¿MIEDO YO?... ¡CIAO BAMBINA! por EL DUQUE

Fotografía, modelo y retoque Lucía Ojeda

En un principio todos nacemos inocentes. Inocentes, tiernos, y sin miedo. No hay más que echar un vistazo al comportamiento de un niño pequeño; salta, brinca, investiga, explora, prueba; en las relaciones humanas no se complica la vida y si le dejas solo en una zona recreativa enseguida hace amigos. Posteriormente, los padres por mera practicidad le van inculcando miedos; unos racionales y otros irracionales. Junto a esos miedos, hay ocasiones en que los comportamientos educativos de padres y profesores, lejos de fomentar el crecimiento sano del niño, fomentan el surgimiento de diversos traumas o comportamientos inadecuados. El niño va aprendiendo pero no todo su aprendizaje es bueno. En la edad adulta no solo no se atajan estas conductas si no que muchas veces por refuerzos positivos o negativos se van también aprendiendo conductas que nos alejan del camino de nuestra propia felicidad. Vamos adquiriendo “veneno” y así las cosas acabamos relacionándonos con los demás en base a tres elementos nocivos… EL MIEDO, LA DEPENDENCIA y EL EGO.

¿Miedo yo? ¿De qué? Pues miedo a sufrir, a que te hagan daño, a perder el estatus, a estar solo, a que te acepten o a que te desaprueben. Dependencia, por que no nos han educado para sacarnos las castañas nosotros mismos, sin que nadie antes de te una orden. La realidad física, biológica y social, es que realmente necesitamos siempre de otros; ego por que nos han enseñado a identificarnos con un yo metafórico y que requiere continua validación y alimento.

En un mundo ideal en que no tuviéramos miedo a sufrir, en que fuéramos seres humanos independientes y en que nos aceptásemos todos tal y como somos sin necesidad de “palmeros”; el amor hombre y mujer sería fácil, directo, gratificante, parecido a las relaciones de esos niños que aludíamos antes del jardín de infancia…peroooo, como digo son franca menoría los que son así. Si hablo por mi experiencia personal, no conozco ni he conocido ni una sola mujer con más treinta años que no tenga no digo miedo si no pavor a las relaciones interpersonales. Miedo claro esta, que siempre esta acompañado de desconfianza, recelos y mil y un escudos. Yo diría que cuanto mayores somos más agnósticos del amor nos volvemos y es entonces cuando empezamos a dejar que muchos otros factores entren en juego; esencialmente nos convertimos en animales heridos, egoístas que acabamos buscando nuestros propios objetivos por encima de esa idea romántica y tan denostada del amor romántico. Empiezan a entrar en juego objetivos personales como el estatus, y sobre todo empezamos a defendernos ante posibles ataques. Las defensas más comunes son los escudos, de mayor o menor grosor; y los ataques preventivos. Veamos tanto unos como otros.

Los escudos, los putos escudos… Los más comunes son lo que yo llamaría la isla, la frialdad emocional y la correa. He puesto metáforas para hacerme entender de forma más clara. La isla sería esa acritud de muchos y muchas cuando están empezando una relación y que se basa esencialmente en cantar una canción en nombre de un carácter hipotéticamente independiente. Estas personas vuelan puentes con su futurible pareja en ve de construirlos; huyen de pasar mucho tiempo de calidad con la pareja, están siempre quedando con amigas/os, no hacen planes a futuros con la otra persona. ¡Ojo! siempre he defendido y defenderé que en toda pareja debe haber una cuota importantísima de autonomía; siempre defenderé como obligatorio el conservar y cultivar las amistades; pero eso no tiene nada que ver con la actitud de isla. Como he dicho quién construye una isla apenas comparte nada con su pareja salvo un polvo de fin de semana….y no lo olvides al final lo que construye una relación sea familiar, de pareja o amigos es compartir momentos juntos; compartir recuerdos. Sin recuerdos compartidos no hay relación.

LA FRIALDAD EMOCIONAL: supone la no entrega al sentimiento. No enamorarse nunca y mantenerse siempre como por encima del bien y del mal. En la zona tibia; huyendo de la autoexposición, del compromiso…no olvidemos que el que se auto expone otorga a otro el poder de dañar.

LA CORREA: Supone atar al otro en cortito; controlarlo, manipularlo, castrarlo si es hombre, masculinizarla si es mujer; bajarle la autoestima para que “no se crea que puede encontrar otro/a que le quiera… todo sea válido para que permanezca sumiso; no nos vaya a dañar.

LOS ATAQUES PREVENTIVOS: Son básicamente intentos de manipulación más o menos sutiles con los que unos y otros nos vamos defendiendo.

Bien; pues siendo este el estado de las cosas; estando todos jodidos y cuanto más mayores peor, las relaciones hombre y mujer rara vez pueden ser relaciones de tú a tú, sinceras, abiertas, de yo a yo, con amor verdadero a cada instante. Nos guste o no una relación entre dos animales fieros y heridos en un principio es necesariamente una verdadera lucha de poder… Una lucha por quién tiene la sartén por el mango, por quién impone sus criterios y sobre todo por ver quién esta más seguro. En el fondo todos queremos ser amados, respetados y sobre todo aceptadas tal y como somos, pero en un principio los dos empezamos con tantas heridas y miedos que no nos lanzamos a la experiencia sin más. Primero tanteamos al “oponente”; vemos que pasta esta hecho; y luego vamos dando pasos, prudentes.

Así las cosas lanzarse sin más y desapoderase es en términos de seducción un suicidio categórico, y esto es especialmente relevante si eres hombre. Si es la mujer la que se ve con el poder primero sentirá desconfianza. Esta educada para desconfiar y no entiende la naturaleza a veces poco selectiva del hombre; es por eso por que ante un hombre entregado, primero sentirá desconfianza. En segundo lugar tomará los mandos de la interacción hacia los terrenos que para ella sean más seguros….demora del sexo o incluso inexistencia, planes anodinos, relación más basada en el confort. Buscará convertir al hombre en esa especie de mujer con pene, de que tanto se habla. Seguidamente derivará la relación hacia un terreno más cercano a la amistad. Por ultimo querrá una doble vara de medir. Querrá que el hombre permanezca fiel, entregado y “disponible”, mientras que ella, consciente de su MULTIPLICIDAD DE OPCIONES buscará ejercitar su derecho al busque compare…

En todo caso, tanto en el hombre como en la mujer ostentar rápidamente el poder conlleva una natural pérdida de valor y atracción. Así las cosas; nuestros queridísimos amigos de las pastillas de soluciones inmediatas querrán saber que hacer.

Plantearse le estar cerrado a la autoexposición es una absoluta falta de madurez. No existe el verdadero amor sin estos tres elementos: Intimidad, pasión y compromiso (Steimberg). Un elemento consustancial de la intimidad es la autoexposición y por tanto habremos de abrirnos a nuestra pareja tarde o temprano y exponernos… ¡que triste sería no poder hacerlo nunca!; pero eso si; la idea es que debes hacerlo de forma gradual; simétrica y proporcionada.

Me explico; normalmente, los hombres (y algunas mujeres) tendemos a cometer el siguiente error. Nos auto exponemos buscando del otro una complicidad inmediata. Le revelamos algún secreto, alguna intimidad, o dejemos que nos vea el plumero. Lo que buscamos con esto es precisamente lograr la necesaria complicidad y conexión. Tal vez este sea el primer error. La auotoexposición debe ser natural y derivada de la propia interacción. Deberíamos autoexponernos solo y únicamente cuando tengamos una evidente conexión con el otro; cuando hayamos compartido tiempo, cuando se vez una intencionalidad de apertura.

Otro de los errores frecuente es que cuando esa exposición de la que hablábamos no resulta efecto, muchas veces nos auto exponemos aún más como buscando una reacción en el otro.

La exposición debe ser paralela; quiz procuo; yo revelo cosas tú compartes; y si no estás dispuesta a compartir… ¡ciao bambina! y este punto precisamente es vital. Grábatelo a fuego: siempre debes estar dispuesto a irte Aquí radica uno de los mayores secretos de la seducción y de las luchas de poderes. Pase lo que pase, en la vida debes de tener una lista de VALORES INQUEBRANTABLES y entre ellos por supuesto el respeto a ti mismo y a los demás. Si lo que permites es lo que promueves, no promuevas bajo ningún concepto menosprecios ni faltas de respeto. En el momento que alguien quebrante dichos principios debes estar dispuesto a fijar límites, poner barreras, y sobre todo largarte. Es la única forma de afrontar de forma madura una relación. Asumiendo su propia esencia inestable. Nada es para toda la vida, y tratar de retener cosas o personas en nuestra vida es tan humano como inmaduro. Si se quiere ir, se ira, si te menosprecia es mejor que se largue a que te acabe jodiendo la vida…

Antes de embarcarte en cualquier relación ten claro quién eres y valórate por encima del mundo entero; fija límites y claros, construye un yo perfectamente definido, define tus principios inquebrantables; define también tu propósito vital , tu camino deseado… y cuando coincidas con alguien, cuando te emparejes jamás y digo jamás cambies eso. Tú eres tú y tu camino es tu camino; así que desapoderarse es dejar que otro diga como debemos ser o que determine que camino hemos de seguir. Nunca pierdas la perspectiva.

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