LA VIDA DE CRISTIAN V: TODOS PAGAMOS UN PRECIO

–Pero espera, estoy oyendo algo ¿quién está ahí? ¿hola? tengo frío ¿dónde estoy? No me jodáis ¿vale?… ¿tengo los ojos abiertos? ¡decidme si tengo los ojos abiertos! Decidme ¿dónde estoy? ¿dónde me tenéis?- No podía moverme y notaba un escalofrío continuo, sentía que tenía los ojos abiertos, pero no podía ver nada, solo un punto blanco. Quise incorporarme y apoyar las manos para ver algo pero no tenía fuerzas. Olía a sábanas limpias, empecé a mover las manos y apreté los bordes del lugar donde me tenían echado. Parecía un colchón delgado, poco más grueso que una esterilla. Después me llevé las manos al pecho, parecía que no llevaba nada puesto, después a la cara. Quise hacer impulso para levantarme, pero se me fueron las manos. – ¿Dónde estoy? ¡que alguien me diga algo joder!-

Hay personas que se conforman con lo que le ponen sobre la mesa. Pasan por el aro, se creen todo aquello que se les dice, pensando que van a progresar y conseguir sus objetivos. No se dan cuenta que juegan en un tablero ajeno, que siguen unas normas para moverse dentro de un ajedrez en que son solamente piezas, y que es otra mano quien las mueve. Te diré una cosa: ninguno de los dioses de la mitología griega, quiso nunca compartir su condición con los seres humanos, ni otorgarles la divinidad. Sí en cambio les envidiaban e incluso se hacían pasar por hombres, pero nunca, nunca, nunca, un poderoso ha querido que compartas su condición… ni si quiera en los cuentos, ni leyendas.

Puedes creer que emprendiendo una aventura, ganarás tu libertad. Así pensaría un gladiador, cuando lo más probable es que muriera en la arena antes de cumplir los treinta. Una cosa es segura: todos pagamos un precio por ser libres, por recuperar el estado natural en el que todos nacemos. La pregunta es ¿en qué punto de nuestras vidas renunciamos a esa libertad, a la que después pretendemos aspirar y recuperar, como si fuera algo que ganar? Creo que entenderás que es el precio a pagar por estar dentro, o por ser más, o por ganar más, o por progresar, o por tener la foto perfecta.

¿Sabes qué te puede pasar? En todo juego de ajedrez, en el que hay dos bandos, siempre hay uno que gana y otro que pierde. Dentro de la partida, eres solo una ficha, un peón, un alfil, un caballo, una reina o un rey… dentro de las piezas hay siempre una categoría. Unas mandan más que otras, pero como piezas en el tablero, siempre hay alguien por encima que las mueve. Y como meras piezas que son, pueden ser derrotadas y quitadas de en medio, sea cual sea su categoría. ¿Esto no te da qué pensar?

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