GIMME A $DOLLAR BB! HA LLEGADO MI MOMENTO

 ¿Qué es lo que había cambiado tanto en mi vida, hasta tal punto de volverse todo más difícil? Antes parecía todo más sencillo. No recuerdo que me dolieran prendas a la hora de llamar a alguien, por miedo a perder un extraño equilibrio de poder… ¿a quién me refiero? A ella, claro… o a ellas, mejor dicho. Al final con el paso del tiempo, parecen todas ellas la misma mujer, confundiéndose en una sola. Tampoco calcular cada uno de mis pasos para que no me hicieran daño, o cubrirme las espaldas. Simplemente, no pensaba en ello. Recordaba toda aquella naturalidad como si hubiese vivido otra vida diferente, y un buen día sin saber por qué, me hubiera despertando siendo yo en el presente. ¿Acaso ese hombre no era yo? ¿Acaso era más feliz por ignorante, joven o confiado? Recuerdo muy bien la primera vez que se me cayó al suelo el castillo de naipes. No supe por qué, ni lo sé hoy. Podría buscarle mil razones… y ninguna tendría por qué ser la verdadera. O quizás fueran verdaderas todas a la vez. Eso ya da igual, importa poco. Lo pasado, pasado está. Pensaba que mi vida ya estaba hecha y construida, y que de ahí en adelante todas las semillas estaban ya plantadas y había qué dejarlas crecer. Pues no. Es curioso que ahora solamente me satisfaga el sexo, antes eran más cosas que ahora importan poco o nada.

¿El sexo? Esa no fue mi primera mancha en el traje ¿cuál fue? Lo di todo por hecho y lo despilfarré, sintiéndome en abundancia, pero me agarré a un clavo ardiendo, cuando la escasez gobernó. Ahora es difícil verme con el traje limpio, planchado y a estrenar… pero me he dado cuenta que ellas están igual o peor que yo. Y ya nadie está a estrenar, nadie está limpio y la inocencia quedó enterrada con el primer amor hace mucho tiempo. Ella con un gesto, me dijo que subiera cuando él no estaba en casa. Ella también habría tenido un primer amor alguna vez, quizás su marido, quizás otro chaval que la cagó en un determinado momento. Ni lo sé ni me importa. Ella y yo solo nos veíamos para follar y la verdad… no me apetecía contarle nada de lo que llevaba por dentro.
                                                                        
Parecía que no le importaba compartir su desnudez y su sexo con un completo desconocido. Detrás de su fachada inalcanzable ¿Cómo era posible que no tardara ni media hora en irse con un mindundi como yo? No tenía lógica ninguna, pero si lo hacía, era porque no tenía en casa un tío que le diera todos los días calor entre las piernas. Algo tan simple como eso. Ni la casa, ni su trabajo, ni su familia eran suficientes. Ni si quiera su estatus de señora. Al final lo que quedaba era la sangre, el sexo y la carne… como siempre. Lo demás dejaba de contar en cuanto escuchó una voz diferente a las demás que se atrevió a atacar su fachada de intocable ¿era realmente intocable? Nunca ninguna mujer había dejado arañazos en mi espalda, ella lo hizo.

SE ACABARON LAS TONTERÍAS


Se acabó tener paciencia, se acabó esperar mi turno, se acabó esperar a tenerlo todo bonito a la vista para actuar. ¿De qué me ha servido? De nada y han sido ellas quienes me lo han demostrado. ¿Picar el anzuelo de la estabilidad? ¿Para qué? Si eso no existe y he podido dar fe de ello entre sus piernas. Me he portado bien y he hecho lo correcto… y no ha servido nada más que para convertirme en un animal aletargado. Aletargado y adormilado hasta que ha podido oler su sangre caliente, llamándole a que la invadiera una y otra vez hasta que no quedaran fuerzas en mi cuerpo. Hasta que sin energía caí muerto sin poder dar más. ¿Eran las mismas mujeres? Me seguían pareciendo todas la misma después de tenerlas desnudas en mi cama.
                                  
Me he dado cuenta que no tengo nada. Absolutamente nada… y solo me arrepiento de no haberme dado cuenta antes, porque antes habría despertado de este largo invierno de hibernación. Uno cree que puede perder sus cuatro migajas, pero es que esas cuatro cosas que crees que son tuyas y que te pertenecen, nunca fueron tuyas realmente. Y lo mismo que vinieron, se fueron. ¿Quién puede negármelo? ¿Aquel imbécil que creía que lo tenía todo seguro y controlado? ¿Aquel a quien veía en el espejo día a día, y que se repetía a sí mismo que algún día llegaría su momento? No. Mi momento ha llegado ahora.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?
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