O NEGOCIAS, O TE PARTO LA CARA

 Estoy seguro que sabes lo que está bien y lo que está mal, qué es lo justo y lo que no. Son cosas que a ti y  a mí nos han metido en el disco duro desde que tenemos uso de razón, pero que en cambio no nos han enseñado a aplicar, y cuando necesitamos hacer uso de esta justicia no sabemos por dónde empezar, o nos cuesta ponerla encima de la mesa, porque normalmente no nos hace falta hasta que nos vemos en peligro. El tema es que cuando tenemos que enfrentarnos al riesgo, no controlamos el mismo idioma de negociación de aquel al que tenemos enfrente. ¿A qué me refiero? Sabiendo que estamos inmersos en la pirámide alimenticia, y contando que somos tipos muy normalitos sin poderes mágicos, cuando tenemos que defender el territorio, el patrimonio, nuestros derechos, o nuestro estatus al fin y al cabo, lo tenemos que hacer contra alguien que está por encima de nosotros en esta pirámide de clases. ¿Qué ya no hay clases? Sobre el papel no, porque no queda bien decirlo; pero a día de hoy esto está más claro que el agua. Unos tienen y otros no, estas son las dos clases.

¿Negociación entre clases? Esto sigue siendo la jungla, por mucho asfalto y metrópolis por la que andemos, y la única forma de vivir aquí es adaptarse a la ley de esta selva, que no respeta todo este código de justicia que nos han insertado en memoria para que quepamos todos en el mimo sitio, compartir el entorno, o vivir juntos en la misma jaula según se mire. El mismo código que hace que no andemos en pelotas por la calle y nos agrupemos en tribus para vivir en constante caza y depredación. En teoría, porque la depredación existe: en la nómina, en los precios del supermercado y en tu puesto de trabajo. Nos han enseñado a hablar, a seguir las normas, a comportarnos y a fin de cuentas a comportarnos como animales domesticados.

¿Derechos? Nos han dicho que tenemos unos derechos escritos sobre papel y nos lo hemos creído. Craso error por nuestra parte ¿por qué? Sin olvidar que somos primates, el único código real que existe no es el civil, sino el de la sangre, que es lo único que nos queda cuando nos quitamos de encima todo el papeleo y la parafernalia que nos rodea. Desnudos venimos al mundo, pero nada más salir nos visten, nos educan en el mejor de los casos, y nos meten en su casillero que hace que la rueda siga girando. Aprende, trabaja y serás útil. Sigue las normas y todo te saldrá bien, es el código de barras que nos tatúan en la muñeca. El problema es que esto es mentira, porque aunque sigas el procedimiento, te pueden llamar un día a consultas… y decirte que Lo siento mucho, pero estás en la puta calle.

HÁBLALES EN SU IDIOMA

¿De qué sirve protestar? Ni que decir tiene, que protestar desde una posición responsable, es justo y correcto; pero te olvidas que a quien protestas no sigue tus mismos parámetros de justicia y responsabilidad. No habla tu idioma, ni te escucha, ni te entiende, ni empatiza contigo, ni con tu situación y por tanto, no va a solidarizarse contigo. ¿Cuál es el idioma que entienden? Solamente actuarán "cuando pase algo" o bien cuando les tengas cogidos por los huevos. El error consiste en creer que quien está arriba te va a escuchar porque tengas razón, derecho y justicia. No es el idioma que hablan. Y si atienden tu petición, no lo harán por sentimiento de justicia, o por entender una causa noble, o porque corresponda... Si no porque verán en peligro su estatus o su integridad.

Es así de simple, el código establecido no nos vale para negociar nada, solamente es válido para hacer cola y recibir órdenes. Pero no vale para que te entiendan, ya que son ellos los que te imponen este código, que ellos no se aplican a sí mismos. La única forma de salir de esta posición es romper la baraja, averiguar cuál es el punto débil del oponente y apretarle para forzarle a aceptar tus condiciones. ¿Por qué? El poderoso nunca te tratará de igual a igual, y solamente cederá cuando se vea en peligro. No hay más misterio que ese, ni papel mojado que valga por encima del instinto de depredación. A todo bicho viviente, le cambia la cara cuando le ponen en un aprieto, y entonces es cuando entran ganas de negociar: al rico, al pobre, al guapo y al feo… Así que ya sabes: O negocias, o te parto la cara.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

¿TE CREES SUPERMAN? III: LA EJECUCIÓN

 ¿Y ahora qué? Ya nos hemos enterado que eres estupendo y que eres la hostia, ahora solamente tienes que cumplir con tu compromiso. Cualquiera es capaz de sacarse una buena foto, pero del dicho al hecho hay un trecho, un camino tan grande como quieras hacerlo; porque una vez más solo depende de tu voluntad. Cumplir sí, he dicho cumplir y si no ¿para qué hablas? Se tarda más en pensar y en dudar que en ponerse en marcha. Prepárate porque te van a mirar con lupa, no solamente con quienes te has comprometido para ejecutar la tarea, si no también todos los mirones cobardes hijosdeputa, que estarán única y exclusivamente pendientes de controlar al milímetro por si fallas o desfalleces. Es así, aquel que es incapaz de moverse, el que grita, el que reclama y se queda señalando, no tiene otra cosa que hacer, y te reclamarán cómo propio, el fruto de tu esfuerzo. ¿Vas a darles el gusto de desfallecer? ¿vas a unirte a la fila de los cobardes para entregarles la razón en bandeja? Por orgullo, por ego, por compromiso, por presión, por vergüenza, por ti, por tus hijos, por lo que sea… Por lo que más quieras, pero hazlo. Lo importante es que lo hagas, tus luchas interiores no le importan a nadie más que a ti.

No quieras ser elegante, no quieras ser perfecto, no quieras deslumbrar… Hazlo mal, pero hazlo y pasa de todo lo demás. Tienes un compromiso contigo mismo y eres esclavo de tus palabras. Y si no, pues no haber dado un paso al frente y haberte identificado como responsable, como ayuda, como agente ejecutor, como actor principal. Eso los mirones de la sociedad jamás se atreverán a hacerlo. Esto es lo que distingue a los hombres de los cobardes: los hombres son fieles a su palabra y la ejecutan. Los cobardes hablan y hablan y hablan… reclaman, prometen propagan, pero jamás moverán un dedo. ¿Eres un predicador o un ejecutor? Eso solamente lo sabes tú.

Tú has tenido iniciativa, es tu momento y no te puedes quedar atrás. No mires a los lados, no escuches el murmullo, permanece sordo ante el bulto pasivo y haz tu trabajo. ¿Fácil? ¿Difícil? ¿Imposible? Una vez que ya te has manchado las manos, te das cuenta que la ejecución solamente es imposible mientras estás sentado pensando. Porque sí, te vas a manchar las manos, te vas a pringar y muy probablemente pierdas tu imagen de angelito celestial, de intocable y de infalible ¿eso te da miedo? Si tienes miedo a mancharte, mejor cállate la boca y no molestes, pero no pretendas que sea otro el que se manche las manos por ti. No seas como los demás, de esos hay a patadas y tú no eres así.
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SI NO ACTUAS ¡CALLA Y APRENDE!

Mientras estás haciendo lo que tienes que hacer, los que opinan, los “mirandas de balcón” reclamarán su derecho a la mera protesta, puedes contar con ello… Y te dirán que tienen derecho a protestar y a no mover un dedo. Enquistados en su tribuna como los éforos de la antigua Esparta, solamente se ceñirán a la parte del derecho que les conviene mencionar, olvidándose por completo de mencionar una sola responsabilidad mientras tú estás a lo tuyo, en faena, sudando la gota gorda y manchándote las manos. Quien quiera peces, que se moje… así de sencillo. Si a ti nadie te ha regalado nada ¿con qué derecho se creen a reclamar el fruto del esfuerzo ajeno? Sabes bien que para ti, no ha sido nada fácil empezar.

Te ha costado lo tuyo, pero también sabes que eso es lo realmente difícil: comenzar y perder el miedo a mancharte, a perder tu imagen, a renunciar a la apariencia, a vencer al desánimo y a subir una cuesta, que a día de hoy, puedes estar seguro que es una cuesta arriba. Mientras el resto sigue refugiándose en su derecho al pataleo, tú te has metido en faena, que era realmente lo que hacía falta hacer. Alguien tenía que empezar, alguien tenía que hacerlo y tú contra todo empezaste. Ahora ese “contra todo” es tu combustible. Si crees que esta motivación, tenía que sonar bonita, o debía ser más honorable… tú verás, lo importante y lo que cuenta, es que lo hagas, el cómo y el por qué, es lo de menos. Eso no te lo va a preguntar nadie, estás en un mundo en el que solo se miden los resultados y no las intenciones. Si te perdiste la segunda parte [fin de la serie]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

¿TE CREES SUPERMAN? II: LA REAFIRMACIÓN

 Pues sí, me lo creo ¿qué pasa? Esa es la respuesta. No tengas la menor duda, en que siempre es mejor creerse Superman, a quedarte arrinconado esperando a que venga alguien a solucionarte la papeleta. Superman jamás se quedaría quieto ante una situación difícil, jamás esperaría a que le diesen un premio o una medalla como recompensa, para quitarse el traje de Clark Kent y meterse en faena, jamás pediría protagonismo… Más bien sería un protagonista involuntario que reacciona, porque sabe que es capaz de intervenir. Superman no se quita ni se pone el uniforme, porque siempre lo lleva puesto, es su verdadera identidad, y en todo caso se quita lo que le sobra a la hora de actuar en lugar de adornarse. Cada vez que actúa, no hace más que reafirmar su propia y verdadera identidad, sacando lo que lleva dentro. ¿Cuál es tu verdadera identidad? Mientras muchos se refugian bajo un traje y una corbata, él se despoja de estas prendas.

Mira, te mentiría si te dijera que la reafirmación no suele ser consecuencia de un complejo de inferioridad. Te estaría mintiendo también si te dijera, que está exenta de ego, o que siempre es buena y saludable… Pero muchas veces, es lo único que nos queda para salir adelante. Esto no es el porque yo lo valgo y si lo fuera, enseguida te darías cuenta que la vida real no es un anuncio de L’Oreal, ya que probablemente alguien vendría a partirte la cara, o bajarte los humos, o pararte los pies. Bueno, y si esto sucede ¿te vas a dejar pisar? ¿te vas a quedar quieto y callado cuando te reprochen que te crees Superman?

 No seas imbécil, créetelo, porque más vale tener fuerza de voluntad que ser sensible a los reproches y al supuesto ridículo que te quieran hacer sentir los que se quedan sentados señalando con el dedo. Esto es un efecto rebote, no es magia. Cuando se toca fondo, solamente se puede mirar hacia arriba y sí… reafirmarse y recordarles a todos que tú has venido a hacer algo, que tú estás presente, que tú puedes actuar. Tienes algo que hacer y algo que decir, mientras el bulto cobarde, pasivo y reclamante mira los toros desde la barrera sin hacer absolutamente nada, intentando pasar desapercibidos en una masa de borregos, que les protege de tener que dar un primer paso, dar nombre y apellidos.

¡AQUÍ ESTOY YO! ¿QUÉ PASA?

Se te quedarán mirando incrédulos, pensarán ¿Y este tío de que va? ¿Quién se cree que es? Y a ti te la va soplar lo que piensen. Pues créetelo. Si te pasas media vida creyendo que no puedes hacer nada para cambiar el mundo que te rodea, que la otra media te la pases creyendo que sí se puede, y que puedes dar ese primer paso y dar la cara. ¿Dar la cara? Ese es el precio que muchos no se atreven a dar, porque no quieren cargar con ese muerto. La cosa es simple: la victoria nunca está garantizada por la exposición, pero nunca olvides que las respuestas las dan personas concretas, con nombre y apellidos que un buen día se plantan, y se lo creen…

Llega un momento en el que tomas conciencia, y una vez que lo has hecho sabes que no hay vuelta atrás que valga. Ya te han visto, ya te has declarado y te has quitado la camisa dejando tu pecho a la vista. Ya no es solo que tú lo creas, si no que los demás van a esperar algo de ti. Todos aquellos que no se han atrevido a dar la cara, se pondrás detrás de ti, y comprobarás en efecto que estaban buscando una referencia, un líder que les marcara ese primer paso que no se atrevían a dar. ¿Quién iba a ser si no? ¿Superman? No, Superman no existe, pero tú sí. Si te perdiste la primera parte [finaliza en parte III]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

¿TE CREES SUPERMAN? I: LA CONTRADICCIÓN

 Cuando ves que todo pasa a tu alrededor, y no sabes qué podrías hacer. Quizás sientas la impotencia de sentirte pequeño y esto te provoca ira ¿has sentido eso alguna vez? Me refiero a esta contradicción que se da en todos los seres humanos: ira e impotencia ¿no sientes ninguna de las dos? Debes ir sobrado entonces, o no debes estar hecho de carne y hueso… O bien todo te puede dar igual. ¿De donde sale la ira y la impotencia? De la lucha entre querer y poder. Una lleva la otra. Por dentro estás lleno de causas nobles, de luchas justas, de buenos sentimientos… quieres cambiar las cosas, quieres arreglar el mundo, o al menos la parte de mundo que te rodea. Te gustaría ser Superman y poder intervenir en todas las situaciones difíciles, arreglar conflictos, solucionar problemas y dar respuesta. En el fondo lo que todos queremos: ganar. ¿De donde viene la contradicción si todos queremos lo mismo?

El querer y el poder. Esta balanza de dos pesas la llevamos todos dentro: una es lo que puedes hacer y otra es lo que quieres hacer. Del conflicto entre ambas, nace nuestra lucha continua contra uno mismo. ¿Qué más tenemos dentro? Al bueno y al malo, al egoísta y al altruista, al héroe y al villano. Uno nos dice que actuemos en beneficio propio, y el otro nos dice que pensemos en los demás, en la comunidad y en el medio para que todo siga funcionando ¿quién puede más de los dos?

¿HAY UN BUENO Y UN MALO?

 No pueden ganar los dos, uno siempre tiene más fuerza que el otro. Uno te pinta un mundo fácil en el que tú eres el centro absoluto, mientras el otro te obliga a esforzarte porque sabe que nada es gratis y te recuerda que no estás solo. Uno piensa y otro actúa, uno es prudente y otro instintivo. Un guerrero y un pacificador condenados a vivir bajo el mismo techo ¿quién dijo que fuera fácil para un hombre escoger su camino? Pensar en sí mismo, o morir al ego para entregarse a los demás ¿Quiénes son los demás? Para entregarse a ella, a la familia, al trabajo, a un camino que le supone un sacrificio…

¿No sería más fácil vivir para uno mismo? Sabes que sí. Pero todo lo que te supone un sacrificio, lo haces en pro de conseguir un bien mayor, porque si no, no lo harías. No moverías un dedo si ves que no puedes ganar. Después te das cuenta, que nadie, absolutamente nadie, va a salvarte la vida, y que en efecto o mueves ficha, o todo se va a la mierda. No quedan héroes, solamente quedas tú, y o lo arreglas tú o no lo arregla nadie. En ese momento desaparece la lucha interna, y sale quien tiene que salir. No te haces preguntas, no debates… Solamente ves lo que hay y respondes.

NO PIENSAS, RACCIONAS

Uno de los dos muere, pero ni si quiera te lo planteas porque no tienes tiempo para pensar. Y no tiene por qué ser el bueno, o el malo. Sale quien tiene que salir. No hay ni bueno ni malo, todo lo llevas dentro. Uno no puede vivir sin el otro y lo sabes. Te das cuenta que ante un desafío, las contradicciones desaparecen, tus valores se vuelven uno solo. Puede que quien salga no sea quien tenías planeado, pero eso ya ni lo piensas. Eso es lo bueno: tu lucha interior solamente te pertenece a ti, y solamente eres tú el dueño del resultado final.  [continúa en parte II]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

LUCHA POR TUS DERECHOS… ¡Y QUE SE JODAN LOS DEMÁS!

 Cuando en las noticias, los políticos emplean el término sociedad del bienestar, se me revuelven las tripas ¿sabes por qué? Porque es mentira. Hay cosas que la gente no sabe, porque si las supiera, probablemente emigrarían a otras zonas recónditas del mundo, o bien rezarían para que llegara un segundo diluvio universal. Algo cinematográfico y apocalíptico, algo que de una vez por todas hiciera justicia real ajena al género humano. Tranquilo, no se me ha ido la pinza, solamente estoy pensando en voz alta, acerca de algo de lo que la gente no es consciente: la llamada sociedad del bienestar tiene un precio, como lo tiene todo. No somos conscientes, del sufrimiento que generamos al resto del mundo, porque si lo fuéramos… probablemente muchos de nosotros cometeríamos locuras. En mi casa, tengo agua corriente, luz eléctrica, internet, calefacción y unas condiciones decentes de habitabilidad. Puedo permitirme el lujo de ver las noticias a diario, de desayunar, comer, cenar, ir a trabajar cinco días a la semana, tener vacaciones, tener tiempo libre para escribirte lo que vivo y lo que me pasa por la mente, salir de vez en cuando para ver a mi gente, dormir bajo un techo y permitirme el derecho de ejercitar mi libre expresión, porque hay una constitución que lo ampara, pese a quien pese. No, no me manifiesto, pero te voy a explicar por qué. Yo sé donde estoy.

Yo vivo en una burbuja que se llama primer mundo ¿y tú? Si estás leyendo estas líneas ahora mismo, probablemente estés sentado en alguna parte, bajo techo, mirando a tu monitor o consultando tu móvil, Smartphone, iPhone… o lo que coño tengas entre las manos para navegar por Internet. ¿Qué es el primer mundo? ¿una sociedad civilizada donde todos los ciudadanos están amparados por unos derechos, gozan de un mínimo bienestar y además, tiene la posibilidad de no estar conformes con su situación, expresarlo y tratar de ser mejores, competitivos y ver televisión? Podríamos llamarlo así, pero hay algo que no me encaja. ¿Esto es igual en todas partes? Sabes que no. ¿Te has planteado alguna vez que el llamado primer mundo, es fruto de la explotación y el expolio de todo aquello que lo rodea?

¿Cómo crees que se han fundado las ciudades en origen? ¿los estados? ¿crees acaso que la sociedad del bienestar que todos reclamamos y pretendemos disfrutar es fruto de la justicia universal? ¿crees acaso que todas las revoluciones son justas? No, de ninguna manera. Todos tenemos un sentimiento de justicia individual, que en lo más profundo, no significa más que salvar nuestra propia supervivencia y nuestro propio estatus. Pretendemos obtener justicia que reclamamos por derecho, porque alguien nos ha dicho que tenemos ese derecho, pero nunca nos paramos a pensar en el coste de nuestra sociedad de bienestar extra-muros. ¿A qué me refiero? No sé si alguna vez te has parado a pensar, que por muy mal que creamos que lo estamos pasando aquí, estamos dentro de una burbuja. Di entonces, que luchas por tus derechos dentro de la burbuja en la que estás instalado.

Este texto no te hace ni puta gracia ¿verdad?  Quizás a mí tampoco me haga gracia escribirlo, pero mi intención solamente es hacerte consciente de dónde estamos, y de igual forma, de dónde estoy. Nada de lo que ves a tu alrededor ha sido construido, fundado, obtenido o servido sin esfuerzo, sangre, guerras y desigualdades. Esto nunca nos paramos a pensarlo, porque solamente reclamamos cuando se nos quitan derechos, o se nos pretenden arrebatar derechos que venían en la carta constitucional a la que siempre recurrimos. Pero de lo que nadie se da cuenta es que vivimos mejor antes, que tenemos más que los demás y que dentro de esta burbuja llamada primer mundo, tenemos acceso a unos bienes y servicios, y disfrutamos de unos derechos que nos hemos creído, sin saber qué es lo que hay fuera.

LA JUSTICIA SOCIAL TIENE UN PRECIO

Y no, ni estoy de acuerdo con la desigualdad, ni con la injusticia, ni con la opresión, ni me agrada lo más mínimo que nos estén meando encima los políticos y los bancos. No me vengas con esas para justificarte y echarle la culpa a otro de tu propio egoísmo humano, ahora más consciente. Tú sigue culpando a cualquiera menos a ti, pero antes que sigas por la vía populista, te quiero hacer una pregunta ¿eres consciente de que eres un occidental que vive en la burbuja del primer mundo? Un primer mundo que es primero, porque el resto del mundo está por debajo sirviendo materias primas, bienes y servicios que todos disfrutamos y reclamamos a costa de todo aquello que está extra-muros, o mejor dicho fuera de nuestras fronteras. ¿Estarías dispuesto a renunciar a parte de tu bienestar para que todos realmente seamos iguales y tengamos los mismos derechos? Veo que te está cambiando la cara.

Y si no te cambia, es que sabes que protestas por seguir viviendo en una burbuja a costa del resto del mundo que te rodea. Sabes que eres egoísta, y prefieres seguir dentro. Jamás justificaré una desigualdad o una injusticia, pero si mi bienestar y el bienestar o los derechos que reclamas, suponen que haya alguien fuera de nuestras fronteras del primer mundo, que siga siendo explotado, puteado u oprimido… entonces lo menos que puedes hacer, es ser consciente de ello, callarte y seguir con tu vida. Y si no te lo ponen fácil, al menos buscártela. Estamos dentro, no te equivoques, y para que le des al interruptor de la luz y le pongas gasolina al coche, o puedas comprar pescado congelado, alguien a quien no les ha visto la cara, tiene que palmar.

Reclamas porque ves que te están quitando algo, pero piensa que tu estatus inicial, que tus condiciones de vida, y que tus derechos civiles, han sido ganados, fundados y creados con un precio que desconoces ¿crees que a partir de la nada? Para que tú tengas, hay que quitar de otra parte. Y quizás hayamos nacido teniendo, más de lo que realmente necesitamos como seres humanos para vivir. Tu bienestar y el mío, han nacido de una profunda desigualdad, delimitada por fronteras. O estás dentro, o estás fuera ¿dónde te ha tocado estar? Te recuerdo que porque algo esté escrito en papel, no tiene por qué ser verdad, o tiene que ser justo, o tiene que ser bueno para todos.

Esto es una jungla, y a ti y a mi, nos ha tocado nacer dentro de la burbuja. Piensa por un momento, que si realmente lucháramos por una justicia social universal, para que toda persona sobre la faz de la tierra, gozara de los mismos derechos, bienes y servicios ¿sabes cuál sería el fruto de esta propuesta? Probablemente, una guerra mundial, y un cierre radical de fronteras, auspiciado por los grandes gobiernos, para que “a nadie le tocaran lo suyo”. Pero espera, que igual me equivoco… Igual tú y yo, si estaríamos dispuestos a perder parte de lo que nos toca, para que nos quedemos al mismo nivel que todo el mundo ¿verdad? Porque sí somos distintos a nuestros políticos, gobernantes, banqueros y lideres sociales ¿a qué sí? Tú jamás empezarías una guerra para que no te tocaran lo tuyo, estarías encantado de compartir y repartir con los que tienen menos recursos ¿o no?

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

LA MADUREZ: UNA ENFERMEDAD DEGENERATIVA


Hoy te voy a contar un cuento, que deberían contar los padres a sus hijos pequeños antes de dormir, para que se vayan preparando para lo que les está por llegar: Érase una vez un tipo que podrías ser tú, al que le ocurrió una historia, que te podría pasar a ti... Si todos nacemos iguales ¿por qué acabamos siendo tan distintos? Si nuestras necesidades son tan comunes, conocidas y estudiadas ¿por qué hay tanta diversificación de productos y tantas dudas en cuanto a satisfacerlas? Me he vuelto a ir de cañas con Freud, pero esta vez también nos ha acompañado Nietzsche. Y mientras estábamos apoyados en la barra del bar, cruzábamos verdades bastante obvias acerca de lo que se entiende por madurez, dar pasos en la vida, avanzar, tomar opciones, bla, bla, bla… En el día a día, uno se ve siempre igual; pero si echa la vista atrás, se da cuenta que en su armario, hay prendas de vestir que ya no se pondría ni por dinero; o pantalones que se le han quedado cortos de cintura y ya no le caben. A mi me ha pasado con unos vaqueros que el año pasado, me sentaban de puta madre… pero después del verano, simplemente no encajan. Les hecho un par de cortes y los tengo para andar por casa. Ya no son mis vaqueros preferidos. Lo que hace solamente unos meses me valía, ahora es una prenda que llevo para estar en casa.

Uno no está toda su vida igual, ni siempre va a pensar lo mismo, año tras año. Por muy fuertes que sean tus convicciones, la vida se te va quedando pequeña si no vas tomando opciones. Es el Yo el que hace que te reafirmes, que te mantengas, el que vela por mantener la posición y también por tanto, el que se resiste a los cambios. El Yo no quiere envejecer, o mejor dicho… no se da cuenta de que va cumpliendo años y piensa que siempre va a estar igual. Esta es una idea propia de la juventud, de la adolescencia: las hormonas le dictan a tu cerebro que has de reafirmarte y tomar un papel protagonista en el mundo. Tiene que ser así: el ego, o el Yo cumplen su función: te convierten en protagonista de tu vida y te hacen consciente de tus actos, te dicen que puedes, te hacen presente en el mundo; pero de igual forma que una prenda de vestir, no te va  a servir para toda la vida, si lo dejas inmóvil, monolítico y te cierras a ser afectado o contaminado.

El Yo, también puede convertirse en una cárcel. Cuando te plantas en una idea fija, tu mundo se simplifica, y si esta idea fija no cambia o evoluciona, tu vida se irá reduciendo. Este es el sinsentido que te provocaría esta pregunta ¿Todo esto para qué? No sé si te la habrás hecho alguna vez, supongo que sí… cuando ves que tus ideas tienen limitaciones prácticas de ejecución, las has seguido y no has recibido la recompensa esperada ¿de qué te estoy hablando? Imagina por ejemplo, un desengaño amoroso, o un despido improcedente, o una decepción con un amigo, o que alguien en quien tenías tu referencia, ha dejado de serlo. Cuando anclas todas tus fuerzas en un solo punto, en un primer momento crees reforzar tu posición, pero a la vez de puertas para fuera, te conviertes en vulnerable, ya que te limitas a ti mismo la posibilidad de evolucionar o cambiar.

¿LA ETERNA JUVENTUD? 

El mayor engaño de todos es este: creer que siempre vamos a estar igual, que no vamos a envejecer y por ende, que vamos a vivir siempre. Si te das cuenta, todo el mercado, está montado en base al momento presente, en el ahora, en la eterna ¿juventud? No nos gusta pensar que envejecemos, aunque nos bastaría con mirarnos al espejo una vez al año, o sacarnos una foto para verla tiempo después, para darnos cuenta de ello. La muerte del ego, es necesaria siempre para cambiar de estado, para evolucionar. Toda evolución supone una muerte o una crisis de una etapa anterior. Si nos negamos a morir en parte, jamás cambiaremos… mientras vemos como el mundo en el que estamos, avanza. Bueno… avanza o deriva, según se mire. Cuando tu opción es libre, voluntaria y aceptada, puedes decir que avanzas. Si tu opción no es tuya, te dejas arrastrar, te subes al carro de quien sea, y simplemente delegas tus responsabilidades en lo que a ti te afectan, estamos hablando de deriva. De cara a la galería, puede parecer lo mismo; pero dentro de tu cabeza sabes bien que no lo es. ¿Qué pasa? ¿me vas a decir ahora que todo el mundo lo hace? Tú verás, es tu vida.

Lo que es de ilusos, es creerte la publicidad, o las palabras políticamente correctas, que te invitan a pensar, que se puede estar en misa y replicando; o sea, dar un paso y tomar una opción, por ejemplo: la paternidad, el matrimonio, el compromiso con una mujer o con una entidad, pensando que te va a salir a coste cero. Esa pequeña muerte del ego a nivel individual, es el precio que se paga por el cambio. Por un lado, es una reafirmación del yo, que te dice quién eres y qué es lo que quieres. Por otro lado, es una cárcel que te puede condenar a ser un eterno adolescente. Ningún cambio de estado, o ninguna mejora es a coste cero. No te creas el engaño del todo gratis, o de la eterna juventud de la crema anti-arrugas, o de pagar en cómodas cuotas sin enterarte.

Como puedes comprobar, la madurez es una enfermedad degenerativa, que hace morir al yo poco a poco. Es irreversible, porque tarde o temprano, todos nos damos cuenta, del precio a pagar a cada paso que damos: en tiempo, es esfuerzo, en sueño, en voluntad, en compromiso, en dinero… en compañía o en soledad, en lo que sea. La libertad individual, es un capital a invertir y solamente somos realmente libres, cuando hacemos uso de ella, cuando empleamos la voluntad y somos capaces de comprometerla o invertirla, sabiendo lo que hacemos. Tu tiempo es tuyo, no le pertenece a nadie más. Y se nos olvida, que es una cuenta atrás sin  remedio, porque no nos gusta pensar que se nos termina y que cada vez tenemos menos. Preferimos mirar para otro lado antes que reconocerlo.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?