ADÁN Y EVA: ASÍ SERÍA HOY LA HISTORIA II

Modelo: Mari Arauz

Fotógrafo: Andy Quarius

A Adán se le había quedado cara de gilipollas ¿A cuento de qué ese desplante? –Esto me pasa por capullo, pero… ¿qué iba a hacer si no?- Desanimado, dio un paso y se puso bajo el árbol. Se sentó a la sombra y vio el hueso del fruto prohibido que había escupido Eva, después de habérselo comido todo ella. –Así me siento yo ahora, como este hueso… creo que me lo voy a guardar de recuerdo, para que no se me olvide lo que ha pasado. Me haré un colgante con él- Justo cuando lo estaba cogiendo, en ese momento apareció Dios, el señor de esas tierras y ¿cómo le pillo? Adán estaba desnudo, sentado bajo el árbol y con el hueso del fruto prohibido en la mano. Viendo la cara con la que le miraba el señor, enseguida se percató de cuál era su situación. Serio, erguido y con cara de cabreo, se le acercó Dios y le dijo –Pero ¿no te he dicho mil veces que no te acerques a este árbol? ¿Qué no puedes comer de él? Pero ¿de qué vas?-

Adán quería hablar, explicarse, pero el señor no le dejaba abrir la boca. Le estaba echando una bronca de campeonato –Estás aquí de puta madre, viviendo de gorra, puedes hacer lo que te dé la gana… Y encima, porque te veía aburrido, esta mañana te pongo a una compañera que no te podrás quejar… pasas de todo, te vas al árbol desobedeciendo la única orden que te he dado, te comes el fruto y te quedas ahí sentado viéndolas venir- Lo que Adán suponía, se iba a llevar él toda la bronca, sin comerlo ni beberlo.

En cuanto pudo, levantó el dedo para pedir turno de palabra –Pero, señor… yo no he sido, yo solamente había venido a…- dijo Adán temblándole la voz –¿A qué?- dijo Dios de muy mala leche –Pues he venido a salvar a Eva de la serpiente y… ella me iba a dar el fruto, después no me lo dio… y después ella… ella… se fue- –Y se puede saber ¿qué tiene que ver eso con que le hayas metido mano al árbol?- Adán no quería echarle la culpa a Eva, le parecía cobarde, ruin, poco masculino –Nada… no tiene qué ver nada señor, te pido perdón- –Anda, anda… vete, vete que mira que me cabreo ¿eh? No te quiero ni ver- Adán resignado se levantó, sabía que cualquier cosa que dijera en su defensa, no sería creíble, sonaría cobarde… todas las pruebas apuntaban en su contra –Señor ¿has visto a Eva?- Y Dios levantó el dedo con bastante cabreo y le dijo –Si, la he visto irse por allí… ¡lárgate de aquí y búscate la vida!- Y Adán con la cabeza gacha, se fue en la dirección en la que le habían señalado.

Se metió en la frondosidad, y con una hoja de plátano envolvió el recuerdo de aquella experiencia, plegando los vértices de la hoja. Arrancó una fibra de la rama, ató los vértices e hizo un nudo. Se colgó su amuleto y comenzó a andar, siguiendo el rastro perfumado de la piel de Eva ¿qué más podía hacer? Tendría que aprender a vivir solo de nuevo, a buscarse la vida y a actuar con más inteligencia la próxima vez. Ahora le iba a resultar más duro montárselo por su cuenta, no porque no supiera correr, cazar o trepar por los árboles… ahora algo había cambiado. Había conocido a una mujer, mejor dicho, a la única mujer sobre la faz de la tierra, siendo él el único hombre. Lo lógico era que estuvieran juntos, si no ¿para qué la existencia del uno y la otra? Siguió abriéndose paso por la selva, hasta que vio un claro en la vegetación. Aceleró con ansias para ver qué había al otro lado, a pesar que la última vez que vio un claro, se buscó un lío.

Puso un pie, detrás el otro… y el tacto de la hierba desapareció. Miró tras de sí, y la selva se había cerrado por completo a su paso. Miró al norte y solamente veía desierto, kilómetros y kilómetros de arena infinitos y eternos. No le gustó lo que vio y quiso dar la vuelta, pero la maleza pasó a convertirse en un muro infranqueable de sólida roca cerrada ardiente por el sol. No quedaba más remedio que caminar hacia delante y buscarse la vida. Adán dio un paso, y después otro paso, y otro y otro… hasta que aquel muro de roca se hizo cada vez más pequeño a sus espaldas. Ni una sombra, ni un alma viva, solamente el ínfimo rastro de un agradable olor femenino y unas huellas, algo más pequeñas que las que él iba dejando y que empezó a seguir. Continuará… Si te perdiste la primera parte. Continua en la tercera parte

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber y no conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!

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