HIJOS DE CAÍN

Si nos tomásemos al pie de la letra lo que dice el Antiguo Testamento en el libro del Génesis, cosa que no te voy a imponer… Ni ganas de hacerlo, te darías cuenta que todos nosotros, al menos bíblicamente hablando, somos hijos del primer fraticida que recogen textos bíblicos, que no históricos. Creo que conocerás la historia de Caín y Abel, aunque si vienes de la ESO (o sea, si eres unos añitos más joven que yo) es poco probable que te hayan enseñado religión en el colegio o en el instituto, aunque mejor dicho y no es por menospreciar, (tú no tienes la culpa) porque es una realidad como un templo: es probable que te hayan dado una enseñanza barata en cuanto es esfuerzo personal, seguimiento del alumno y carente de contenidos básicos. No creo que sea una historia imprescindible para tu formación como persona, pero sí dibuja muy bien la diferencia entre “el buen chico” y el “perfecto hijoputa”, éste último centro y protagonista de este anti-código. Y lo más importante… su mensaje subliminal y quien acaba vivito y coleando cuando el cuento termina.

Caín y Abel, eran los hijos de Adán y Eva, una vez estando ya ambos desterrados del Paraíso por el tema famoso de comer del fruto prohíbido. Caín trabajaba el campo, mientras que Abel era pastor de ovejas. Culturalmente, para cuando esto fue escrito, el hacer sacrificios animales a los dioses era algo aceptado y extendido en todas las civilizaciones. Caín ofrecía sus cultivos y Abel ofrecía los primogénitos de su ganado. Podemos decir que cuantitativamente, en verdad los sacrificios de Abel eran más grandes a ojos humanos, se lo curraba más, ofreciendo en sacrificio una cabeza de ganado valiosa ¿OK? La historia cuenta, que al verlos Dios, prefirió el sacrificio de Abel, por lo que Caín se puso celoso, enloqueció y mató a su hermano “el buen chico” con una quijada de caballo. Obviamente Dios sabía qué había pasado, pero le preguntó a Caín por su hermano, para ver por dónde salía este hijoputa asesino fraticida. Caín se hizo el despistado y respondió a Dios ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? Pues como premio, el primer cabronazo de la historia fue condenado a un segundo destierro (el primer destierro lo sufrieron sus padres por hacer lo que les dio la gana).

Vamos a ver… ya me vuelvo a cabrear: Se supone que Abel es el bueno ¿no? es la víctima de la historia. Entonces ¿por qué narices acaba muriendo? ¿Siempre gana el bueno? Vale que al malapersona de su hermano lo destierran, pero… ¡míralo! por ahí seguirá andando tan pichi, mientras que su buen hermano está todavía bíblicamente criando malvas. De hecho, según esta historia, todos seríamos hijos de Caín, o sea que… ¿De qué narices le sirvió a Abel ser más esforzado y ofrecer un mejor sacrificio? Por otro lado, se supone que el ejemplo a seguir, sería el de Abel, el de buenazo, el de currante, el de religioso, el de respetuoso, sacrificado, bla bla bla… ¿Para qué? ¿Para que venga un hijoputa y te cruja el cráneo? Pues querido colega, no será una idea muy católica, pero al final el que queda vivo es Caín y no su hermano made in Disney.

Si te das cuenta, en la vida real pasan cosas muy parecidas. Lo bien visto, es ser bueno, currante, esforzarse, hacer el bien… A lo que el premio suele ser, eso mismo, un ostión como un camión en toda la cara y un diploma como premio al buen ejemplo ciudadano, que algún político con ganas de apuntarse el tanto, te puede dar cuando ya estás en la cama del hospital hecho polvo y moribundo, gracias a tu buena acción. El que escribió la historia, pretende que tomemos como ejemplo a seguir a Abel, o sea: el borrego, un tío manejable y temeroso de Dios, fácilmente controlable, esforzado y con buen fondo. Un tipo así es un placer tenerlo bajo el servicio de uno ¿verdad?

Pues de eso se trata exactamente. Te diré también que el autor de la historia, no debía pertenecer a un estamento social bajo, sino todo lo contrario. En aquella época los que sabían narrar historias, o escribir, estaban siempre en estamentos sociales altos: dueños de la cultura, la doctrina, la religión y la pseudociencia de aquella época, por lo que no interesaba demasiado, que el ejemplo a seguir fuese Caín: a fin de cuentas un tío que se rebela contra una injusticia personal, un agravio comparativo y una discriminación por parte de Dios. Antes de seguir leyendo... no corras a partirle la cara a nadie ¿OK? Piensa un poco. A ver, si el fruto de la tierra es el que es… ¿por qué narices su sacrificio vale menos que el de su hermano? ¡Viva la justicia divina!

Si te das cuenta (no tienes porqué creer en Dios para entenderlo), la imagen que se da aquí del Creador, es más bien la de un mal jefe... ¿conoces tú alguno bueno? Me refiero a un jefe justo, equilibrado y que incentive a su gente. Pues este papel de mal jefe que pinta Dios en este relato bíblico, es un mal jefe que juzga un trabajo equivalente de dos "empleados" suyos; pero que menosprecia al que en cantidad o calidad menos da a ojos humanos, cuando cada uno da lo que tiene, y realiza su trabajo que previamente le ha sido asignado. Este mal jefe, es el que manda y decide. Si Caín le echaba las mismas horas de trabajo en el campo que su hermano al ganado, y si Dios es realmente justo (el jefe que manda) y sabe ver por encima de nosotros... ¿por qué Dios se inclina del lado de Abel? ¿No se supone que Dios es bueno? ¿No se supone que Dios es justo? Pues macho, en esta historia parece que no, como la vida misma… la única justicia real que existe, es la que tú mismo te decidas a conseguir. Parece que estoy justificando al hijioputa ¿verdad? La realidad es, que es el que ha quedado en pie, y aunque esto resulte blasfemo es Caín. Creo que si esto lo lee la alguien de la Conferencia Episcopal… harán por retirar este texto, aunque ya en una sociedad tan adulterada y con el rollo del todo vale… No creo que nadie se sorprenda.

Empieza a pensar ahora en tu día a día, o en personajes famosos, o en tu jefe o en personas con autoridad y con poder de toma de decisiones que intervengan en tu vida. ¿Son justos con tu esfuerzo? ¿A quién de todos ellos le pondrías las etiquetas Caín y Abel respectivamente? A ti te han enseñado a ser como Abel, una víctima y un borrego que se ha de sacrificar por alguien de arriba. Me parece que a estas alturas ¿Te valoran cómo te mereces? ¿Premian tus logros? o bien ¿se quedan mirando mientras te rompes la crisma? El que está sentado en el trono es él, no tú. No te va a sorprender que te ponga malos ejemplos o anti-ejemplos como casos de gente con éxito. Esto es un anti-código, no un manual de instrucciones conservador. Si te das cuenta al igual que en la historia, o en la religión, el premio llega al final de una vida de sacrificio… Como en tu trabajo: Algún día llegarás a directivo si… o a presidente solamente valiéndote de tu esfuerzo, sin necesidad de "pisar a nadie" por el camino. Sabes que ¡ni de coña!

Si siempre haces bien tu trabajo y sigues las normas, como lo haces realmente bien, pues eso seguirás haciendo hasta los restos ¿para qué le voy a ascender o subir el sueldo a este pringao que trabaja tan bien y hace todo lo que yo le digo? Pensará cada uno de nuestros jefes. En el caso de la religión, se supone que después de una vida recta, vas al cielo: o sea, la excusa perfecta para permitir que estés puteando toda la vida, con la esperanza de que cuando mueras, vas a encontrar el premio… ¡Pues vaya mierda! Si me tengo que morir para ver recompensado mi camino vital. ¿Tú comulgas con esto? Yo no.

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