THE MATRIX

¿Estás pegado ahora mismo a la pantalla del ordenador? Tengo que decirte algo: estas totalmente agilipollado leyendo mis tonterías. Hazme caso, sal a la calle y búscate la vida, ve gente, queda con amigos, tómate unas cañas, ponte a currar, sal a darte una vuelta a menos que haga un frío que no permita un agradable paseo... ¡lo que sea menos quedarte aquí sentado! Las pantallas son "tóxicas"... no son algo natural, no son rostros humanos a los que reconocer y con los que hablar. Yo conforme le de al botón de "publicar entrada" pienso poner pies en polvorosa. A menos que estés chateando con un amigo, o intentes ligarte a una tia para quedar con ella después, no merece la pena que estés pegado a una pantalla, y más sobre todo si fuera hace buen tiempo.

Así me levanté un domingo cualquiera, durante los días más calurosos y asfixiantes del ya pasado mes de julio... Me hice un café, me puse el ordenador y con la casa oscura y el calor que hacía, delante del ordenador me sentí como un auténtico capullo. Basta, me niego a acostumbrarme a esta basura pensé. Sentí asco de mi mismo, hacía ya tiempo que no tenía mujer a la que llevarle el desayuno a la cama y a la mínima que me daba... bueno, mejor me callo con lo que me daba por hacer. Este era mi MATRIX particular, embobado delante del ordenador o de la TV viendo la Fórmula 1 hasta que me entrara hambre. Voy a salir a tomar algo con mi antigua compañera de piso, me dije, que siempre es de agradecer tener a alguien que te conoce y te entiende, y que aporta energía femenina (eso es lo que más echo de menos en casa ahora) que siempre te contrasta y te da otra mirada más amplia. Ella no estaba y me dio bajón... quedaban todavía semanas para el viaje a Croacia que tenía programado con mis amigos y en Madrid no había ni Cristo. Me daba pereza buscar sangre nueva, pero tenía que hacerlo, si no quería quedarme embobado en ese MATRIX oscuro y pajillero.

Vi que hacía sol, y decidí salir a la calle para hacer lo que solía hacer un año antes, cuando te estaba preparando el manual para tontos, para aprender a ligar desde cero a pie de calle. Sin demasiados ánimos, salí a "cazar"... se puede decir así. Siempre me gustaron más las horas de sol que los garitos nocturnos, en los que mujeres perfectamente normales y buenas personas se convierten en arpías, por el mero hecho de estar allí un sábado por la noche.

Me puse unos piratas blancos, una camisa negra de botones con mucho cuello, unos mocasines blancos, mis gafas de sol y una gargantilla de perlas negras y blancas, por supuesto con los calzoncillos a juego en blanco y negro... Uno nunca sabe cuando va a tener que quitarse la ropa y conviene salir siempre conjuntado. Salí por la puerta y puse un pie en San Bernardo. Hacía demasiado sol y las terrazas de la calle Fuencarral estaban desiertas, y las pocas personas que había en la calle ya a mediados de julio debían estar fuera de Madrid, en la piscina o buscando sombra.

Ni una mujer sola en las terrazas, ni mirando escaparates, ni en las barras de los bares que frecuento los fines de semana matando cafés de sitio en sitio, viendo "a ver qué hay". Nada, cero, desierto... Es algo que puede pasar, parecía que no había negocio ninguno que negociar. Ir a buscar mujeres puede ser como ir a comprar ropa, puede haber o puede no haber algo que te siente bien.

Se me había acabado el tabaco y no quería meterme otro café más para el cuerpo, no tenía cambio... Entré en la sala de juegos que está haciendo esquina con la glorieta de Bilbao para que me cambiaran y poder pillar tabaco. Llevaba las gafas de sol puestas y en un sitio tan oscuro como ese no veía nada. Me las quité, miré de un lado a otro y me vine abajo. Lo que vi era algo parecido a la escena que no quería representar en mi casa, pero multiplicada por 20.

¿Qué es lo que vi? Una sala a oscuras, llena de puretas y viejos pegados a pantallas como hipnotizados, con cara de esperar algo y echando monedas de forma compulsiva como obsesionados con sacar algo a cambio. Volví a sentir asco, y pensé que yo nunca querría acabar así. ¡Antes debajo de un puente! me dije. ¿Sabes que en periodos de crisis económica como la actual proliferan los negocios de juego, apuestas y loterías? la gente cuando no sabe de dónde sacar, se juega lo que tiene, con la esperanza de sacar de dónde no hay. Eso es lo que te dan: una pantalla con colores llamativos incitando a gastar, a jugar con la esperanza de ganar algo. La diversión dura, lo que te dura el dinero... No hay más que eso.

Embobados con colorines en pantalla, promesas de premios y tías en pelotas, así nos tienen ¿crees que estás a salvo? No creo que vivas en una colina aislado del resto del mundo. Si no te van las cosas bien es fácil evadirse ¿verdad? La TV, el alcohol, la juerga, Internet, el tabaco, incluso el trabajo... Esto es MATRIX macho, como lo veas, un mundo hecho para que te quedes bobo mientras por otro lado te están sacando algo. Por el mero hecho de tener un instante de felicidad, de emociones, de distracción. Todo son formulas hechas y diseñadas para distraer, el mercado del ocio está hecho para eso... para que no pienses.

Puedes hacer dos cosas: meterte en la sala de juegos a oscuras donde hace fresco, hay oscuridad, distracción, luces artificiales y falsas ilusiones, como si estuvieras metido en MATRIX, o cabrearte y seguir saliendo a la luz del día a buscarte la vida. ¿Te la vas a encontrar? Puede que sí, o puede que no, que salgas a buscarte la vida, no es garantía de que la encuentres, eso tenlo bien clarito. Lo que si te aseguro es que quedándote en tu casa viendo TV, no va a hacer que mejore tu calidad de vida, ni tu vida sexual, ni tu trabajo, ni tu economía.

¿Sabes qué? Últimamente tengo más motivos para quejarme que para estar alegre, es un "mal camino" fruto de muchos golpes y muchas decepciones, precisamente por no quedarme pegado a una puta pantalla. Pero ¿De qué me srirve quejarme? Absolutamente de nada ¿Qué te quiero decir con esto? Solamente te equivocas si te mueves, el que se queda quieto ni se equivoca, ni consigue, ni logra, ni dada de nada... Ya puedes ir perdiendo el miedo a cometer errores, es lo primero. Incluso cuando parece que está todo en contra, seguro que sentado y a oscuras no vas a llegar a ninguna parte.

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