LA PRUEBA DEL AUTO

Qué ganas tengo de… tantas cosas y todas buenas, frente a tanto despropósito que hoy a pesar de ser un día plumboso, trataré de obviar quedándome con los bueno y de ahí en adelante. Es jodido ¿eh? Cuando hay otoño en el corazón, sabes que después viene el invierno… y repasando mi histórico, me doy cuenta que hace tiempo que no te hablo de amor. Igual de pareja sí y de otros escapes varios que veo necesarios para el día a día, pero no de amor. Haciendo repaso de mi último año de experiencias para la próxima publicación de P&R: DIARIO DE UN SINGLE, y sí… hay tela que cortar, no mucha, pero sí tías de las que hablar e hijoputeces varias, de las que harán que alguna que otra se eche las manos a la cabeza y piense aquello de ¿Cómo se puede ser tan cabrón? cuando lo lea. Pues sí ¿cómo se puede? Yo preguntaría lo mismo, pero antes que lamentar puntualidades y experiencias, prefiero sacarles provecho. Aún así, el amor sigue sin aparecer por ninguna parte, no porque no sea materia de tu interés, que sabemos que no lo es, que lo que te pica a ti es otra cosa que empieza por P, si no porque sigue sin haberlo. Amor ¿qué fue de él?

En UNA HISTORIA DEL BRONX, película dirigida por Robert de Niro, Sonny (Chazz Palminteri), el mafioso local, le cuenta a Calogero, su protegido, que en la vida de todo hombre, hay tres grandes amores. Hablando de amor verdadero, ante una inminente primera cita que el joven italiano, tiene con una chica de color, cosa absolutamente prohibida entre barrios. Para saber si ella es uno de estos tres grandes amores, Sonny le propone LA PRUEBA DEL AUTO:

Pon mucha atención: paras el coche delante de ella. El seguro de su puerta tiene que estar cerrado. Sales, cierras la puerta con llave y te acercas a ella. La conduces hasta el coche, sacas la llave y dejas que suba. Cuando esté dentro vuelves a cerrar la puerta. Luego vas por detrás y miras por la ventanilla trasera. Si la chica no se mueve para levantar el seguro de tu puerta para que entres, olvídala. –¿Así de sencillo? ¿qué saco con eso?- Escúchame hijo. Si es incapaz de molestarse en levantar el seguro para que puedas entrar, significa que sólo piensa en sí misma. Y eso no es más que la punta del iceberg. Pasa rápidamente de ella.

Interesante ¿verdad? La chica en la película, le abre el seguro y Calogero, pega un salto de alegría que no le cabe en el cuerpo. Ella definitivamente será un gran amor verdadero. Es un ejemplo muy, pero que muy gráfico, de los que me gustan a mí. Con pequeños detalles cómo estos, es como mejor se puede ver que lleva la tipa a la que has invitado a salir lo que lleva por dentro aparte de sonrisas y ser muy mona. De igual forma, una de las preguntas que te hago, y te la hago a ti ahora que se ha puesto tan de moda, esto de ser exigente en las relaciones: ESTÁ MUY BIEN PEDIR, PERO ¿CUÁNTO ESTÁS DISPUESTO A DAR?

Normalmente cuando nos gusta una mujer, tendemos a justificar cada uno de sus gestos, y el problema se da, no porque lo hagas tú, sino porque si no la justificas tú, se justificará ella sola, o bien habrá otra tanda de gilipollas que la justifiquen a coro si está buena. Quizás solamente por ello, así está el patio. ¿Queda alguien en la sala con los pantalones subidos? Ya veo que no. En fin, creo que a este paso y por más que me esfuerce contigo…

ACABARÉ DEDICÁNDOME A OTRA COSA

Teniendo en cuenta que gran parte de la publicidad y de los productos de consumo femenino no están encaminados a reparar “defectos fabricación” sino todo lo contrario, a justificarlos y a reforzarlos... no estás luchando solamente contra un ego femenino enorme. Porque bueno, su ego puede ser enorme, pero a la par es frágil y quebradizo, pero tienes en contra, a toda una economía del sorbe-seso, que por mercado no interesa retirar de la pantalla, ya que quitar el seguro de tu lado del coche no lo harán, o les costará horrores devolver una llamada para “no parecer fáciles”, pero soltar pasta para cremas que prometen la eterna juventud, productos de dieta y maquinillas Venus "para diosas como tú"… para eso que no falte. Algo parecido al mercado del porno para los tíos, que refuerza fantasías y fantasmadas varias, pero más políticamente correcto y por ende, público y aceptado.

No nos damos cuenta, porque tiran más dos tetas que dos carretas… mejor dicho: no nos queremos dar cuenta, pero la disponibilidad la otorgamos nosotros y solamente nosotros, pero ni sabes ni quieres aprovecharte de este capital porque te nubla el sometimiento a tu pene. Es que macho… no te sabes aguantar las ganas.

Si ella se sube el precio o se sube a la parra, que lo haga si quiere; el problema no es ese; el problema es que va a venir un capullo y va a comprar sin mirar a los lados. Y si compra el capullo, otro más tonto que él que quiera lo mismo, pondrá más en la balanza, y ella que es de todo menos tonta pensará –Si este capullo pone tanto, y este otro gilipollas me ofrece cuanto… estoy segura que si me subo a tanto + cuanto + esto otro, entre los dos se van a partir la cara por pagarlo- y fíjate tú, hay capullos haciendo cola en la puerta, y la fila da dos vueltas a la manzana. Todo, por una tía que metafóricamente, ha sido incapaz de quitarte el seguro de la puerta para que entres al coche y para llevarla al cine y a cenar. Oye, a todo esto se me ocurre una obviedad predecible de las mías ¿Y qué pasa si dejas de pagar?

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!


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