POR QUÉ NO TENGO NOVIA, por DANIEL DÍEZ


–¿Sigue en pie esa invitación a un chocolate con churros en tu casa?- Traducido: Me voy a acostar contigo. Lo que no me contaba es que estaba mal con su novio y ya estaba buscando alternativas, y de  paso, no sentirse mal. Le di largas. Sabía de sobra que era un calentón y me estoy cansando un poco de ser el tampón emocional de las chicas que lo pasan mal, porque se están planteando dejarlo con el novio. Sí, a muchas mujeres les sonaría raro esto y dirían: ¿Un tío rechazando un polvo fácil? Pues sí maja. Que algunas sois un dolor de huevos, y mejor solo que soportando vuestras cagadas o siendo vuestro juguetito al que usar entre relación y relación. Me estaba acordando de esta chica, porque en realidad el chocolate y los churros los compré. Si el calentón inicial pasaba y si al final lo dejaba definitivamente con el novio, no lo descartaba del todo. Pero… pasó lo que tenía que pasar. La mujer en cuestión se buscó a otro y luego ya no me necesitaba. ¿Y qué pasó? Pues el chocolate lo tiré ayer porque estaba caducado. No sabía yo que estas cosas caducasen tan pronto.

Me la encontré en un Pub no hace ni quince días. Resulta que hizo como que no me veía. Me acerco, saludo y me habló con una inexpresión y una apatía que me dio incluso miedo. Mi teoría es que estaría con el novio y será uno de esos celosos que si ven a su novia hablando con un tío montan un pollo. Pero cuidado, por norma general, la celosa patología se busca celosos patológicos. O por lo menos, los tolera como algo normal. Pues ayer, con lo del chocolate a la basura, me dio por mirar su Whatsapp. A ver si en la foto salía ese nuevo maromo. Pues no, no había foto. Pero curiosamente, me había bloqueado. Y resulta, que también me había borrado del Facebook. ¡Tela marinera! Me sentí la persona más utilizada del mundo. O sea, traducción: Si me das lo que quiero, nos relacionamos… si no, te saco de mi vida totalmente. ¿Qué fue de aquello de Podemos ser amigos que no se cree nadie? Pues en efecto, que no se lo cree nadie.

Dice Erich Fromm en su El Arte de Amar: […] demostrar que el amor no es un sentimiento fácil para nadie, […] que la satisfacción en el amor individual no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina. En una cultura en la cual esas cualidades son raras, también ha de ser rara la capacidad de amar. Quien no lo crea, que se pregunte a sí mismo a cuántas personas verdaderamente capaces de amar ha conocido […] ¿A cuántas personas verdaderamente capaces de amar has conocido? Esa es la pregunta. Y la respuesta, por lo menos para mí, es bien sencilla: Muy poca. Veo los muros de Tuenti y Facebook de esas chicas que después de estar en una etapa de soltería no deseada, encuentran un novio. Esas chicas que en realidad, su listón estaba más que bajo, que una vez encontrado noviete, dejan de salir por la noche (salían a divertirse y bailar, ya me entiendes…) y también dejan un poco (o un mucho) de lado a sus amistades.

 Pero a lo que voy, es que sus muros (casualmente) empiezan a llenarse de comentarios “de amor”, de la maravillosa que es la vida, de lo bonito que es el amor y lo genial que es su pareja. Me descojono. En realidad, eso no es amor. Es enamoramiento. Un estado de la razón alterado que te hace sentir bien, que te impide ver los defectos de la otra persona y hace que sientas como algo verdadero todo lo que te pasa. Y por lo tanto, se da ese razonamiento inverso de: Si me siento bien a su lado, es que él es especial y lo nuestro algo verdadero. Pasará un año, dos o tres, y esa persona pasará de ser un semi-dios bajado del Olimpo, a ser un “el mismo hijo de puta de siempre que nunca cambiará” ¿Entonces? Qué fácil es querer cuando tu naturaleza te lo pone fácil… pero eso en realidad no es amor. No hay nada más nefasto, como invertir en una pareja, estando enamorado. Vaya, justo lo contrario a lo que nos dicen por todos los lados. No me hagas caso si no quieres. Que de hecho, no me lo vas a hacer. Así te irá como le va a casi todos.

EL PIVÓN


Un día quedé con una chica. La verdad es que la chavala era un pivón. La típica que eres la envidia de todos los tíos yendo con ella al lado. Y me la llevé a dar una vuelta. Bueno, pues menuda rayada. Madre de dios. A ver: El hombre promedio, por como tiene organizado el cerebro, para quitarse los problemas de la cabeza, tiende a archivarlos y no volver a ellos hasta otra ocasión. El cerebro de la mujer es diferente. Tiende a necesitar sacar esos problemas fuera. ¿Y cómo lo hace? Pues hablándolo, contándoselo a alguien. Y ahí estoy yo de paseo por el campo, con una chica que no hace más que contarme sus problemas…. Y madre, que se ahogaba en un vaso de agua. A ver, si salgo un una chica que no hace más que contarme sus problemas…. ¿De verdad esa es una buena compañía? Con mis amigos no me pasa eso. Me divierto mucho más.

–Dani, los tienes cuadrados. ¿No te la has follado?- Pues no majo, no. Además, me ponía el sexo como caramelo y condición a tener una relación con ella. –Y mira, no, o tienes más que ofrecer que sexo, o paso. Y por lo que veo, lo que sabes ofrecer es proyectar tus problemas en mí para aliviarte tú- Al final, me apetece quedar con mis amigos y no con ella. Dicha chica, cuando entendió que no iba a pasar nada entre los dos, dejó de hablarme. Bueno, me saluda sin mucho énfasis y punto. He pasado de ser súper genial, divertido, listo, etc. a ser igual que el resto. Otra vez más,  una forma de amor inversión: Si me “quieres” yo “te quiero” y si no, que te den por el culo. Imagínate una relación con alguien que está contigo, o mejor dicho, que tendrá “sentimientos” hacia ti mientras le interese. Porque esta chica está haciendo eso. Dando a cambio de algo. Y si no, cierra el grifo.

Cuantas veces habré oído eso de –Es que yo lo di todo y él nada- Bueno, dicho así, parece que todo ha de ser una inversión. Pero en realidad las cosas no han de ser así. Quizá, lo que se ha de buscar, es una persona con verdadera capacidad de amar. Que lo haga sin pedir nada a cambio, y una vez lo encuentre, le utilice como paño de lágrimas y punto. Porque si no, entraremos en lo que veo normalmente: oferta y demanda. Tanto doy si recibo. Y si encuentro a alguien que tiene mucho que dar, mucho mejor. Por el momento, lo único que ha pasado por mi vida son mujeres que:

1. No son capaces de dejar a su pareja sin antes catar al siguiente y ver si el cambio es a mejor.
2. Mujeres que no te ven como potencial pareja, pero les vienes estupendamente para ese tiempo de soltería. Quizá “mi pinta” o “fama” de ligón también ayude. Por otra, desde mi punto de vista, totalmente injusta.
3. Mujeres que no saben vivir sin pareja en el que eres un objeto para su realización personal y que te irás al carajo cuando dejes de cumplir esas condiciones.
4. Mujeres que se enamoran de ti pero que en realidad no te conocen. Es una bomba de relojería que puede terminar muy mal.
5. Chicas que están condicionadas para elegir al mejor postor de todo lo disponible.
6. Mujeres que son un verdadero tostón como compañía.
7. Bueno… y las que pasan de mí, que alguna habrá.

Podría poner algún punto más, pero creo que se me entiende. Y también soy consciente que si alguna mujer está leyendo esto, seguro que no se siente identificada. Mis amigas dirán que me junto con mujeres muy raras, o algo parecido, etc…. Pero los hombres me darán bastante la razón. De nuevo la guerra de sexos. Pero en algo sí les voy a dar la razón: Me gustan las mujeres guapas. Creo que la pasión también es un elemento a tener en cuenta. Y estas, como frecuentemente están muy en demanda, se olvidan de dar y se vuelven egoístas del todo. ¿Y qué pasa si eres hombre y piensas solo con la polla? Pues que te vuelves un hombre sin criterio real y te van a dar muchos palos… vete a alguna asociación de divorciados y empieza a tener miedo al matrimonio. Yo que tú lo tendría. ¿Y qué pasa si te vuelves selectivo? Pues que tendrás que decir que no muchas veces aunque no te apetezca, para evitar males futuros y tendrás que aprender a estar a gusto contigo mismo solo. Porque ahí está el truco: Para tener pareja, primero has de aprender a estar bien solo. No se puede buscar pareja desde la necesidad. Pero venga, os dejo que me metáis caña.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

O NEGOCIAS, O TE PARTO LA CARA

 Estoy seguro que sabes lo que está bien y lo que está mal, qué es lo justo y lo que no. Son cosas que a ti y  a mí nos han metido en el disco duro desde que tenemos uso de razón, pero que en cambio no nos han enseñado a aplicar, y cuando necesitamos hacer uso de esta justicia no sabemos por dónde empezar, o nos cuesta ponerla encima de la mesa, porque normalmente no nos hace falta hasta que nos vemos en peligro. El tema es que cuando tenemos que enfrentarnos al riesgo, no controlamos el mismo idioma de negociación de aquel al que tenemos enfrente. ¿A qué me refiero? Sabiendo que estamos inmersos en la pirámide alimenticia, y contando que somos tipos muy normalitos sin poderes mágicos, cuando tenemos que defender el territorio, el patrimonio, nuestros derechos, o nuestro estatus al fin y al cabo, lo tenemos que hacer contra alguien que está por encima de nosotros en esta pirámide de clases. ¿Qué ya no hay clases? Sobre el papel no, porque no queda bien decirlo; pero a día de hoy esto está más claro que el agua. Unos tienen y otros no, estas son las dos clases.

¿Negociación entre clases? Esto sigue siendo la jungla, por mucho asfalto y metrópolis por la que andemos, y la única forma de vivir aquí es adaptarse a la ley de esta selva, que no respeta todo este código de justicia que nos han insertado en memoria para que quepamos todos en el mimo sitio, compartir el entorno, o vivir juntos en la misma jaula según se mire. El mismo código que hace que no andemos en pelotas por la calle y nos agrupemos en tribus para vivir en constante caza y depredación. En teoría, porque la depredación existe: en la nómina, en los precios del supermercado y en tu puesto de trabajo. Nos han enseñado a hablar, a seguir las normas, a comportarnos y a fin de cuentas a comportarnos como animales domesticados.

¿Derechos? Nos han dicho que tenemos unos derechos escritos sobre papel y nos lo hemos creído. Craso error por nuestra parte ¿por qué? Sin olvidar que somos primates, el único código real que existe no es el civil, sino el de la sangre, que es lo único que nos queda cuando nos quitamos de encima todo el papeleo y la parafernalia que nos rodea. Desnudos venimos al mundo, pero nada más salir nos visten, nos educan en el mejor de los casos, y nos meten en su casillero que hace que la rueda siga girando. Aprende, trabaja y serás útil. Sigue las normas y todo te saldrá bien, es el código de barras que nos tatúan en la muñeca. El problema es que esto es mentira, porque aunque sigas el procedimiento, te pueden llamar un día a consultas… y decirte que Lo siento mucho, pero estás en la puta calle.

HÁBLALES EN SU IDIOMA

¿De qué sirve protestar? Ni que decir tiene, que protestar desde una posición responsable, es justo y correcto; pero te olvidas que a quien protestas no sigue tus mismos parámetros de justicia y responsabilidad. No habla tu idioma, ni te escucha, ni te entiende, ni empatiza contigo, ni con tu situación y por tanto, no va a solidarizarse contigo. ¿Cuál es el idioma que entienden? Solamente actuarán "cuando pase algo" o bien cuando les tengas cogidos por los huevos. El error consiste en creer que quien está arriba te va a escuchar porque tengas razón, derecho y justicia. No es el idioma que hablan. Y si atienden tu petición, no lo harán por sentimiento de justicia, o por entender una causa noble, o porque corresponda... Si no porque verán en peligro su estatus o su integridad.

Es así de simple, el código establecido no nos vale para negociar nada, solamente es válido para hacer cola y recibir órdenes. Pero no vale para que te entiendan, ya que son ellos los que te imponen este código, que ellos no se aplican a sí mismos. La única forma de salir de esta posición es romper la baraja, averiguar cuál es el punto débil del oponente y apretarle para forzarle a aceptar tus condiciones. ¿Por qué? El poderoso nunca te tratará de igual a igual, y solamente cederá cuando se vea en peligro. No hay más misterio que ese, ni papel mojado que valga por encima del instinto de depredación. A todo bicho viviente, le cambia la cara cuando le ponen en un aprieto, y entonces es cuando entran ganas de negociar: al rico, al pobre, al guapo y al feo… Así que ya sabes: O negocias, o te parto la cara.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

¿TE CREES SUPERMAN? III: LA EJECUCIÓN

 ¿Y ahora qué? Ya nos hemos enterado que eres estupendo y que eres la hostia, ahora solamente tienes que cumplir con tu compromiso. Cualquiera es capaz de sacarse una buena foto, pero del dicho al hecho hay un trecho, un camino tan grande como quieras hacerlo; porque una vez más solo depende de tu voluntad. Cumplir sí, he dicho cumplir y si no ¿para qué hablas? Se tarda más en pensar y en dudar que en ponerse en marcha. Prepárate porque te van a mirar con lupa, no solamente con quienes te has comprometido para ejecutar la tarea, si no también todos los mirones cobardes hijosdeputa, que estarán única y exclusivamente pendientes de controlar al milímetro por si fallas o desfalleces. Es así, aquel que es incapaz de moverse, el que grita, el que reclama y se queda señalando, no tiene otra cosa que hacer, y te reclamarán cómo propio, el fruto de tu esfuerzo. ¿Vas a darles el gusto de desfallecer? ¿vas a unirte a la fila de los cobardes para entregarles la razón en bandeja? Por orgullo, por ego, por compromiso, por presión, por vergüenza, por ti, por tus hijos, por lo que sea… Por lo que más quieras, pero hazlo. Lo importante es que lo hagas, tus luchas interiores no le importan a nadie más que a ti.

No quieras ser elegante, no quieras ser perfecto, no quieras deslumbrar… Hazlo mal, pero hazlo y pasa de todo lo demás. Tienes un compromiso contigo mismo y eres esclavo de tus palabras. Y si no, pues no haber dado un paso al frente y haberte identificado como responsable, como ayuda, como agente ejecutor, como actor principal. Eso los mirones de la sociedad jamás se atreverán a hacerlo. Esto es lo que distingue a los hombres de los cobardes: los hombres son fieles a su palabra y la ejecutan. Los cobardes hablan y hablan y hablan… reclaman, prometen propagan, pero jamás moverán un dedo. ¿Eres un predicador o un ejecutor? Eso solamente lo sabes tú.

Tú has tenido iniciativa, es tu momento y no te puedes quedar atrás. No mires a los lados, no escuches el murmullo, permanece sordo ante el bulto pasivo y haz tu trabajo. ¿Fácil? ¿Difícil? ¿Imposible? Una vez que ya te has manchado las manos, te das cuenta que la ejecución solamente es imposible mientras estás sentado pensando. Porque sí, te vas a manchar las manos, te vas a pringar y muy probablemente pierdas tu imagen de angelito celestial, de intocable y de infalible ¿eso te da miedo? Si tienes miedo a mancharte, mejor cállate la boca y no molestes, pero no pretendas que sea otro el que se manche las manos por ti. No seas como los demás, de esos hay a patadas y tú no eres así.
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SI NO ACTUAS ¡CALLA Y APRENDE!

Mientras estás haciendo lo que tienes que hacer, los que opinan, los “mirandas de balcón” reclamarán su derecho a la mera protesta, puedes contar con ello… Y te dirán que tienen derecho a protestar y a no mover un dedo. Enquistados en su tribuna como los éforos de la antigua Esparta, solamente se ceñirán a la parte del derecho que les conviene mencionar, olvidándose por completo de mencionar una sola responsabilidad mientras tú estás a lo tuyo, en faena, sudando la gota gorda y manchándote las manos. Quien quiera peces, que se moje… así de sencillo. Si a ti nadie te ha regalado nada ¿con qué derecho se creen a reclamar el fruto del esfuerzo ajeno? Sabes bien que para ti, no ha sido nada fácil empezar.

Te ha costado lo tuyo, pero también sabes que eso es lo realmente difícil: comenzar y perder el miedo a mancharte, a perder tu imagen, a renunciar a la apariencia, a vencer al desánimo y a subir una cuesta, que a día de hoy, puedes estar seguro que es una cuesta arriba. Mientras el resto sigue refugiándose en su derecho al pataleo, tú te has metido en faena, que era realmente lo que hacía falta hacer. Alguien tenía que empezar, alguien tenía que hacerlo y tú contra todo empezaste. Ahora ese “contra todo” es tu combustible. Si crees que esta motivación, tenía que sonar bonita, o debía ser más honorable… tú verás, lo importante y lo que cuenta, es que lo hagas, el cómo y el por qué, es lo de menos. Eso no te lo va a preguntar nadie, estás en un mundo en el que solo se miden los resultados y no las intenciones. Si te perdiste la segunda parte [fin de la serie]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

¿TE CREES SUPERMAN? II: LA REAFIRMACIÓN

 Pues sí, me lo creo ¿qué pasa? Esa es la respuesta. No tengas la menor duda, en que siempre es mejor creerse Superman, a quedarte arrinconado esperando a que venga alguien a solucionarte la papeleta. Superman jamás se quedaría quieto ante una situación difícil, jamás esperaría a que le diesen un premio o una medalla como recompensa, para quitarse el traje de Clark Kent y meterse en faena, jamás pediría protagonismo… Más bien sería un protagonista involuntario que reacciona, porque sabe que es capaz de intervenir. Superman no se quita ni se pone el uniforme, porque siempre lo lleva puesto, es su verdadera identidad, y en todo caso se quita lo que le sobra a la hora de actuar en lugar de adornarse. Cada vez que actúa, no hace más que reafirmar su propia y verdadera identidad, sacando lo que lleva dentro. ¿Cuál es tu verdadera identidad? Mientras muchos se refugian bajo un traje y una corbata, él se despoja de estas prendas.

Mira, te mentiría si te dijera que la reafirmación no suele ser consecuencia de un complejo de inferioridad. Te estaría mintiendo también si te dijera, que está exenta de ego, o que siempre es buena y saludable… Pero muchas veces, es lo único que nos queda para salir adelante. Esto no es el porque yo lo valgo y si lo fuera, enseguida te darías cuenta que la vida real no es un anuncio de L’Oreal, ya que probablemente alguien vendría a partirte la cara, o bajarte los humos, o pararte los pies. Bueno, y si esto sucede ¿te vas a dejar pisar? ¿te vas a quedar quieto y callado cuando te reprochen que te crees Superman?

 No seas imbécil, créetelo, porque más vale tener fuerza de voluntad que ser sensible a los reproches y al supuesto ridículo que te quieran hacer sentir los que se quedan sentados señalando con el dedo. Esto es un efecto rebote, no es magia. Cuando se toca fondo, solamente se puede mirar hacia arriba y sí… reafirmarse y recordarles a todos que tú has venido a hacer algo, que tú estás presente, que tú puedes actuar. Tienes algo que hacer y algo que decir, mientras el bulto cobarde, pasivo y reclamante mira los toros desde la barrera sin hacer absolutamente nada, intentando pasar desapercibidos en una masa de borregos, que les protege de tener que dar un primer paso, dar nombre y apellidos.

¡AQUÍ ESTOY YO! ¿QUÉ PASA?

Se te quedarán mirando incrédulos, pensarán ¿Y este tío de que va? ¿Quién se cree que es? Y a ti te la va soplar lo que piensen. Pues créetelo. Si te pasas media vida creyendo que no puedes hacer nada para cambiar el mundo que te rodea, que la otra media te la pases creyendo que sí se puede, y que puedes dar ese primer paso y dar la cara. ¿Dar la cara? Ese es el precio que muchos no se atreven a dar, porque no quieren cargar con ese muerto. La cosa es simple: la victoria nunca está garantizada por la exposición, pero nunca olvides que las respuestas las dan personas concretas, con nombre y apellidos que un buen día se plantan, y se lo creen…

Llega un momento en el que tomas conciencia, y una vez que lo has hecho sabes que no hay vuelta atrás que valga. Ya te han visto, ya te has declarado y te has quitado la camisa dejando tu pecho a la vista. Ya no es solo que tú lo creas, si no que los demás van a esperar algo de ti. Todos aquellos que no se han atrevido a dar la cara, se pondrás detrás de ti, y comprobarás en efecto que estaban buscando una referencia, un líder que les marcara ese primer paso que no se atrevían a dar. ¿Quién iba a ser si no? ¿Superman? No, Superman no existe, pero tú sí. Si te perdiste la primera parte [finaliza en parte III]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

¿TE CREES SUPERMAN? I: LA CONTRADICCIÓN

 Cuando ves que todo pasa a tu alrededor, y no sabes qué podrías hacer. Quizás sientas la impotencia de sentirte pequeño y esto te provoca ira ¿has sentido eso alguna vez? Me refiero a esta contradicción que se da en todos los seres humanos: ira e impotencia ¿no sientes ninguna de las dos? Debes ir sobrado entonces, o no debes estar hecho de carne y hueso… O bien todo te puede dar igual. ¿De donde sale la ira y la impotencia? De la lucha entre querer y poder. Una lleva la otra. Por dentro estás lleno de causas nobles, de luchas justas, de buenos sentimientos… quieres cambiar las cosas, quieres arreglar el mundo, o al menos la parte de mundo que te rodea. Te gustaría ser Superman y poder intervenir en todas las situaciones difíciles, arreglar conflictos, solucionar problemas y dar respuesta. En el fondo lo que todos queremos: ganar. ¿De donde viene la contradicción si todos queremos lo mismo?

El querer y el poder. Esta balanza de dos pesas la llevamos todos dentro: una es lo que puedes hacer y otra es lo que quieres hacer. Del conflicto entre ambas, nace nuestra lucha continua contra uno mismo. ¿Qué más tenemos dentro? Al bueno y al malo, al egoísta y al altruista, al héroe y al villano. Uno nos dice que actuemos en beneficio propio, y el otro nos dice que pensemos en los demás, en la comunidad y en el medio para que todo siga funcionando ¿quién puede más de los dos?

¿HAY UN BUENO Y UN MALO?

 No pueden ganar los dos, uno siempre tiene más fuerza que el otro. Uno te pinta un mundo fácil en el que tú eres el centro absoluto, mientras el otro te obliga a esforzarte porque sabe que nada es gratis y te recuerda que no estás solo. Uno piensa y otro actúa, uno es prudente y otro instintivo. Un guerrero y un pacificador condenados a vivir bajo el mismo techo ¿quién dijo que fuera fácil para un hombre escoger su camino? Pensar en sí mismo, o morir al ego para entregarse a los demás ¿Quiénes son los demás? Para entregarse a ella, a la familia, al trabajo, a un camino que le supone un sacrificio…

¿No sería más fácil vivir para uno mismo? Sabes que sí. Pero todo lo que te supone un sacrificio, lo haces en pro de conseguir un bien mayor, porque si no, no lo harías. No moverías un dedo si ves que no puedes ganar. Después te das cuenta, que nadie, absolutamente nadie, va a salvarte la vida, y que en efecto o mueves ficha, o todo se va a la mierda. No quedan héroes, solamente quedas tú, y o lo arreglas tú o no lo arregla nadie. En ese momento desaparece la lucha interna, y sale quien tiene que salir. No te haces preguntas, no debates… Solamente ves lo que hay y respondes.

NO PIENSAS, RACCIONAS

Uno de los dos muere, pero ni si quiera te lo planteas porque no tienes tiempo para pensar. Y no tiene por qué ser el bueno, o el malo. Sale quien tiene que salir. No hay ni bueno ni malo, todo lo llevas dentro. Uno no puede vivir sin el otro y lo sabes. Te das cuenta que ante un desafío, las contradicciones desaparecen, tus valores se vuelven uno solo. Puede que quien salga no sea quien tenías planeado, pero eso ya ni lo piensas. Eso es lo bueno: tu lucha interior solamente te pertenece a ti, y solamente eres tú el dueño del resultado final.  [continúa en parte II]

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

LUCHA POR TUS DERECHOS… ¡Y QUE SE JODAN LOS DEMÁS!

 Cuando en las noticias, los políticos emplean el término sociedad del bienestar, se me revuelven las tripas ¿sabes por qué? Porque es mentira. Hay cosas que la gente no sabe, porque si las supiera, probablemente emigrarían a otras zonas recónditas del mundo, o bien rezarían para que llegara un segundo diluvio universal. Algo cinematográfico y apocalíptico, algo que de una vez por todas hiciera justicia real ajena al género humano. Tranquilo, no se me ha ido la pinza, solamente estoy pensando en voz alta, acerca de algo de lo que la gente no es consciente: la llamada sociedad del bienestar tiene un precio, como lo tiene todo. No somos conscientes, del sufrimiento que generamos al resto del mundo, porque si lo fuéramos… probablemente muchos de nosotros cometeríamos locuras. En mi casa, tengo agua corriente, luz eléctrica, internet, calefacción y unas condiciones decentes de habitabilidad. Puedo permitirme el lujo de ver las noticias a diario, de desayunar, comer, cenar, ir a trabajar cinco días a la semana, tener vacaciones, tener tiempo libre para escribirte lo que vivo y lo que me pasa por la mente, salir de vez en cuando para ver a mi gente, dormir bajo un techo y permitirme el derecho de ejercitar mi libre expresión, porque hay una constitución que lo ampara, pese a quien pese. No, no me manifiesto, pero te voy a explicar por qué. Yo sé donde estoy.

Yo vivo en una burbuja que se llama primer mundo ¿y tú? Si estás leyendo estas líneas ahora mismo, probablemente estés sentado en alguna parte, bajo techo, mirando a tu monitor o consultando tu móvil, Smartphone, iPhone… o lo que coño tengas entre las manos para navegar por Internet. ¿Qué es el primer mundo? ¿una sociedad civilizada donde todos los ciudadanos están amparados por unos derechos, gozan de un mínimo bienestar y además, tiene la posibilidad de no estar conformes con su situación, expresarlo y tratar de ser mejores, competitivos y ver televisión? Podríamos llamarlo así, pero hay algo que no me encaja. ¿Esto es igual en todas partes? Sabes que no. ¿Te has planteado alguna vez que el llamado primer mundo, es fruto de la explotación y el expolio de todo aquello que lo rodea?

¿Cómo crees que se han fundado las ciudades en origen? ¿los estados? ¿crees acaso que la sociedad del bienestar que todos reclamamos y pretendemos disfrutar es fruto de la justicia universal? ¿crees acaso que todas las revoluciones son justas? No, de ninguna manera. Todos tenemos un sentimiento de justicia individual, que en lo más profundo, no significa más que salvar nuestra propia supervivencia y nuestro propio estatus. Pretendemos obtener justicia que reclamamos por derecho, porque alguien nos ha dicho que tenemos ese derecho, pero nunca nos paramos a pensar en el coste de nuestra sociedad de bienestar extra-muros. ¿A qué me refiero? No sé si alguna vez te has parado a pensar, que por muy mal que creamos que lo estamos pasando aquí, estamos dentro de una burbuja. Di entonces, que luchas por tus derechos dentro de la burbuja en la que estás instalado.

Este texto no te hace ni puta gracia ¿verdad?  Quizás a mí tampoco me haga gracia escribirlo, pero mi intención solamente es hacerte consciente de dónde estamos, y de igual forma, de dónde estoy. Nada de lo que ves a tu alrededor ha sido construido, fundado, obtenido o servido sin esfuerzo, sangre, guerras y desigualdades. Esto nunca nos paramos a pensarlo, porque solamente reclamamos cuando se nos quitan derechos, o se nos pretenden arrebatar derechos que venían en la carta constitucional a la que siempre recurrimos. Pero de lo que nadie se da cuenta es que vivimos mejor antes, que tenemos más que los demás y que dentro de esta burbuja llamada primer mundo, tenemos acceso a unos bienes y servicios, y disfrutamos de unos derechos que nos hemos creído, sin saber qué es lo que hay fuera.

LA JUSTICIA SOCIAL TIENE UN PRECIO

Y no, ni estoy de acuerdo con la desigualdad, ni con la injusticia, ni con la opresión, ni me agrada lo más mínimo que nos estén meando encima los políticos y los bancos. No me vengas con esas para justificarte y echarle la culpa a otro de tu propio egoísmo humano, ahora más consciente. Tú sigue culpando a cualquiera menos a ti, pero antes que sigas por la vía populista, te quiero hacer una pregunta ¿eres consciente de que eres un occidental que vive en la burbuja del primer mundo? Un primer mundo que es primero, porque el resto del mundo está por debajo sirviendo materias primas, bienes y servicios que todos disfrutamos y reclamamos a costa de todo aquello que está extra-muros, o mejor dicho fuera de nuestras fronteras. ¿Estarías dispuesto a renunciar a parte de tu bienestar para que todos realmente seamos iguales y tengamos los mismos derechos? Veo que te está cambiando la cara.

Y si no te cambia, es que sabes que protestas por seguir viviendo en una burbuja a costa del resto del mundo que te rodea. Sabes que eres egoísta, y prefieres seguir dentro. Jamás justificaré una desigualdad o una injusticia, pero si mi bienestar y el bienestar o los derechos que reclamas, suponen que haya alguien fuera de nuestras fronteras del primer mundo, que siga siendo explotado, puteado u oprimido… entonces lo menos que puedes hacer, es ser consciente de ello, callarte y seguir con tu vida. Y si no te lo ponen fácil, al menos buscártela. Estamos dentro, no te equivoques, y para que le des al interruptor de la luz y le pongas gasolina al coche, o puedas comprar pescado congelado, alguien a quien no les ha visto la cara, tiene que palmar.

Reclamas porque ves que te están quitando algo, pero piensa que tu estatus inicial, que tus condiciones de vida, y que tus derechos civiles, han sido ganados, fundados y creados con un precio que desconoces ¿crees que a partir de la nada? Para que tú tengas, hay que quitar de otra parte. Y quizás hayamos nacido teniendo, más de lo que realmente necesitamos como seres humanos para vivir. Tu bienestar y el mío, han nacido de una profunda desigualdad, delimitada por fronteras. O estás dentro, o estás fuera ¿dónde te ha tocado estar? Te recuerdo que porque algo esté escrito en papel, no tiene por qué ser verdad, o tiene que ser justo, o tiene que ser bueno para todos.

Esto es una jungla, y a ti y a mi, nos ha tocado nacer dentro de la burbuja. Piensa por un momento, que si realmente lucháramos por una justicia social universal, para que toda persona sobre la faz de la tierra, gozara de los mismos derechos, bienes y servicios ¿sabes cuál sería el fruto de esta propuesta? Probablemente, una guerra mundial, y un cierre radical de fronteras, auspiciado por los grandes gobiernos, para que “a nadie le tocaran lo suyo”. Pero espera, que igual me equivoco… Igual tú y yo, si estaríamos dispuestos a perder parte de lo que nos toca, para que nos quedemos al mismo nivel que todo el mundo ¿verdad? Porque sí somos distintos a nuestros políticos, gobernantes, banqueros y lideres sociales ¿a qué sí? Tú jamás empezarías una guerra para que no te tocaran lo tuyo, estarías encantado de compartir y repartir con los que tienen menos recursos ¿o no?

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

LA MADUREZ: UNA ENFERMEDAD DEGENERATIVA


Hoy te voy a contar un cuento, que deberían contar los padres a sus hijos pequeños antes de dormir, para que se vayan preparando para lo que les está por llegar: Érase una vez un tipo que podrías ser tú, al que le ocurrió una historia, que te podría pasar a ti... Si todos nacemos iguales ¿por qué acabamos siendo tan distintos? Si nuestras necesidades son tan comunes, conocidas y estudiadas ¿por qué hay tanta diversificación de productos y tantas dudas en cuanto a satisfacerlas? Me he vuelto a ir de cañas con Freud, pero esta vez también nos ha acompañado Nietzsche. Y mientras estábamos apoyados en la barra del bar, cruzábamos verdades bastante obvias acerca de lo que se entiende por madurez, dar pasos en la vida, avanzar, tomar opciones, bla, bla, bla… En el día a día, uno se ve siempre igual; pero si echa la vista atrás, se da cuenta que en su armario, hay prendas de vestir que ya no se pondría ni por dinero; o pantalones que se le han quedado cortos de cintura y ya no le caben. A mi me ha pasado con unos vaqueros que el año pasado, me sentaban de puta madre… pero después del verano, simplemente no encajan. Les hecho un par de cortes y los tengo para andar por casa. Ya no son mis vaqueros preferidos. Lo que hace solamente unos meses me valía, ahora es una prenda que llevo para estar en casa.

Uno no está toda su vida igual, ni siempre va a pensar lo mismo, año tras año. Por muy fuertes que sean tus convicciones, la vida se te va quedando pequeña si no vas tomando opciones. Es el Yo el que hace que te reafirmes, que te mantengas, el que vela por mantener la posición y también por tanto, el que se resiste a los cambios. El Yo no quiere envejecer, o mejor dicho… no se da cuenta de que va cumpliendo años y piensa que siempre va a estar igual. Esta es una idea propia de la juventud, de la adolescencia: las hormonas le dictan a tu cerebro que has de reafirmarte y tomar un papel protagonista en el mundo. Tiene que ser así: el ego, o el Yo cumplen su función: te convierten en protagonista de tu vida y te hacen consciente de tus actos, te dicen que puedes, te hacen presente en el mundo; pero de igual forma que una prenda de vestir, no te va  a servir para toda la vida, si lo dejas inmóvil, monolítico y te cierras a ser afectado o contaminado.

El Yo, también puede convertirse en una cárcel. Cuando te plantas en una idea fija, tu mundo se simplifica, y si esta idea fija no cambia o evoluciona, tu vida se irá reduciendo. Este es el sinsentido que te provocaría esta pregunta ¿Todo esto para qué? No sé si te la habrás hecho alguna vez, supongo que sí… cuando ves que tus ideas tienen limitaciones prácticas de ejecución, las has seguido y no has recibido la recompensa esperada ¿de qué te estoy hablando? Imagina por ejemplo, un desengaño amoroso, o un despido improcedente, o una decepción con un amigo, o que alguien en quien tenías tu referencia, ha dejado de serlo. Cuando anclas todas tus fuerzas en un solo punto, en un primer momento crees reforzar tu posición, pero a la vez de puertas para fuera, te conviertes en vulnerable, ya que te limitas a ti mismo la posibilidad de evolucionar o cambiar.

¿LA ETERNA JUVENTUD? 

El mayor engaño de todos es este: creer que siempre vamos a estar igual, que no vamos a envejecer y por ende, que vamos a vivir siempre. Si te das cuenta, todo el mercado, está montado en base al momento presente, en el ahora, en la eterna ¿juventud? No nos gusta pensar que envejecemos, aunque nos bastaría con mirarnos al espejo una vez al año, o sacarnos una foto para verla tiempo después, para darnos cuenta de ello. La muerte del ego, es necesaria siempre para cambiar de estado, para evolucionar. Toda evolución supone una muerte o una crisis de una etapa anterior. Si nos negamos a morir en parte, jamás cambiaremos… mientras vemos como el mundo en el que estamos, avanza. Bueno… avanza o deriva, según se mire. Cuando tu opción es libre, voluntaria y aceptada, puedes decir que avanzas. Si tu opción no es tuya, te dejas arrastrar, te subes al carro de quien sea, y simplemente delegas tus responsabilidades en lo que a ti te afectan, estamos hablando de deriva. De cara a la galería, puede parecer lo mismo; pero dentro de tu cabeza sabes bien que no lo es. ¿Qué pasa? ¿me vas a decir ahora que todo el mundo lo hace? Tú verás, es tu vida.

Lo que es de ilusos, es creerte la publicidad, o las palabras políticamente correctas, que te invitan a pensar, que se puede estar en misa y replicando; o sea, dar un paso y tomar una opción, por ejemplo: la paternidad, el matrimonio, el compromiso con una mujer o con una entidad, pensando que te va a salir a coste cero. Esa pequeña muerte del ego a nivel individual, es el precio que se paga por el cambio. Por un lado, es una reafirmación del yo, que te dice quién eres y qué es lo que quieres. Por otro lado, es una cárcel que te puede condenar a ser un eterno adolescente. Ningún cambio de estado, o ninguna mejora es a coste cero. No te creas el engaño del todo gratis, o de la eterna juventud de la crema anti-arrugas, o de pagar en cómodas cuotas sin enterarte.

Como puedes comprobar, la madurez es una enfermedad degenerativa, que hace morir al yo poco a poco. Es irreversible, porque tarde o temprano, todos nos damos cuenta, del precio a pagar a cada paso que damos: en tiempo, es esfuerzo, en sueño, en voluntad, en compromiso, en dinero… en compañía o en soledad, en lo que sea. La libertad individual, es un capital a invertir y solamente somos realmente libres, cuando hacemos uso de ella, cuando empleamos la voluntad y somos capaces de comprometerla o invertirla, sabiendo lo que hacemos. Tu tiempo es tuyo, no le pertenece a nadie más. Y se nos olvida, que es una cuenta atrás sin  remedio, porque no nos gusta pensar que se nos termina y que cada vez tenemos menos. Preferimos mirar para otro lado antes que reconocerlo.

Gimme a $dollar BB! Es una historia que te podría pasar a ti. Por eso te la pongo en la cara, para que veas lo bueno y lo malo, al  dejar lo de siempre a un lado. No todos se atreverían a dar este paso, y más sabiendo que quien arriesga, puede ganarlo todo… pero también perderlo todo. ¿Qué ocurre cuando un hombre no tiene nada que perder? Esta historia es un puñetazo a lo que crees que está bien, porque te darás cuenta que hay muchas cosas que no dependen de ti, y que marcan la frontera entre tus valores, y tus deseos más egoístas. Una vez más te diré, que los cojones, no se compran en ninguna tienda y siempre hay consecuencias; pero a lo mejor tiene que pasar algo, para que te atrevas por fin a dar el salto. ¿Estás esperando a que te pase algo?

SUPERVIVENCIA: DEPREDADORES Y PRESAS EN LA SOCIEDAD DE CLASES

 En este mundo que tenemos como escenario, no se nos permite descanso. Estamos en una época, en la que nos vemos obligados a sacar de dónde no hay. Estoy harto de ver en las noticias a diario, la versión moderna de la lucha de clases… porque es exactamente lo que estamos viviendo ahora. En términos menos sociales y más naturales, la lucha de clases, no es más que la competencia por los recursos disponibles en el medio. Esta lucha de clases, nos la hemos buscado e inventado nosotros mismos el llamarla así, reconociendo y separando, a los que tienen más recursos, de los que tienen menos en clases o categorías sociales. Yo esta clasificación no la veo, o mejor dicho… no me la creo. ¿Sabes por qué? Porque está basada en un sistema y en unos conceptos, que se podrían desmoronar mañana mismo. Tiendo a pensar en los extremos, para recoger la base real de las cosas, lo irremediable, lo básico y lo imprescindible. Ahora lo entenderás ¿Qué es el orden de clases establecido? Un maquillaje y máscara social, de la pirámide alimenticia dentro de la propia especie humana. Es eso y no otra cosa: es el quién se come a quién, quién vive de quién, quién se alimenta de quién y quién produce para quién. En la naturaleza, el depredador no le pide permiso a la presa, para cazarla y devorarla. Dentro de esta pirámide alimenticia humana, llamada sociedad de clases, pasa exactamente igual. ¿Sabes por qué me permito el lujo de hacer esta analogía? Porque somos animales, cosa que a menudo se nos olvida.

¿Te imaginas a una presa, tratando de convencer a su depredador para que no la cace y la devore, en plena carrera por salvar su vida? ¿Te imaginas en el otro lado al depredador, sentándose a negociar con su presa las condiciones para cazarla y devorarla? Esto, en la naturaleza no pasa. Y si somos animales, que formamos parte de esta naturaleza, o de lo que queda de ella, por muy listos, modernos e inteligentes que nos creamos, por saber manejar un smart-phone… seguimos pura, llana y exactamente, el mismo esquema que se da en el reino animal dentro de esta pirámide alimenticia. No cabe negociación entre depredadores y presas. La única relación que existe entre uno y otro, es quien devora a quién, y quién es devorado por quién. Punto. Porque dime tú, por poner un ejemplo ¿quién defiende a la hierba de ser devorada por los herbívoros? No todo son leones e indefensas gacelas, a la hierba también se la comen los antílopes ¿puede negociar la hierba unas condiciones antes de ser devorada?  Cumple su función, como la cumples tú y como la cumplo yo, dentro de este escenario llamado mundo “civilizado”.

Si quieres ser un depredador, tendrás que aprender a cazar. Y a menos que estés en esa casta desde el nacimiento, el depredador que te caza, no te va a enseñar a cazarle a él, ni te dará más derechos porque se los pidas, ni mejores horarios, ni mejor financiación, ni más dinero por mucho que le reclames. Es algo tan sencillo, como ver que el que está por encima de ti, en el orden de clases, vive de lo que tú produces. De hecho, vive de ti y tú, en cierta medida estás vivo porque él necesita que produzcas. No es más que un equilibrio dentro de esta pirámide alimenticia humana. Igual piensas que eres el último de la cadena y que estás trabajando para todo dios… ¿empiezas a sentirte una víctima? Piensa por un momento qué comes y qué llevas puesto. Para que lo veas claro, igual la prenda que llevas puesta, esa camisa que en rebajas te ha costado 9.95€, está hecha en  una fábrica china, donde los empleados ganan en un mes, lo que tú ganas en un día y trabajan expuestos a tóxicos. O por ejemplo, el móvil con el que llamas a tus colegas, y que usas a diario para cualquier cosa, lleva coltán en alguno de sus componentes. Y este coltán,  lo haya sacado un niño de 10 años que trabaja en alguna mina perdida de la República Democrática del Congo, o Sierra Leona. 
¿Y ESTOS NIÑOS QUÉ? 
O ACASO... ¿NO SON MINEROS?


Ah, no… que estos no son ni mineros, ni sindicalistas; pero te caen mejor los mineros por heroicos, que lo son… porque los has visto liarla parda por TV. Pero el chaval que saca coltán, también es minero y no lleva casco, ni canta el himno de los mineros, que tanto emociona, ni tampoco monta barricadas. ¿Te das cuenta? Todos estamos conectados en esta pirámide alimenticia, llamada sociedad de clases. Y el que está arriba del todo, especulando en los mercados y jodiéndonos la vida, no nos ve la cara, porque no salimos por la TV. De igual forma, que tú tampoco le ves la cara al congoleño  de la mina de coltán, que hace que tu puto móvil funcione... y el mío también. Hablamos de supervivencia, de devorar o ser devorado. Normalmente, pensamos en llegar arriba, en pedir justicia social, en querer dar el salto para que haya igualdad de derechos, en mejorar la calidad de vida… en consumir a fin de cuentas, antes que en producir, o mirar hacia abajo ¿hay alguien ahí?

Pero claro ¿esto quién lo paga? ¿quién lo sufre? Si pensabas que estabas abajo del todo en la pirámide, ya has visto que no es así. La pirámide alimenticia, no entiende de justicia social. Ni el de arriba te entiende a ti, ni tú entiendes al de abajo. Si el de arriba no está dispuesto a renunciar a seguir viviendo a tu costa como depredador y no negocia… Te pregunto, si tú también estarías dispuesto a renunciar a tu bienestar, para que el que está por debajo de ti, al que tampoco le ves la cara, viva mejor y en mejores condiciones. Pero si el de abajo que indirectamente trabaja para ti y produce para ti, deja de hacerlo ¿entonces de qué vive? Ahora mira de nuevo arriba y pregúntate ¿de qué vives tú? Animalitos somos, depredadores y presas no negocian.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!

LA CONFRONTACIÓN: SI, TE ESTOY HABLANDO A TI ¿QUÉ PASA?

 Últimamente me viene mucho  a la mente Travis Bickle, el protagonista de Taxi Driver... Ya sé que la escena de You talking to me? ha pasado a la posteridad, pero quiero contarte algo que igual no se te había ocurrido. Hoy no voy a tirar por el lado del antihéroe, por más que me guste en este personaje, si no más bien por su carácter solitario y su concepto particular de practicar la justicia. En efecto Travis pasa mucho tiempo solo, demasiado tiempo, y los personajes con los que se encuentra de noche, con los que contrasta su carácter solitario, dan cada uno para escribir una novela. La vida de noche es otro rollo y la ausencia de luz natural, afecta al cerebro de la gente. No es broma. Cuando uno pasa mucho tiempo solo, se crea sus propias leyes y sus propias normas, sus propias manías y vicios de conducta. Y como no tiene  a nadie con quien contrastarlos, o con quien comparar sus patrones de conducta, éstos se refuerzan por el hábito, hasta hacer que te conviertas en un bicho raro. Y si te pasa como al protagonista, que solamente se encuentra con gente rara, tanto o más que él, lo que te puedan aportar no siempre tiene por qué enriquecerte. En fin, qué te voy a contar… Nadie es perfecto.

No es lo mismo repetirte algo frente al espejo, sabiendo que no vas a encontrar oponente, que decirlo y hacerlo en la calle, con alguien de verdad delante. No te estoy hablando necesariamente de una confrontación física, ya sé que la escena invita a ello; pero ese ¿Me estás hablando a mí? delante del espejo, en la calle probablemente tendría una respuesta del estilo Sí, te estoy hablando a ti ¿qué pasa? Dando lugar a una confrontación prácticamente asegurada, a que menos una de las dos partes, se retirara a tiempo. No nos gusta que nos lleven la contraria ¿verdad? Pues discutir y la confrontación, el contraste y la diferencia, son precisamente los elementos necesarios, para que las personas maduremos y crezcamos. No basta con que sepas, si no además cómo desenvolverte con lo que sabes, o crees saber. Y solamente, cuando te encuentras con un bache, una dificultad, un reto o una confrontación en la que tienes que emplear tus recursos, sabrás si lo que sabes, te vale o no. Es puro aprendizaje condicionado: ensayo / error.

¿Temes equivocarte y por eso no actúas? ¿por eso no tomas decisiones? ¿por eso estás siempre igual esperando aquello del When you wish upon a Star de tu amigo Disney? Sí, esa filosofía aborregante que te dice que te quedes mirando arriba pidiendo deseos, a ver si te cae algo por suerte o don divino. Las estrellas no bajan solas del cielo, hay que ir a cogerlas: sean mujeres, sean trabajos, negocios o caprichos. Y probablemente, te tengas que pegar muchas hostias antes de conseguirlas. Si tienes suerte y ya partes con una cierta ventaja, aprovéchala porque no deja de ser capital a tu favor. Pero si no la tienes, has de asumir el riesgo de la confrontación, contigo mismo, o con el oponente y claro… contar la posibilidad de que puedes perder ¿eres capaz de asumir ese riesgo? Te recuerdo que aquí no hablamos para aventajados, aquí hablamos para gente normal. Ahora, más que salir a partirte la cara con alguien sin necesidad, la violencia a la que te llamo, es la de hacer que el capullo Disney conformista que llevas dentro, se vaya a hacer la mili con la legión.

SENTADO SE VE TODO MÁS FÁCIL

Desde luego que sí, pero ¿sabes qué? Yo te puedo decir como españolito de a pie y tipo del montón, que hay que pegarse algunas leches, para que las cosas te salgan, porque no las regalan. Esto lo sabe, hasta el ratón del experimento, al que meten en un laberinto para encontrar el queso y le cronometran. Tardará lo que tarde, pero lo acabará encontrando. Como tú no eres un ratón inocente de laboratorio, eres tú quien ha de optar por meterse en el laberinto. Si no, no hay premio.  A veces sale y a veces no, pero la lotería no deja de ser un juego para tontos, porque en ese caso, la banca siempre gana. Es pagar por una promesa incierta, que ni si quiera depende de ti, o de nada que puedas hacer ¿no te das cuenta? No hay otra forma de crecer, cambiar, ganar o salirte con la tuya, que apelar a la confrontación con uno mismo… y después con las barreras externas, o con el tocapelotas de turno, pero primero siempre con uno mismo. Recuerda: sí, te estoy hablando a ti.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!

¿ERES UN BICHO RARO? CUANDO LA ESTÁS CAGANDO… Y NO SABES POR QUÉ

 ¿Te es familiar esta sensación? Te sientes metido en el fango y parece que da igual lo que hagas… Por más que te esfuerces, no das pie con bola. Montas un circo y te crecen los enanos. Puedes llegar a  creer incluso que estás bajo una maldición divina ¿Qué estoy haciendo mal? Suele ser la pregunta. Las cosas no son tan obvias como nos gustaría que lo fueran, y si lo son… solemos estar más pendientes de otras cosas menos importantes que nos despistan; o queriendo curar síntomas sin pararnos a buscar la verdadera enfermedad. Normalmente es más lo segundo que lo primero, o sea, que tratamos de achicar agua de la barca que se hunde, en lugar de plantearnos tapar los agujeros antes de salir a navegar… qué ejemplo más prosaico ¿verdad? Hay que tomarse un tiempo para repararse uno mismo, aunque tengamos la sensación (yo el primero) que podamos estar perdiendo el tiempo, o la falsa ilusión de que “no estamos haciendo nada”. Cuando se tiene esta sensación de estar cagándola de continuo, es porque en efecto, algo se está haciendo mal, pero esto es solamente un síntoma, no el problema en sí.

Desde luego, si no te paras los pies por temor a perder el tiempo, o por ejemplo por temor “a que se te pase el arroz”, vas a persistir en hacer lo mismo de siempre, una y otra vez. Ese es el fallo: hacer lo mismo una y otra vez, cuando sabes que siempre que has obrado de esa manera, la has acabado cagando. Animalitos somos, y esto en realidad lo que quiere decir biológicamente, es que nuestras rutas neuronales son siempre exactamente las mismas. Por eso no cambiamos, o por eso nos da miedo hacer algo diferente  a lo que solemos hacer. Miedo a salir de la zona de confort, porque ello implica actuar de otra manera, y por ende pensar o dialogar con uno mismo, de una manera distinta a cómo lo suele hacer.

Conforme uno se va haciendo viejo y cascarrabias, cada vez estas rutas neuronales, o en cristiano: tu forma habitual de pensar y hacer las cosas, se va acentuando, reafirmando y hasta viciando. Las manías aumentan con la edad, ese sería un buen ejemplo para explicarlo: las manías no son más que rutas neuronales viciadas, traducidas en conductas, que nunca han entrado en conflicto, o en contraste con otras conductas. De ahí el famoso “es que yo soy así”. Bueno, hasta cierto punto eres así, y hasta cierto punto has elegido ser así. En el fondo, todos los atascos inexplicables, que sufrimos a lo largo de la vida, son fruto de no querer entrar en conflicto con nuestras rutas habituales. Por eso creemos “que lo estamos haciendo bien”, y a pesar de ello, no hacemos más que tropezar una y otra vez, en la misma piedra.

Queremos que los planes salgan bien, pero a la vez evitamos el conflicto y la confrontación con nosotros mismos. Nuestras rutas son nuestras, y no queremos que nos las toquen, porque nos definen. De hecho, es intelectualmente más sencillo, tratar de imponer tu forma y hábitos, que entrar en conflicto con uno mismo y someter a duda metódica, cada uno de nuestros vicios conductuales. Dicho de forma sencilla: solemos pretender que palmen los demás, o que el esfuerzo por entendernos y aceptarnos lo hagan los demás, antes que a la inversa. Es humano, es la economía del mínimo esfuerzo: este es mi camino, y lo ando así… a mi manera, el que se quiera subir a mi tren que se suba, que yo no me bajo del burro ¿te suena esta forma de pensar? Date cuenta que aunque común, esta forma de pensar, hace que nuestra vida sea una pelea de egos continua contra el mundo. Y el ego querido amigo, como decía mi abuela, no da de comer.

¡ME ENCANTA QUE LOS PLANES SALGAN BIEN!


Y a mí, por supuesto, pero no siempre puede ser. Y si además nunca te sale nada de continuo, crees que estás gafado y que todo el mundo vive solamente para joderte la vida… te aseguro que te estás equivocando y mucho. En primer lugar, no eres tan importante como crees, la gente tiende más a ir a lo suyo, en lugar de vivir solamente para machacarte a ti. Y en segundo lugar, si una vez y otra, y otra, y otra, y otra… obtienes siempre los mismos resultados, fallas de continuo, o la cagas, y en tu mente aparece el síndrome  “yo contra el mundo”, es porque haces lo mismo una y otra vez. Si no cambias tu hoja de ruta, seguirás teniendo siempre los mismos resultados. Es simple ¿verdad? Recuerda que no eres el centro del universo.

¿Cómo se hace para que las cosas salgan bien? Pues mira, no tengo la piedra filosofal. Solamente te puedo decir cómo hacer para que las cosas cambien: pensando y actuando de forma diferente. Punto. Ese es todo el misterio ¿Qué los demás no te dejan? ¿Qué la rubia no te hace caso cuando la llamas? Pues pasa de la gente y deja de llamar a la rubia. ¿Qué es lo primero? ¿hacer o pensar? Una cosa lleva a la otra. Lo que tu mente ahora no da por bueno, o entra en conflicto con lo que haces habitualmente dentro de tus rutas habituales, tendrás que forzarlo por encima de tu umbral… No te quedan más narices, es así como se aprende y como se evoluciona, llegando a tus propios límites. Hasta que duela. Y cuando veas que en efecto, no pasa nada, y que por eso no se muere nadie, una nueva ruta neuronal en tu cerebro quedará inaugurada. Hay que forzar la máquina, si no, las cosas nunca cambiarán.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber  y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!