis de una etapa anterior. Si nos negamos a morir en parte, jamás cambiaremos… mientras vemos como el mundo en el que estamos, avanza. Bueno… avanza o deriva, según se mire. Cuando tu opción es libre, voluntaria y aceptada, puedes decir que avanzas. Si tu opción no es tuya, te dejas arrastrar, te subes al carro de quien sea, y simplemente delegas tus responsabilidades en lo que a ti te afectan, estamos hablando de deriva. De cara a la galería, puede parecer lo mismo; pero dentro de tu cabeza sabes bien que no lo es. ¿Qué pasa? ¿me vas a decir ahora que todo el mundo lo hace? Tú verás, es tu vida.

Lo que es de ilusos, es creerte la publicidad, o las palabras políticamente correctas, que te invitan a pensar, que se puede estar en misa y replicando; o sea, dar un paso y tomar una opción, por ejemplo: la paternidad, el matrimonio, el compromiso con una mujer o con una entidad, pensando que te va a salir a coste cero. Esa pequeña muerte del ego a nivel individual, es el precio que se paga por el cambio. Por un lado, es una reafirmación del yo, que te dice quién eres y qué es lo que quieres. Por otro lado, es una cárcel que te puede condenar a ser un eterno adolescente. Ningún cambio de estado, o ninguna mejora es a coste cero. No te creas el engaño del todo gratis, o de la eterna juventud de la crema anti-arrugas, o de pagar en cómodas cuotas sin enterarte.

Como puedes comprobar, la madurez es una enfermedad degenerativa, que hace morir al yo poco a poco. Es irreversible, porque tarde o temprano, todos nos damos cuenta, del precio a pagar a cada paso que damos: en tiempo, es esfuerzo, en sueño, en voluntad, en compromiso, en dinero… en compañía o en soledad, en lo que sea. La libertad individual, es un capital a invertir y solamente somos realmente libres, cuando hacemos uso de ella, cuando empleamos la voluntad y somos capaces de comprometerla o invertirla, sabiendo lo que hacemos. Tu tiempo es tuyo, no le pertenece a nadie más. Y se nos olvida, que es una cuenta atrás sin  remedio, porque no nos gusta pensar que se nos termina y que cada vez tenemos menos. Preferimos mirar para otro lado antes que reconocerlo.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?
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