LA VIDA DE CRISTIAN III: EL PRECIO A PAGAR POR UN INSTANTE DE FELICIDAD

Era sábado por la mañana, bastante temprano. No debían ser ni las siete, cuando mis padres y sus amigos habían salido a pasar el día a Dax, a ponerse morados a base de vino y foie gras, manjares a los que mi padre le era imposible resistirse. Yo me había quedado durmiendo, pero me desperté con el revuelo que habían organizado al irse. Me levanté casi a cuatro patas, resacoso y hecho polvo. Tomé vino en la cena y no estaba acostumbrado. Nadia nos puso un licor de nueces en el postre, que me terminó por dejar KO. Me creía solo en casa y sin pasar por el baño fui directo a la terraza... ya me haría el desayuno luego. Nada más salir a inspeccionar, dando un paso y el primer bostezo, escuché una voz que no me esperaba encontrar allí –Bonjour belle au bois dormant!- Lili estaba sentada en la mecedora de Jean Marc leyendo un libro, con una sonrisa de oreja a oreja y con sus pies apoyados en la mesa […]

De todo lo que te rodea, y siendo consciente y realista… Hay cosas que puedes cambiar y cosas que no. El hecho de ser actor dentro de un escenario, te da un margen de libertad real, pero limitado. Compromisos, trabajo, obligaciones, pagar, pagar y pagar… al final todo se resume a pagar un precio. Si quieres estar dentro, tienes que pasar unos cuantos aros; de forma que cada vez que tienes un descanso, o unas vacaciones… quieres que todo salga bien, y que nadie te toque tu vaca sagrada: un instante de libertad, de felicidad, de hacer precisamente aquello que te pide el cuerpo, el alma y el espíritu juntos. ¿Por qué no puede ser siempre así? ¿Por qué hay que pagar un precio por todo?

Parece que haya que cumplir mil reglas, requisitos y normativas, si quieres estar dentro de la sociedad del bienestar, para poder sacar y disfrutar lo que realmente te pide el cuerpo, precisamente para aquello para lo que todo ser humano ha sido creado, que no es otra cosa que ser feliz. Lo que pasa es que a menudo, esta base se nos olvida dentro del escenario que nos ha tocado vivir, rodeados de tareas y compromisos. No podemos ser libres más que en nuestro tiempo de ocio, dentro de lo escaso, lo ínfimo y lo poco duradero.

En ese momento ella era consciente que no esperabas encontrártela allí, a solas y tan tranquila. Se ha anticipado… por algo será. Dentro de este escenario, de vez en cuando pasan cosas que no te esperas. Las que son buenas, son doblemente buenas, porque saben a gratuidad, son las mejores, porque son regaladas, y porque se dan sin ser esperadas. Aún así, parece que cuesta creer que realmente sean gratis, sobre todo si desde que has levantado cabeza te han enseñado a pagar por todo y a cumplir. ¿Hasta cuándo? Una cosa está clara: lo que pasa entre dos personas, solamente depende de ellos dos, estén en el escenario en el que estén.

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