TENEMOS QUE HABLAR-parte I: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?

Estás a punto de presenciar en riguroso directo una discusión del estilo “Cariño, tenemos que hablar”. ¿Te lo han dicho alguna vez? Ya sabes, cuando escuchas eso al otro lado del teléfono, seas quien seas y vengas de donde vengas, sabes a lo que te puedes enfrentar. ¿Qué le pasa por la cabeza a ella cuando estas palabras salen de su boca y te las ofrece con un tono que hace que te preocupes? ¿Cómo reacciona un tío cuando escucha esto sin saber el por qué? Cada uno y cada una tienen su versión, su vida, su pasado, su manera de entender las cosas y de expresarlas. Queremos que sepáis que nos lo hemos pasado muy bien construyendo esta historia, quizás demasiado frecuente hoy en día, haciendo el trato de quedarnos con lo bueno. Le hemos puesto mucho cariño y la hemos disfrutado. Queremos que dejes de creer en cuentos de hadas y tengas un buen ejemplo, de lo que les pasa a muchas parejas o proyectos de pareja hoy en día, que están ello y no saben muy bien a dónde van. Por cierto, ELLA es Dos GinTonics por favor, y ÉL ¿pues quién va a ser? El mismo de siempre, un servidor. ¿Qué pasará? ¿Se irá todo a la mierda? Vamos a ponernos al día con lo que les ha ocurrido a estos dos…

¿QUÉ ES LO QUE LE HA PASADO A ÉL?: Había quedado con ella a las 20:00H en el O’Reilly’s y estaba llegando veinte minutos tarde. Ella nunca hacía estas cosas. Había pedido una Murphy’s para hacer tiempo, y que ya iba por la mitad, mientras se machacaba un padrastro de los nervios, hasta el punto de hacerse sangre. Después de tanto tiempo de ir a su bola ¿quién le mandaba pillarse de nuevo por una tía? –Esto me pasa por gilipollas y por blando- pensaba para sí mismo, mientras iba a darle otro beso a la pinta. No estaba disfrutando la cerveza, no le quitaba la ansiedad. Se la estaba bebiendo demasiado deprisa, sin paciencia. Para cuando ella llegara, ya se la habría liquidado.

Llevaba mucho tiempo sin discutir con una mujer; sobre todo porque hasta ese momento, no le había importado realmente ninguna. Desde el último ostión con una ex que le dejó muy tocado, hacía desde el principio por no implicarse, y si no comulgaba con alguna, se quitaba de en medio limpiamente. Punto. Sin problemas, con dejar de llamar bastaba. Pero a ella no podía ponerla en la misma escala, aunque quisiera hacerlo, o no lo expresara. En la barra había una camarera nueva a la que no conocía y que no daba conversación. Ese día no estaba Fran, el dueño, con el que sí tenía confianza, y los nervios, le estaban comiendo las entrañas. Ella le había llamado a mediodía, con un extraño tono de voz nada habitual y un –Tenemos que hablar- ¿qué quería decir eso?

¿QUÉ ES LO QUE LE HA PASADO A ELLA?: –¿Vas a tardar mucho en hacérmelo?, es que tengo el taxi esperando y me va a salir por dos picos y medio- dijo nerviosa dando con el tacón en el suelo y apoyada en el mostrador. Sin dejar de mirar el reloj y resoplar porque ya pasaban 20 minutos de las 20:00H y ella jamás llegaba tarde a sus citas y menos si había quedado con él, eso le molestaba mucho. Había tenido una mañana caótica en el trabajo, en la que no había tenido tiempo ni de comer, precedida de una noche “movidita” en la que no le habían dejado “pegar ojo” literalmente. Pero aún así, el día había merecido la pena. Le había llamado para quedar con él por la noche, en algún sitio de copas para así celebrarlo, porque por fin había decidido tirarse a la piscina y darle las llaves de casa que él le había pedido alguna que otra vez de forma muy sutil. –Si pudiera entrar a tu casa tendrías la bañera preparada cuando llegaras cansada de cada viaje- pero ella nunca le había dicho abiertamente, ni sí ni no.

Simplemente había ignorado la petición. Después de dos matrimonios fallidos, se juró y perjuró a sí misma y a todo aquél que quisiera escuchar su discurso  –Yo jamás volveré a compartir el mismo techo con nadie, amor si, sexo también, pero tú en tu casa y yo en la mía, que así es como se mantiene la chispa. La convivencia lo aniquila todo- Se había acostumbrado a no tener a nadie esperándola en casa, a no rendir cuentas de qué haces, ni cuándo, ni dónde ni con quién, tenía muy claro que su vida era suya y sus llaves también. Pasaba de dramas. Es más, había desarrollado una alergia al dramatismo y a los reproches, por eso le había costado tantísimo decidirse. No era una invitación a vivir juntos, era más un acto de confianza. Ella quería hacerle saber, que tenía las llaves de su vida y que podía entrar de lleno cuando quisiera. Por fin el cerrajero terminó, le dio la copia de la llave, ella sacó un billete de 10€ del monedero, se lo tiró en el mostrador y salió corriendo de cabeza al taxi.


ÉL: Vaya… ya pensaba que no venías.
ELLA: ¡Hola mi amor! ¡Cómo no voy a venir si habíamos quedado!
ÉL: Es que nunca llegas tarde, por eso te lo digo.
ELLA: Bufff  ya lo sé y lo siento, pero ahora mismo estoy fatal necesito tomar algo y que me beses, pero no en ese orden.
ÉL: ¿Se puede saber qué pasa?
ELLA: Nada vida... que tenía ganas de verte y estar contigo ¿por qué estás así de seco?
ÉL: Anoche te llamé dos veces y te mandé un mensaje antes de irme a dormir. No me contestas y hoy estoy en el curro, me llamas y me dices que –Tenemos  que hablar- ¿Cómo quieres que esté?
ELLA: Ya lo sé pero es que anoche no podía, tuve que llevar a Rocky al veterinario de urgencias, porque le dio un ataque de epilepsia. Con el susto me dejé el móvil y las llaves dentro de casa y cuando volví tuve que despertar al portero para que me abriera. No tuve acceso al  móvil hasta las 7:00H de la mañana y tampoco me apetecía ponerme a dar explicaciones a nadie a esas horas la verdad.
ÉL: Debo ser el tío más gilipollas del mundo, porque no lo entiendo. A mí eso ni se me ocurre ¿te imaginas que yo actuara así contigo?
ELLA: Seguramente algún día lo harás porque eres tío y los tíos hacéis ese tipo de cosas sin justificación alguna. Pero ¿sabes qué pasa? Que después de una noche así en la que casi me da un síncope y no he dormido nada y después de un día asqueroso en el trabajo sólo pensaba en ti y en las ganas que tenía de verte y estar contigo. Pero la mala leche que llevaba en el trabajo no me ha permitido llamarte antes,  por eso te he llamado a las 14:00H para vernos hoy porque necesitaba verte y hablar y estar contigo.
ÉL: ¿No me lo puedes decir de otra forma? Llevo todo el día con los huevos de corbata.

Continúa en LA DISCUSIÓN

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!
Publicar un comentario en la entrada