MESÍAS DE PLÁSTICO

¡Qué bonito! Apelando al corazón, a la esperanza siempre constante y abstracta, claro… a la confianza, a la voluntad de mejora, al compromiso, a la bondad colectiva, porque la propia ya sabemos cómo termina: en completo individualismo puro y duro de manual de economía. Porque sí, es así y supongo que habrás vivido lo suficiente como para darte cuenta, que siempre se espera de la bondad colectiva, las carencias de la propia. Es por eso que pagamos impuestos para tener un sistema con cierta protección social, porque si las aportaciones fuesen voluntarias… Todos tenemos muy claro, que la primera cuenta que pensamos llenar es la nuestra y después, si queda para la colectiva, pues si hay que poner por ley ¡se pone! pero solamente si procede hacerlo ¡ojo! Espérate, que quiere hablar el héroe, el San Francisco de Asís de Palo, botellón, comercio justo, porro, manifestación, aprendiz de cantautor y subvencionado por sus padres, o por varios mecenas ciegos y confiados, que crean en ese idealismo tan sumamente generoso.

¿Cómo? habla más alto que no te oigo, intenta vocalizar ¡V-O-C-A-L-I-Z-A! Qué generoso eres, con lo que no tienes ¡claro! El que no genera, crea, contribuye o emprende, suele pensar que todo es gratis, porque todo se lo dan hecho. Y habla antes de derechos, que deberes. Y si no se lo dan hecho… se lo dan masticado, subvencionado, regalado, donado, prestado o cedido. Cree que el bienestar se genera solo, y lucha contra el capitalismo, la dictadura y la injusticia empresarial, mientras se coloca un palestino sobre una camisa del Ché, antes de irse de cañas por La Latina un domingo por la tarde, con un zurrón medio vacío que adorna más que porta, y una chapa de antitaurino en la chapela… que tampoco le gustan los toros al chaval.

Ya puestos a pedir en asamblea, en la plaza del pueblo y siempre cerca del bar proclamas que no van a ninguna parte, intercaladas con gracias pizpiretas… pues pidamos también aparte del TODO GRATIS y que trabaje otro que no sea yo, QUE VENGA EL MESÍAS, el que nos salve sin que tengamos que mover un dedo, el que nos diga que sí a todo, vamos el “panacea man” de los caínes que no de los abeles. Aquél que promete felicidad a precio cero, aquel que aboga por la libertad sin límite y aquel que rodeado de una aureola de simpatía popular, y afirma sentirse orgulloso de sus creencias, que le han llevado a convertirse en un ser humano de excepción, eso sí, a costa del resto de los que sí hacen algo.

¿De verdad la gente se cree todavía estás cosas cuando las prometen por la TV? Personalmente, me parece asombroso, que en el mundo en que vivimos haya gente que piense que la riqueza y el bienestar se crean de la nada. Que lo diga alguien que viva entre algodones y que siempre haya estado así, pues es algo de esperar ¡bendita inocencia! Pero me pregunto realmente, si alguien hoy vive de esta manera. Y no, no me refiero a un pijo de cuna, o a un noble de capa caída y de portada de revista de cotilleos, sino a alguien normal. Por cierto, cuando me refiero a pijo, no te hablo solamente de los borjamaris, sino también de los que van de alternativos por Lavapies y vuelven en taxi a Puerta de Hierro o a su chalet en Pozuelo o Boadilla… que los hay a patadas. ¿Queda alguien que haya cotizado en su vida que piense que existe algo gratis? Debe ser que no han visto los carteles de…

¡ACEPTAMOS VISA!

… que habitan en las cristaleras de la práctica totalidad de los comercios. Parece una parodia, o un artículo barato o de broma, que pretende burlarse de alguien ¿verdad? Pues lo cierto, es que no lo es. Es penosamente real que haya gente que se crea estas cosas, de tu edad o de la mía. Quiere decir algo muy simple: existen personas, hombres y mujeres que se piensan que entre estas cuatro paredes se puede vivir así. Yo digo simplemente, que si no están conformes con estas cuatro paredes y su funcionamiento real, que se fueran a tomar por culo fuera de las mismas, se fueran al campo y practicaran el amor libre por delante y por detrás.

Por otra parte y dejando disyuntivas, estas cuatro paredes propuestas, tampoco son la panacea ¿verdad? La cuestión es que hay que tener cojones bien para cambiarlas, bien para salir de ellas… No lo niego; pero esto se hace creando y no pidiendo a los que proponen y disponen dentro de ellas. Es fácil, por todo se paga un precio: por comer, por tu casa, por tu salud, por follar… sí, por follar también. Hasta el mesías de plástico que anuncia a bombo y platillo el “todo gratis” tiene que pagar, aunque sea muy guapo y muy simpático. Lo que pasa, es que es más listo que tú, y pretende que le pagues sus vicios y virtudes, la doble V ¿te suena? A mí sí, estoy cansado de verlo. Tanto… que te pregunto si realmente te crees todo lo que te dicen por la tele.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!


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