CARITA DE ÁNGEL

Fotografía y modelo Lucía Ojeda

Era la primera vez que un ángel se me cruzaba en el camino. Uno de esos ángeles con cuerpo de mujer que te toca el alma. Una mujer con la que estarías hablando horas y días hiciera frío o calor fuera, sin medir el tiempo, sin medir los cafés, las palabras, los cigarros y las caricias de sus manos ante las que me sentía enormemente intimidado y complacido a la vez. Me sentía en total confianza. Cuando estás así y sientes que puedes mostrarte tal y como eres y sientes, no temes… solamente tienes ganas de abrirte, te sale solo dar, no calculas, no piensas, solamente disfrutas. Y para ti piensas: Ojalá esto dure siempre. Cada vez me doy más cuenta de lo efímero y placentero que puede ser un sentimiento. Te pregunto carita de ángel ¿Para qué quieres que me abra? Ya has visto lo que hay dentro… ya ves que no hay magia, nunca la hubo. Si hubo novedad, más que nada, pero lo que había dentro era solamente un hombre real de carne y hueso. En cambio tonto de mi, yo sí pensaba que eras un ángel atrapado en un cuerpo de mujer. Una vez que ya viste lo que había dentro y lo disfrutaste ¿Ahora te vas? Pues vete, esto es lo que hay ¿para eso querías que me abriera?

¿Sabes una cosa querido amigo? De vez en cuando fantaseo, lo reconozco. Imagino escenarios y situaciones que en realidad son sueños e ilusiones, porque nunca fueron vividas. Imágenes que se aproximarían mucho a lo que llamo “la foto perfecta”… Escenas que nada ni nadie te pueden garantizar que vayas a vivir, y gracias a las cuales hombres y mujeres deciden tener una vida común. Un plan incierto, pero al que creo que muchos aspiramos o hemos aspirado. Digo incierto porque uno nunca sabe que le pasará mañana. ¿Una familia perfecta? ¿Una mujer a la que amar? ¿Un eterno fin de semana romántico? Te diría dos cosas si crees que puedes pasar por esto: la primera es disfrútalo, porque es lo mejor de una relación, esos momentos en los que parece que todo es perfecto. Lo segundo que quiero que sepas, es que si te abres, tienes que saber a lo que te expones.

¿Miedo al dolor? Mucho, muchísimo, te mentiría si te dijera que esto se supera al 100%. El miedo aparece siempre que sabes que puede ser alguien importante para ti; porque si la dejas entrar, sabes que de hecho lo hará. Es un caramelo al que una mujer difícilmente puede resistirse: los sentimientos de un hombre, su interior, sus cavernas y entrañas, y más cuando estos están impregnados, inspirados y empapados por el amor hacia ella. Sean correspondidos o no, ella quiere verlos, necesita saberlos, disfrutarlos, saber en efecto hasta donde puede contar contigo, hasta donde estarías dispuesto a llegar, cuánto importante eres para ella en el mismo momento que has dejado de pensar en ti mismo. Y este querido amigo, es el gran error que lo jode todo: has dejado de pensar en ti mismo: Toma carita de ángel… Todo para ti.

Lo que te fastidia el amor no es que se lo quieras dar todo, porque además es tu cuerpo, tus hormonas, tu sangre y tu voluntad quien lo pide… Y si es así, por algo será. Las hormonas nunca se equivocan, pero los razonamientos pueden ser correctos o incorrectos. Lo que te fastidia el amor, es que tú mismo, has dejado de estar en tu lista de prioridades, y cuando esto sucede empiezas a dar, a dar, a dar, a dar… a regalar, porque sale de ti, no porque te lo ordene nadie. Es más, dar te hace feliz, el tener que ofrecer a quien quieres. Cuando esto se hace de forma libre, puedes decir que eres feliz.

Muchas veces hemos hablado de invertir cuando de relaciones se trata. No quiero que te confundas, invertir no es dar. Cuando uno invierte, lo hace con expectativas de recibir una respuesta favorable, lo hace tanteando, lo hace porque sabe que puede obtener un fruto de forma intencionada; en cambio cuando uno da, regala. Lo hace sin condición, lo puede hacer por amistad, por puro amor, porque siente que es correcto, porque corresponde hacerlo, porque es feliz haciéndolo. Es algo que sale desde tu libertad sin esperar una respuesta. ¿Qué es lo más inteligente? Solamente te diré que el amor no necesita a la inteligencia para aparecer en escena. Hacer algo que te hace sentir bien y más cómodo, es un premio que solamente te sirve a ti y te alimenta a ti, es algo que haces porque necesitas hacerlo, porque te hace sentir bien, porque sale de ti sin que nadie te lo diga. Si crees que estás dando y que por ello, has de ser correspondido, no estás dando en realidad. Estás mal-invirtiendo, tratando de comprar por más buen gesto que se vea de cara a la galería o de cara a ella.

¿Te pide ella que te abras más? No te diré qué es lo que tienes que hacer, porque no soy nadie para hacerlo, solamente te preguntaré si sale de ti, el abrirte o no; si te sientes cómodo haciéndolo, o solamente lo haces para ganar su afecto al más puro estilo del eterno pagafantas. Si bien es cierto, que lo que sientes y lo que llevas dentro es un bien preciado, trátalo como tal y no lo regales a menos que quieras hacerlo realmente. Si delante de ti tienes una carita de ángel, mira primero si se comporta como tal, y si realmente se lo ha ganado.

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