LAS AGENCIAS DE CALIFICACIÓN: LOS SANTEROS DE LA ECONOMIA

 Cada vez tengo menos ganas de ver las noticias, a la par que cada vez que el enterado de la urbanización, llamémosle Standard & Poor's, llamémosle Moody's en USA, llamémosle Fitch en Reino Unido, o personalmente la que más miedo me da, porque se ve de lejos y que no resulta ser tan mediática como sus parientes anglosajonas, Dagong Global Credit Rating en China. Cada vez que uno de estos abre la boca sube el pan. En todo vecindario, o barrio de aquí y allá, siempre hay un energúmeno. El típico listo de urbanización que en las reuniones de la comunidad, se erige en posesión de la verdad absoluta, que afirma pagar menos en todo, saber más que los abogados, más que el mercado, lo encuentra todo siempre más barato o eso afirma y tiene además la fea costumbre de llamar tonto a todo aquel con quien trata… Vamos, el típico socio de la OCU al que dan ganas de partirle la cara. Este fantasma sabiondo de barrio, cuñado incierto de favores geniales sin atestiguar, y amigo del descuento en casuísticas imposibles para cualquier mortal… representa perfectamente a estas agencias de calificación.

¿A qué me refiero exactamente? BLA BLA BLA BLA BLA… hablan, hablan y hablan, se justifican y punto, pero no muestran un solo informe técnico o base de cálculo para sus afirmaciones ¿sabes por qué? Porque no las hay; sino solamente opinión. Es gente que funciona a base de rumores, chivatazos, bulos, expectativas, etc. Es un tráfico tan incierto que me asusta ¿Se puede saber por qué cada vez que hablan estos Santeros del  Payatú (donde siempre pagas tú) estamos todos más puteados? ¿Es que nadie se da cuenta que dan la información al revés? Es que esto lo ve hasta el último de la fila. Pues sí al revés, que no predicen, sino que programan, teniendo como única referencia a sus inversores y quienes los financian. Y claro, lo que me resulta más increíble, es que todo el mercado y hasta la política entre naciones de por buenas estas resoluciones basadas única y exclusivamente en orientar el mercado a conveniencia de quienes tienen pasta en estas entidades, para asegurarse un posicionamiento infinito.

Me recuerda al típico santón caribeño, al que si vas con un fajo de billetes enrollados, te bautiza con un nuevo nombre, te echa el humo, se mete un trago de aguardiente, mata a una gallina, pega un grito y pone los ojos en blanco, mientras te promete prosperidad. Y cuantos más billetes les des, más prosperidad vas a tener. Estas agencias no son independientes, nadie lo es. Y están dejando sembrada Europa preparadita para la subasta de deuda, que por cierto ya ha empezado. Van con pintas de ejecutivo, pero la validez de sus afirmaciones, o el fundamento de las mismas, no es mayor que las palabras del Santero que el 80% del tiempo está colocado y el tiempo restante durmiendo. No deja de ser opinión remunerada por terceros a la que no tendríamos ni que mirar, ni que oir, ni que prestar atención. Insisto, no deja de ser opinión. Por cierto, no es por ser grosero querido, además lo sé… hablo desde mi ignorancia; porque me reconozco ignorante; y quiero que conste, porque esto no deja de ser una mera explicación del andar por casa, para que todo el mundo la entienda. Pero bueno, con un rigor científico asemejado al que usan en…

¡SUS REVELACIONES FUTURAS!

No voy a ser yo menos que nuestros queridos e intrépidos agentes financieros, que se inventan índices y tablas a ojo. Eso, con los ojos en blanco, medio en pelotas y mirando al cielo invocando a no sé quién. No sé si seguirán ese procedimiento como en Haití, pero me fio más de un santero cubano, que  de un ejecutivo de Moody’s ¡fíjate lo que te digo! El segundo siempre querrá más dinero, al menos el primero se sabe hijo de alguien. Pero si los políticos a quienes votamos se dejan llevar por estos santeros con corbata, no nos quedará más remedio que dejar de reconocer su utilidad, y directamente pasar a ser 100% mercado, o bien empezar absolutamente de cero. No sé que es peor:.. EL SINDIOS QUE HAY MONTADO, o que te pares un momento a cobrar conciencia de este hecho, o que todas las medidas y restricciones que nos están exprimiendo a todos, al final no sirvan para nada. Si al iluminado de turno, le han prometido una pasta gansa, solamente por abrir la boca y tirar más para la izquierda que para la derecha, según te caiga bien o mal el que presida, o según sepas quien va a asumir esa deuda cuando llegue a un punto tan miserablemente bajo que no la quiera comprar nadie y diga nuestro colega Chino –¡ESTA LA PAGO YO!- Nos compre la deuda y la mitad del país con la misma, hasta que lleguemos a ser una provincia más de China en suelo europeo.

Sería algo parecido a lo que sería la relación de parentesco de USA con Israel, siempre con un fondo económico de por medio por supuesto, que en este mundo ninguna amistad es gratuita. Esa sería una buena analogía. El proceso por el que nos están haciendo pasar dentro de Europa  ahora, es algo parecido o paralelo, a lo que ha ocurrido con el sistema Inmobiliario: la gente sigue sin comprar porque aún no ha bajado lo suficiente, y no suelta prenda hasta que no está segura que el vendedor (de la deuda en este caso) ya se ve obligado por necesidad a aceptar cualquier precio antes que seguir perdiendo. El comprador mira con lupa, el caer y caer continuo del vendedor de deuda, que no sabe ya dónde ni cómo colocarla; de forma que cuando “el salvador” se presenta a asumirla, el “salvado” endeudado, ya tiene el agua al cuello y adquiere con su patrocinador, una relación de subordinación económica y posteriormente política y hasta cultural. Eso, se llama esclavitud y comienza por reconocer una deuda que ni nos va ni nos viene.


Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!
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