MÁS DE LO QUE HARÍAS POR CUALQUIER AMIGO, por EL DUQUE

Tenía yo algo así como 14-15 primaveras cuando me encapriche de Carolina. Carolina era una niña de mi cole, bastante guapa y que me tenía hechizado. Me pasaba horas mirándola desde mi asiento, ensimismado, con una de esas miradas de “denuncia” que tanto conocemos. El caso es que un fatídico San Valentin no se me ocurrió mejor cosa que regalarla un ramo de rosas rojas. Os podéis imaginar el bochorno, la vergüenza, y el escarnio público que sufrí por tal acto de valentía espontánea. Había regalado un precioso ramo de rosas a una tía con la que apenas había intercambiado tres palabras.

Sí, es verdad es una caso extremo, ya te lo dije; pero no creas que tan alejado de lo que los tíos solemos hacer de continuo. Hay una tía buenorra en la disco y todos nos ponemos de inmediato a babear, a invitarla a copas, a regalarla piropos. Espera que no… que al fondo de la sala hay un iluminado que “es muy alfa” y estas cosas ni las ha pensado ¿cómo? ¿qué nunca has hecho eso? Me alegro, que si te llega el dinero que sea para pagar el alquiler del piso y las facturas ¿o todavía vives con tus padres y te has comprado un libro de seducción donde te dice que no pagues nunca nada? Sí, si… ¡que eres muy macho! Si la tía buena de turno sale con nosotros, no dudamos en invitarla al mejor restaurante que podemos costearnos, agasajarla, irla a buscar con el coche al culo del mundo, o lo que es peor a llevarla para luego en la soledad de nuestro hogar cascárnosla con furia. Si la tía juega al manido jueguecito de “ahora te cojo el móvil”, “ahora me paso un mes sin contestarte”, solemos insistir, reclamar, halagar… vamos, lo que te dicta el cuerpo de forma natural si te apetece estar con una tía.

Otras veces la tía, en realidad si esta ya medio saliendo con nosotros, pero no esta del todo entregada, digamos que se ha escondido convenientemente en la manga un par de ases dispuestos a aflorar a nada que la partida se le ponga un poco fea. En este caso le pagamos un viajazo al Congo; o la llevamos un ramo de rosas, o la regalamos un libro o… un diamante que dicen que es para siempre… o mi clásico favorito; le grabamos un CD con música romántica.

Sin embargo al otro lado de la balanza, en el otro extremo esta esa novia con la que llevamos ya año y medio, y que se porta realmente bien con nosotros, o esa esposa con la que nos casamos hace la tira de tiempo, y se parece cada vez más a su madre, o peor aún… esa mujer con la que además hemos tenido trillizos, cosa que por cierto, ha afeado un poco su figura… a esa la echamos el polvo de compromiso de los sábados sabadetes, desganados y sin quitarnos los calcetines. ¡Claro! cuando quizás sea con la única con la que debiéramos quitarnos el sombrero y ponerle una rosa en la almohada todas las mañanas. Pensarás desde tu sofá ¿para qué esforzarme en conseguir a la tía que ya tengo? Las atenciones agasajos, poemas, canciones, gilipolleces son para el pibón de tetas enormes de la disco.

Pues bien, esto es así desde que el mundo es mundo y desde que el hombre es hombre. En el amor nos movemos por la “motivación por el logro”. En tanto que no tenemos a alguna tía luchamos por conseguirla y entonces invertimos, invertimos, y luego regalamos, regalamos y regalamos. Cuando dicha motivación se termina, por que todo hace indicar que ya la tenemos, gran error… nunca se tiene a nadie por completo. Entonces ya parece que se acabó el dar, el invertir y el regalar.

El tema no deja de ser a la par paradójico y contradictorio, por que curiosamente todos tenemos muy claro que la cosa funciona justo al contrario. Todos hemos comprobado como esa orgia de inversión suele traer precisamente la consecuencia contraria a la que buscamos. Que no paramos de llamar a esa tía, pues ella cada vez se aleja más y más. Que la regalamos flores, después de una sonrisa de amabilidad fingida, ella acaba liándose con aquel portero de discoteca macarra y cachas que usa un vaquero siete tallas menor. Que la llevamos al culo del mundo en coche, no sonríe, nos despide con beso en la mejilla y a llegar a su casa manda un sms calentorro a Manu, un gilipollas al que se calzó el pasado fin de semana y del que no sabe nada desde entonces. A pesar de que lo sabemos, de que lo intuimos y lo percibimos, lo seguimos haciendo…

¡SEGUIMOS REGALANDO!

Mira bien y lo verás, detrás de toda tía mega buenorra hay una puta corte de palmeros. ¿No tienes a ninguna en tu Faceebok? Pues observa y te descojonarás. Ella cuelga a eso de las 8 de la mañana un comentario inocuo, chorra y alienante tipo: “¡Que sueño! ¡A currar!”. A las 8:15, Diego Fernandez le da al “me gusta” y contesta: ¡Animo preciosa, ya verás que día más estupendo! A las 9:00 Manu (si, el mismo Manu de antes, alias el follador empedernido). Cuelga: “Seguro que estas guapísima en tu oficina, ánimo y suerte con tu jefe!”. A las 12 aquello es un campo de nabos que hacen coñas y requetecoñas, alentados por algún que otro cometario chorra que hace ella como dando de comer a los pececillos. ¿Os imagináis la escena? Una enorme pecera llena de peces con la boca abierta, esperando esa especie de granillos de comida que ella les dosifica convenientemente.

Como digo esto es así y es desproporcionado. Simplemente para que te enteres un poco de que va la vaina y no pierdas el norte. Si no la conoces de nada, es que no la conoces de nada, por lo que por muy buena que esté, todo lo que vaya más allá de un hola o un Qué tal, esta de más y no viene a cuento. Si la conoces desde hace una semana, por mucho que hayáis intercambiado saliva, es solo una persona a la que conoces desde hace una semana. No es como tu amigo del alma por lo que esta de más hacer por ella cosas que no harías por tu colega ni loco. Si lleváis dos meses viéndoos y follando, tal vez si puedas permitirte ciertos lujos románticos, pero no olvides nunca que no hagas nunca lo que no harías con tu amigo Juancho, si, el friki de calzones imposibles.

Y sobre todo si esa mujer ha sido madre de tus hijos haz el puto favor de hacer por ella más de lo que harías por cualquier amigo, porque ahora ella es tu familia y aparte ella ha invertido en ti de forma definitiva. Esto va así. Una mujer no invierte de verdad de la buena en un hombre hasta que tiene un hijo con él. Esa es su apuesta definitiva, su salto al vacío sin paracaídas. Hasta ahora todo fueron test (muchos de ellos tan sutiles e inconscientes que ni te percataste), pero ahora ella ha elegido. Se puede equivocar, pero hoy, ahora, esa noche ha elegido, te ha elegido como el hombre de su vida. Realmente ahora se ha casado contigo de verdad.

No me gusta el rollo excesivamente biológico ni darle a este tema un enfoque tan evolutivo, digamos; pero hay una cosa cierta. Antiguamente, en teoría cuando te casabas con una tía por la iglesia; desde ese instante hacíais el amor sin medios anticonceptivos, buscando la procreación. Hoy en día casi nadie se casa así ni siquiera por la Iglesia, por lo que realmente la boda es casi, casi casi, una boda de pega. Aún a riesgo de que se me echen encima te diré que ce firmemente que el momento definitivo, la verdadera boda entre un hombre y una mujer se da cuando se produce una verdadera unión en búsquela de la procreación.

Bueno, pues a esta, a la madre de tus hijos, a tu señora esposa es a la que deberías de hacer feliz; es a la que tendrías que agasajar, tratar como a una reina; o más bien como a una verdadera mujer. Por que si, aunque ya no te lo creas, es una mujer y me temo que hace tiempo que no la tras como tal. Y ya hablaremos de eso en otro momento.

Resumiendo; aquí gratis solo es el amor de una madre a un hijo, el resto no se regala. Y si se regala es a alguien que se haya ganado de verdad tu afecto, tu confianza, cariño y respeto. Alguien al que hayas dado un pase Vip preferente de entrada en tu mundo interior y salvo que seas de los que gustan de hacer jornadas de puertas abiertas, sírvanse ustedes mismos, entren y jódanme la vida para siempre, lo normal es que en ese club solo haya unos pocos elegidos. Valora tu tiempo, tu afecto, tus atenciones, tu romance y cariño… y dalo solo a quién lo merece. Parece fácil ¿verdad?

Si de verdad estás interesado en ese algo más, que nadie se atreve a publicar por miedo a que le cierren la editorial, nuestras publicaciones desde la primera hasta la última, se meten por completo en todo aquello que te quita el sueño sin pelos en la lengua y al detalle. Somos completamente independientes y no nos vamos a callar, vamos a seguir trabajando para contarte lo que quieres saber y a ellas no les conviene que sepas. ¿Sabes una cosa? Se puede… ¡claro que se puede!

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