TOLERANCIA CERO

Fotografía y Modelo: Lucía Ojeda

Yo voy a lo mío señorita, si usted encuentra a alguien que le diga a todo que sí, ya sabe lo que ha de hacer. Le propongo que me ignore, le sugiero que ni si quiera me responda, le insinúo de forma sutil que por cada consentimiento que reciba de cada uno de los que se ponen a la cola por meterse entre sus piernas, que escoja al más guapo de todos y con más dinero, porque lo que es el servidor quien le habla, no pasa por ahí: ni por competir con el resto, ni por comparación con sus anteriores ligues, ni por amigo, ni por confesor, ni por responsabilizarme de que todo salga bien… Si ni si quiera usted señorita, está dispuesta a mover un solo dedo por hacer que algo bueno pase entre los dos. No pienso cubrir este "vacío legal" que se impone entre nosotros, debido a su completa y absoluta falta de iniciativa y continua exigencia, a la que el resto de ganado masculino, encargándose de que a usted no se le tuerza un solo pedo, la tiene acostumbrada. Lo tiene usted fácil para ligar, muy fácil. Le recomiendo que mejor lo intente por Internet, que hay hombres muy guapos y con dinero, al menos en apariencia. No creo que usted se merezca menos, pero señorita… ¿qué está dispuesta usted a dar?

Lo cierto es y siendo sincero, que hasta que ha abierto la boca, me moría de ganas por conocerla y por pasar la noche con usted, y de mañana, llevarle el desayuno a la cama con una flor en la bandeja, acompañada de un buenos días con sonrisa, adornado con el título de princesa ¿qué se le va a hacer? Uno es un romántico en peligro de extinción, pero… no me ha dejado, no ha querido por la razón que fuere. Es una lástima, porque me apetecía de verdad, pero usted ha querido ver toda la baraja descubierta, sin cubrir la apuesta, y sin enseñar una sola de sus cartas. Yo le he mostrado la primera de las mías, no pretenderá que le regale una jugada porque sí ¿qué emoción tendría?

No me ponga esa cara señorita ¿Cómo? ¿Qué quien me creo que soy para hablarle de esta forma? No soy yo quien tiene una cola de sirvientes, esperando a captar mi atención. Mucho me temo que mis formas, mis intenciones, mi corrección y educación son exquisitas. Simplemente le estoy comunicando lo que pasa por mi cabeza en este mismo momento ¿le molesta? No tiene más que irse para otra parte, y olvidarse de mí. Me acaba usted de conocer… bueno, miento porque no me ha llegado a conocer, ni lo va a conseguir, pero si en principio no estaba interesada en mí, no entiendo porqué le perturban las palabras de un perfecto desconocido, con el que probablemente no vaya a volver a coincidir en la vida.

De todas formas, con toda esa cola de sirvientes que la sigue a todas partes, y teniendo donde elegir, estoy completamente seguro que si ahora mismo usted arroja ese pañuelo blanco al suelo, cualquier individuo que habite en su séquito, estará encantado de recogérselo. Es más, no me extrañaría que entre ellos compitieran con avidez, en rapidez y agilidad para llegar el primero a dicho pañuelo, para así ganar un mínimo tacto con su mano. Le animo a que lo haga, déjelo caer y contemos a ver cuántos se acercan para atenderla. Estoy seguro que ese pequeño gesto, reconfortará su ánimo. Al igual que pasar frente a una obra y recibir piropos a los que finge no prestar atención, recibir una poesía de un amigo que quiere meterse en su cama y cuyo hecho, le provoca una gran simpatía, al igual… que decir no por sistema, cada vez que le aborda un hombre, con el ánimo de que todos se enteren que es usted dificilísima y poder así cotizar al alza en este mercado.

¿Qué ni lo sueñe? Vaya… no me esperaba esa respuesta. Daba usted la sensación de perseguir esos reclamos a gritos callados en el silencio de sus preciosos ojos. Disculpe lo redundante y poco original del halago, estoy convencido de que se lo habrán dicho mil veces, y con esta mil una. No se preocupe, el piropo es gratis, no se lo pienso cobrar. Como diría mi abuela que era una mujer muy sabía, que sacó a su familia adelante con muy poco: los sueños no dan de comer. Pero si prefiere usted alimentarse de ellos, lo dejo a su opción, aunque yo me hubiera decantado por un buen desayuno, con un pincel de romanticismo. ¿Conoce usted a una sola mujer en el mundo que no le agradara semejante plan? Yo acabo de conocer a una.

Yo lo decía por usted, para que recibiera toda la admiración, honra y dicha que merece, y que yo personalmente no persigo. Porque me da la sensación que aunque usted hubiera recibido mi invitación con aparente agrado, y mi esfuerzo por hacerla sentir única, hubiera acabado en un hipotético café, y una cita en un momento en el que usted no tuviera nada mejor que hacer, adornado todo de un falso romanticismo y un buen dolor de huevos por mi parte. Y ahora, que lo pienso, la masturbación es una opción segura, y que nunca decepciona; porque señorita: como se conoce uno, no se conoce nadie, y sabe bien cómo satisfacerse. Le deseo suerte, que ligue mucho por internet o donde le apetezca, y que folle usted mucho, muchísimo… con cualquiera, menos conmigo.

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