LO SIENTO… PERO NO ME INTERESAS, por CAÓTICA

Soy mujer, tengo 31 años y hace casi un año empecé mi primera relación sentimental verdaderamente enriquecedora y sana. Eso deja tras de mi unos cuantos años de relaciones frustrantes y frustradas, de desastres en la jungla del mercadeo de la carne, y de bastantes rechazos.

El rechazo jode, así... con todas las letras. Jode porque ataca directamente a nuestro ego, y, a menos que tengamos la vida espiritual del Dalai Lama, el ego tiene una importancia más que notable en nuestras vidas. No conozco ninguna forma de rechazo que no joda, del mismo modo que no conozco ninguna forma de depilarse el vello púbico, de raíz, sin cagarse en todo lo que se menea. Pero hay una cosa de la que si estoy segura: Si a la esteticista se le ocurre prescindir del tradicional tirón rápido y seco, y empieza a arrancar mi vello poquito a poco, la patada en la boca se la lleva fijo. Supongo que se va intuyendo a donde quiero llegar…

Últimamente vengo percatándome de la cantidad de gente que no se atreve a rechazar de un modo claro y contundente. Hace tiempo, por mis propias experiencias, tenía la impresión de que era un problema de los hombres. Pensaba que, al caballero que muchos de ellos llevaban dentro, se le hacía muy difícil decirle a una mujer que no estaban interesados en ella. Pero me he dado cuenta, de que es algo que no tiene nada que ver con el género.

En mis carnes he sufrido rechazos de muchas formas: dando largas, poniendo excusas, dando una de cal y una de arena, no contestando a mis mensajes, incluso desapareciendo totalmente del mapa. De todo, menos un claro y sencillo “LO SIENTO, NO ESTOY INTERESAD@”.

Por parte de mujeres, leo, veo y escucho como muchas eluden conversaciones, ignoran mensajes, no hablan claro, adornan la realidad, y evitan decir claramente que, simplemente, no están interesadas ¿por qué?

Las excusas para no hablar claro son variadas: no quiero que la otra persona sufra, es un buen chico/buena chica y no se lo merece, no sé como decírselo de la mejor manera para él/ella, etc. Pero aunque en sus excusas prioricen el bienestar de la otra persona, esta es una de las mayores mentiras de la humanidad. Porque la realidad es que la prioridad se encuentra en la imagen que quieren dar de ellos* mismos, y esto ya me parece el colmo del egocentrismo. Lo que les importa es que lo que ellos vayan a decir no suene mal, que la otra persona no se enfade con ellos, y que ellos no queden como los malos. Dudo mucho que se hayan parado a preocuparse por el daño que pueden causar a la otra persona. Porque a poco que reflexionaran, se darían cuenta de que cada hora que pasa esa persona sin respuesta suponen energías malgastadas, mil vueltas a la cabeza imaginando todas las posibilidades, análisis de la situación una y otra vez, mira el móvil cada cinco minutos, etc.

En mi vida he actuado de esa manera, es algo de lo que puedo enorgullecerme. Odio perder el tiempo, y que me hagan perder el tiempo. Odio que me den largas, o que decidan ignorarme. El rechazo siempre claro y directo, así es como me gustaría que actuaran conmigo, por lo tanto, así es como he actuado yo siempre con los demás. Las veces que me ha tocado rechazar a alguien, mi prioridad no ha sido que no suene mal, quedar yo mal, o que la otra persona no se enfade conmigo. Mi prioridad ha sido simplemente evitar que la otra persona pierda el tiempo y piense cosas que no son.

Al fin y al cabo, nadie tiene porque sentirse en la obligación moral de salir con alguien con quien no le apetece, y nadie tiene el derecho a ofenderse porque otra persona no quiera salir con él/ella. Si el rechazado se siente ofendido (que se sentirá ofendido) el problema es suyo, y de nadie más. *Y por cierto, cuando digo “ellos” me refiero al genérico.

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber y a ellas no les conviene que sepas ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!

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