¿QUÉ HAY DE LO MÍO?

Esta es una pregunta que debe estar haciéndose mucha gente. Mi trabajo en gran parte consiste en pelear reclamaciones, estoy bastante acostumbrado a leer esmeradas redacciones, siempre en contra, con más o menos fundamento de causa, cada una de su estilo, pero que suelen terminar siempre con la misma demanda: compensación económica. Está por ver que todavía me llegue una a la mesa en la que se pida que se haga justicia omitiendo esa archi repetida rúbrica. Ni que decir tiene, que las hay que merecen ser compensadas por causas obvias: un accidente, una no prestación de los servicios contratados, un incumplimiento de contrato, una huelga, un conflicto en el país de destino… hasta un fenómeno meteorológico, contra el que obviamente no se puede luchar ¿Sabes algo? De las que son realmente procedentes, no debe haber más de un 5-10% tirando a largo y siendo generoso. Es así, te lo digo yo que me dedico a discriminar información útil y verdadera, en un entorno, en el que todo el mundo trata de omitir responsabilidades para no palmar pasta, o de demostrar inocencia, culpabilidad ajena o incumplimientos absurdos de satisfacción con los servicios prestados, que rozan los recursos de argumentación que se emplean en guiones de cine.

La gente ha cambiado desde hace mucho, gracias al modelo anglosajón su sentimiento de justicia, y equipara el recibir dinero como paliativo, a prácticamente cualquier situación. Como reza el Dr. House: TODO EL MUNDO MIENTE. Es algo que aprendí hace tiempo y que aprendo día a día. Prima el egoísmo individual, sobre cualquier otra fuerza de la naturaleza, en perjuicio de las causas verdaderas: la justicia, la salud y el trabajo. No te hablo del amor, porque en cuanto a esta faceta, no se puede reclamar: o lo hay o no lo hay, así de simple.

Cuando te encuentras en una encrucijada, en la que sabes que tienes que medir varios intereses, argumentos, pruebas y que todos los agentes implicados están expectantes, a la resolución que das, para ver hacia qué lado cae el peso de tus decisiones, te das cuenta que por muy bien que lo pretendas hacer, siempre va a haber alguien que no quede conforme con la decisión tomada. Siempre va a haber alguien que quede exonerado, un culpable, un mentiroso, una supuesta víctima y otro que al final debe retratarse y pagar. En este sentido, puedo asegurarte que nadie, está dispuesto a pagar a menos que no les quede más remedio, esté justificado y demostrado que ha de hacerlo. De igual forma, todos están abiertos a recibir, a que se reconozcan sus argumentos a favor y a que los exculpen, compensen e indemnicen.

No es fácil, es un trabajo que te tiene que gustar y que implica una capacidad que muy poca gente está dispuesta a asumir: tomar decisiones y ser responsable de las mismas, porque esa misma decisión va a afectar a varias partes que van a salir beneficiadas, perjudicadas y en los menos casos, indiferentes. Cuando uno toma decisiones, puede acertar, o puede equivocarse; pero lo hace porque él es el responsable de asignar los papeles que te he citado antes. En muchas ocasiones, te encuentras con que no puedes demostrar y obrar a favor de la justicia, porque tu cliente no te presenta pruebas sólidas, a sabiendas que puedas saber en mayor o menor medida que te esté diciendo la verdad. También por otro lado, te puedes encontrar con un malo de la película, que tenga las espaldas muy bien cubiertas y contra el cual, te es difícil actuar. Eso jode, porque sabes que con tus herramientas, que son la argumentación y las pruebas documentadas, el otro quizás tenga más elementos que tú para ganar.

No es justo, nadie dijo que lo fuera, pero se trata de depurar al máximo toda la información que está a tu alcance, y transformarla en algo útil, fuera de causas emocionales, lágrimas de cocodrilo, exageraciones, parcialidades y ausencia de pruebas sólidas en muchos casos. Esto te lo digo, porque también existen, y cada vez en mayor medida, los que saben dónde están los límites exactos de tus condiciones generales y de las de los productos que vendes, para ir precisamente a explotarlos de forma fraudulenta… y si no pueden, al menos lo intentan. No puedes dejarte llevar por una primera impresión, una emoción o una simpatía o empatía. Hay gente que sabe más que tú, y para ser lo más justo posible, has de atenerte a las matemáticas, a la legalidad y a las pruebas. Todo esto, viene reunido en una secuencia estudiada de pasos, que te garantizan por lo menos, fiabilidad y veracidad. ¿La solución?

PRIMERO SIGUE EL PROCEDIMIENTO

Así no te equivocas nunca, o casi nunca… ya que el procedimiento también se agota. Cuando te has quedado sin herramientas para seguir avanzando, y tanto a tu derecha, como a tu izquierda, te encuentras con voces de desacuerdo y no conformidad, y por todas partes te encuentras inmerso en un barullo de información en exceso y desacuerdos mutuos, tienes que parar y enfriar la situación. Tienes que pensar, y asumir, que para que el daño a las partes sea el menor, y el beneficio, sea compartido, has de negociar. Sí, eso que tanto gusta a los empresarios, y tan poco a los funcionarios porque les hace pensar y no les pagan para eso claro… Háblales de procedimientos, pero nunca de dar de sí mismos para que algo salga adelante.

Y DESPUÉS NEGOCIA

Cuando negocias, sabes que vas a tener que ceder y procurar que también ceda el otro, el otro y el otro, para que a su vez todos puedan ganar algo, o por el contrario, no palmar en exceso. Tienes que conocer las posibilidades y margen de maniobra que tiene cada uno para actuar, y conocer exactamente cuáles son tus límites operativos. La diferencia con lo anterior, es que aquí ya los pasos, no te los dicta nadie, tienes que proponerlos tú y construirlos poco a poco en una mesa redonda, en la que hay más agentes implicados, que ya han aportado argumentos, pruebas y documentación. Tienes que volver a medir responsabilidades ajenas y propias para llegar a un acuerdo y muy posiblemente, evitar un mal mayor aceptando males menores. Tienes que estar preparado, para saber que quizás vayas a palmar, o a salir exonerado, pero en cualquier caso, sigues siendo responsable del resultado.

Esto es lo que más le asusta a la gente hoy en día, responsabilizarse de sus decisiones; porque todos desean ganar y no palmar… que palme otro ¿verdad? Otro que no sea yo. Pero precisamente lo que distingue a la gente que crea movimiento, del resto del bulto pasivo, es esta capacidad de asumir responsabilidad en su toma de decisiones, acertar y equivocarse. El que no está dispuesto a asumir una responsabilidad, jamás se equivocará… porque nunca hará nada. Volvemos al principio ¿En qué lado estás? ¿Qué hay de lo tuyo? ¿Quieres que te lo diga yo? Aprende a pensar un poquito, que es gratis.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!

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