TENEMOS QUE HABLAR-parte III: EL DESENLACE

ÉL: Alucino contigo.
ELLA: La que alucina hoy contigo soy yo, porque sabes que te adoro y me muero por verte y estar contigo y que he tenido un día de perros y perras, que en lo único que pensaba era en este rato contigo y no entiendo nada de esta conversación. Llego loca, sudando, muerta de cansancio, pero con unas ganas locas de verte y muy emocionada y no bajas del burro, porque no te doy más explicaciones, ni me arrastro por el suelo, ni te suplico perdón porque no te he cogido el móvil. Dices que tú alucinas... ¿tú?
ÉL: Sí y lo sabes. Si no fuera así… bueno, eso. Si no fuera así, todo me daría más igual, pero no es el caso. Sabes que llevo tiempo sin ilusionarme por nada, y si me meto, me meto de verdad.
ELLA: Ya y ahora te sale meterte conmigo, pero de mala manera no de la buena... ¿o te sale meterte de la buena conmigo?
ÉL: Pues a lo mejor contigo sí que me sale.
ELLA: Jajajajajajaja ahora sí que alucino de verdad... jajajajaja... madre mía... el hombre de hierro hecho mantequilla...
ÉL: ¿Qué pasa? ¿Te hace gracia?
ELLA: Pues pasa que es curiosa la forma que tienes de expresar tus sentimientos hacia mí, en forma de reproche. Se te nota que estás frustrado y totalmente desconcertado y lo expresas así, dándome caña... pero sabes que yo te quiero vida aunque seas así de gili...
ÉL: Gili no… gilipollas, dilo con todas las letras. Es así como me siento ahora.
ELLA: Gilipollas no eres, pero hoy lo estás... MUY gilipollas, la verdad.
ÉL: Sí, tengo que reconocer que me he asustado; esa es la verdad. Y lo primero que me he preguntado cuando me has dicho –Tenemos que hablar- es ¿Qué he hecho mal?
ELLA: Mira, siento que me haya salido en ese tono, lo cierto es que tampoco le he dado importancia a cómo lo he dicho, pero desde luego no quería que sonara así. Después de la nochecita y del día de trabajo pues iba con la mala leche puesta y me ha salido como me ha salido, pero lo que tenía era ganas de verte y de olvidarme del mundo... Tampoco creo que sea para atacarme así después de todo...
ÉL: Desde luego, no soy el ombligo del mundo, no…
ELLA: Ni  tú ni nadie lo somos...
ÉL: Y bueno, a todo esto ¿Cómo has dejado al perro?
ELLA: Pues en casa del portero que lo está cuidando hasta que llegue yo, por si acaso le volvía a dar el jamacuco. Ahora cuando llegue me lo subo a casa.
ÉL: Si bueno… y tendrás que estar pendiente ¿estás muy cansada?
ELLA: He superado el umbral del agotamiento la verdad, y lo tuyo me ha dado la puntilla final ya no siento ni padezco.
ÉL: OK me callo. No has pegado ojo ¿quieres irte a casa a dormir?
ELLA: No es que quiera dormir es que NECESITO caer en coma profundo, desactivar mi cerebro y que el mundo desaparezca.
ÉL: Lo entiendo perfectamente
ELLA: Gracias, sólo quiero levitar hasta mi cama y morir, si me tomo otra cerveza a lo mejor lo consigo.
ÉL: Igual es mucho tute, pero si quieres…
ELLA: Lo que quiero es pestañear y aparecer mágicamente en mi habitación... ¿si quiero qué?
ÉL: Si quieres puedo hacerte la cena, así descansas. Yo me encargo.
ELLA: Buffffff..... Tampoco quiero que te pongas ahora a cocinar.
ÉL: No, no pasa nada
ELLA: ¿Podemos irnos?
ÉL: Claro que sí, levantamos el chiringuito de aquí, y mientras vas a casa a ver cómo está Rocky, me voy al Opencor de abajo y compro algo para hacerte la cena.
ELLA: ¿Y qué va a hacer el chef?
ÉL: Mucho quieres saber tú.
ELLA: hombre por si me tienta más que nada...
ÉL: ¿Te apetece?
ELLA: Me apetece, pero no me apetece que me estreses ni que te vuelvas a poner como antes... Y si prometes no aprovecharte de mi estado de baja guardia para ser malo...
ÉL: Claro que me voy a portar bien ¡jejejeje!
ELLA: Tu concepto de portarse bien difiere bastante del mío... Seguro que me sorprendes con alguna especialidad culinaria… mmmmm ¿qué será?
ÉL: ¿Cómo qué? Pues… no te he hecho todavía mi famoso y reconocido arroz negro.
ELLA: No me has hecho, todavía, muchas cosas...
ÉL: Puede ser…
ELLA: ¿Arroz negro?  no serás de esos madrileños que aprenden a hacer el arroz en el programa de cocina para solteros del Canal Cocina... o una de esas recetas de manual de “100 recetas para conquistarla por el estómago” y luego removéis el arroz mientras lo cocináis y sale pastoso. Porque lo último que necesito hoy es comerme un mal arroz... es decir... ahí sí que no tendría piedad contigo.
ÉL: Lo dudo mucho, porque en cuanto lo pruebes… con lo que tú eres, me vas a pedir matrimonio.
ELLA: Seguro que ese arroz se lo haces a todas las incautas que no saben ni freír un huevo y se dejan fascinar con tu carisma de gran chef.
ÉL: Solo lo hago en las ocasiones especiales.
ELLA: Ocasión especial...pues igual es hasta más especial de lo que tú piensas...
ÉL: ¿Igual me llevo una sorpresa?
ELLA: O dos...
ÉL: Muy segura te veo, para lo cansada que estás.
ELLA: Puedo perder el conocimiento, pero no la determinación. Hoy la sorpresa te la llevas puesta.
ÉL: Bueno… ya veremos quién sorprende a quién ¿nos vamos?
ELLA: Levitando...

Fin de la serie TENEMOS QUE HABLAR. Si te perdiste LA DISCUSIÓN

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!
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