¿ERES UN BICHO RARO? CUANDO LA ESTÁS CAGANDO… Y NO SABES POR QUÉ

 ¿Te es familiar esta sensación? Te sientes metido en el fango y parece que da igual lo que hagas… Por más que te esfuerces, no das pie con bola. Montas un circo y te crecen los enanos. Puedes llegar a  creer incluso que estás bajo una maldición divina ¿Qué estoy haciendo mal? Suele ser la pregunta. Las cosas no son tan obvias como nos gustaría que lo fueran, y si lo son… solemos estar más pendientes de otras cosas menos importantes que nos despistan; o queriendo curar síntomas sin pararnos a buscar la verdadera enfermedad. Normalmente es más lo segundo que lo primero, o sea, que tratamos de achicar agua de la barca que se hunde, en lugar de plantearnos tapar los agujeros antes de salir a navegar… qué ejemplo más prosaico ¿verdad? Hay que tomarse un tiempo para repararse uno mismo, aunque tengamos la sensación (yo el primero) que podamos estar perdiendo el tiempo, o la falsa ilusión de que “no estamos haciendo nada”. Cuando se tiene esta sensación de estar cagándola de continuo, es porque en efecto, algo se está haciendo mal, pero esto es solamente un síntoma, no el problema en sí.

Desde luego, si no te paras los pies por temor a perder el tiempo, o por ejemplo por temor “a que se te pase el arroz”, vas a persistir en hacer lo mismo de siempre, una y otra vez. Ese es el fallo: hacer lo mismo una y otra vez, cuando sabes que siempre que has obrado de esa manera, la has acabado cagando. Animalitos somos, y esto en realidad lo que quiere decir biológicamente, es que nuestras rutas neuronales son siempre exactamente las mismas. Por eso no cambiamos, o por eso nos da miedo hacer algo diferente  a lo que solemos hacer. Miedo a salir de la zona de confort, porque ello implica actuar de otra manera, y por ende pensar o dialogar con uno mismo, de una manera distinta a cómo lo suele hacer.

Conforme uno se va haciendo viejo y cascarrabias, cada vez estas rutas neuronales, o en cristiano: tu forma habitual de pensar y hacer las cosas, se va acentuando, reafirmando y hasta viciando. Las manías aumentan con la edad, ese sería un buen ejemplo para explicarlo: las manías no son más que rutas neuronales viciadas, traducidas en conductas, que nunca han entrado en conflicto, o en contraste con otras conductas. De ahí el famoso “es que yo soy así”. Bueno, hasta cierto punto eres así, y hasta cierto punto has elegido ser así. En el fondo, todos los atascos inexplicables, que sufrimos a lo largo de la vida, son fruto de no querer entrar en conflicto con nuestras rutas habituales. Por eso creemos “que lo estamos haciendo bien”, y a pesar de ello, no hacemos más que tropezar una y otra vez, en la misma piedra.

Queremos que los planes salgan bien, pero a la vez evitamos el conflicto y la confrontación con nosotros mismos. Nuestras rutas son nuestras, y no queremos que nos las toquen, porque nos definen. De hecho, es intelectualmente más sencillo, tratar de imponer tu forma y hábitos, que entrar en conflicto con uno mismo y someter a duda metódica, cada uno de nuestros vicios conductuales. Dicho de forma sencilla: solemos pretender que palmen los demás, o que el esfuerzo por entendernos y aceptarnos lo hagan los demás, antes que a la inversa. Es humano, es la economía del mínimo esfuerzo: este es mi camino, y lo ando así… a mi manera, el que se quiera subir a mi tren que se suba, que yo no me bajo del burro ¿te suena esta forma de pensar? Date cuenta que aunque común, esta forma de pensar, hace que nuestra vida sea una pelea de egos continua contra el mundo. Y el ego querido amigo, como decía mi abuela, no da de comer.

¡ME ENCANTA QUE LOS PLANES SALGAN BIEN!


Y a mí, por supuesto, pero no siempre puede ser. Y si además nunca te sale nada de continuo, crees que estás gafado y que todo el mundo vive solamente para joderte la vida… te aseguro que te estás equivocando y mucho. En primer lugar, no eres tan importante como crees, la gente tiende más a ir a lo suyo, en lugar de vivir solamente para machacarte a ti. Y en segundo lugar, si una vez y otra, y otra, y otra, y otra… obtienes siempre los mismos resultados, fallas de continuo, o la cagas, y en tu mente aparece el síndrome  “yo contra el mundo”, es porque haces lo mismo una y otra vez. Si no cambias tu hoja de ruta, seguirás teniendo siempre los mismos resultados. Es simple ¿verdad? Recuerda que no eres el centro del universo.

¿Cómo se hace para que las cosas salgan bien? Pues mira, no tengo la piedra filosofal. Solamente te puedo decir cómo hacer para que las cosas cambien: pensando y actuando de forma diferente. Punto. Ese es todo el misterio ¿Qué los demás no te dejan? ¿Qué la rubia no te hace caso cuando la llamas? Pues pasa de la gente y deja de llamar a la rubia. ¿Qué es lo primero? ¿hacer o pensar? Una cosa lleva a la otra. Lo que tu mente ahora no da por bueno, o entra en conflicto con lo que haces habitualmente dentro de tus rutas habituales, tendrás que forzarlo por encima de tu umbral… No te quedan más narices, es así como se aprende y como se evoluciona, llegando a tus propios límites. Hasta que duela. Y cuando veas que en efecto, no pasa nada, y que por eso no se muere nadie, una nueva ruta neuronal en tu cerebro quedará inaugurada. Hay que forzar la máquina, si no, las cosas nunca cambiarán.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!
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