AUNQUE TE PUEDAN PARTIR LA CARA, por EL DUQUE

 Te has estado preparando meses para la carrera, has entrenado durísimo, has hecho series, rodajes, kilómetros y kilómetros para llegar a punto y perfecto a ese día tan señalado… a esa hora y ¿qué pasa? Rompe a llover. Si, se pone a llover. Pero no una lluvia casual, ni un chirimiri puntual, no… Una lluvia de diluvio que no cae desde los tiempos de Noé. Parece que el cielo se ha abierto para siempre, sopla un viento huracanado a 100kh, y hace un frío que pela. Ni el capitán Pescanova se atrevería a echar las redes en esa situación. ¿Algo más? Pues sí: te has levantado con un dolor en la pierna que sabes con certeza, que te va a dar problemas. Te están jodiendo. En ese momento piensas ¿abandono? ¿merece la pena? Parece un buen momento para abandonar. Te paras en la salida, haces un breve saludo, y te vas lamentando tu suerte. A fin de cuentas, con ese clima y tu pierna, jamás ibas a lograr hacer una buena marca y  lo sabes, ni lograr los honores, las palmas y el reconocimiento de los demás. Pero por dentro llevas una música diferente, que contra toda lógica te está jodiendo por dentro.

¿Nadie te juzga por abandonar? Pero debes saber que tras cada carrera hay algo que aprender. Esta carrera, no iba a ser tu carrera perfecta, tras ella no iba  a haber gloria, ni tan siquiera ibas a disfrutar. Lo más probable es que toda la carrera hubiera sido un intenso sufrimiento, una inagotable cadena de penurias que iban a poner seriamente a prueba tu capacidad de sufrimiento, tu fortaleza mental y también física, pero lo que es innegable es que hubieras aprendido mucho de la experiencia. Lo que no te mata te hace más fuerte, te endurece, te hace madurar, te hace un mejor yo que puede disfrutar más de las “carreras con todo a favor” y sobre llevar otras carreras cuesta arriba…

Como habrás intuido, no solo te hablo de correr, si no que te hablo de la propia vida. Muchas veces el viento sopla a favor, todo va rodado, las cosas son fáciles y te sientes pletórico; pero otra vez todo se hace duro y cuesta arriba y las cosas no salen sencillamente como esperas. Es en momentos como esos en los que has de decidir si continuar corriendo, sin enfrentarte a esa carrera aun sabiendo que será dura y que lo vas a pasar mal o quedarte resguardado en tu zona de seguridad, relamiéndote las heridas, lamentándote por la oportunidad perdida y tal vez llorando. Te diré una cosa:

HAY VECES QUE UN HOMBRE TIENE QUE HACER LO QUE TIENE QUE HACER
 …y ha de hacerlo aunque le partan la cara. Tiene que ponerse las zapatillas y pasar el calvario de correr 42 kilómetros baja la intensa lluvia y el frío invernal, o tiene que mantenerse con entereza ante un palo de la vida, o dar la cara y decir “si, yo he sido, he sido yo el que ha metido la pata, no ese otro, yo…” o mirar a los ojos a esa persona y decirle lo que siente, o decir esa verdad que tanto escuece…y debe hacer esto sin esperar gloria ni honores. Debe hacerlo para ser quién es. Para se fiel a la persona más importante del mundo, él mismo.

Hay, básicamente dos tipos de personas las que dan el paso al frente y los que se quedan medrando, calculando y esperando su “día de gloria”. El que da el paso enfrente cometerá errores, tendrá buenas carreras y malas carreras; de todas aprenderá muchísimo, pero disfrutará sobre todo del proceso y por la noche, llegará exhausto a casa y dormirá a pierna suelta. Una amiga me dijo hace tiempo que a un hombre hoy en día, con tanta crisis, tanta falta de identidad, tanta duda, tanto hijputismo, tanto mercadeo emocional, tanta mujer “divina”· y exigente que pide y pide  y nunca da desde su pedestal dorado del “porque tu lo vales”, con tanto feminismo mal entendido, solo le queda algo… ser hombre, ser valiente, echarle cojones.

ÉL HA DECIDIDO AFRONTARLO

Volviendo a nuestra carrera  y a nuestros protagonistas te diré que el que corrió la carrera acabo exhausto, jodido de las piernas, congelado por el frío, pero , tras una buena ducha y una siesta reparadora, ya solo se acordaba de las anécdotas, de aquel espectador, de aquel otro… incluso se echó unas risas con su compañeros de fatiga. Al que corrió la carrera le quedo el aprendizaje, la fortaleza adquirida y tan solo el  recuerdo de los buenos momentos.

El que no corrió se siguió sintiendo mal meses después, por no haber tenido valor, por no haber dado el paso, por no haber corrido y luchado. Al final, el que no corrió fue el verdadero derrotado de esta historia. Y te diré más cuando al que corrió le llego otro día, un año después, la gran carrera, con sol brillante y viento a favor, las piernas le hicieron volar y llegó la gloria y el aplauso. El que no corrió nunca estuvo realmente preparado para vivir “su gran carrera”, pero lo que es  peor, nunca entenderá del todo que la gloria no esta en el aplauso, ni en el subidón de ego por hacer algo genial, si no que el éxito es correr siempre, pase lo que pase, siendo fiel a su naturaleza, asumiendo las consecuencias, siendo honesto con sus principios, asumiendo cuestas abajo y cuestas arriba.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!
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