CRÓNICAS DE UN HIJOPUTA V: RESACA Y BERRINCHE A LA DESPEDIDA, por EL REVERENDO

Estábamos puestos en corro y entre trago y trago de multa, todavía no había caído beso. Yo ya me estaba empezando a ver tirado a tomar por saco de todo, borracho, a oscuras y sin follar. Antes de que se me empezara a trabar la lengua en un turno de multa “chupito de Ruavieja”, paso al frente con avanzadilla: ¿esto cuando empieza de verdad? Yo ya paso de beber, voy a empezar a besar a la gente así que ¡al lorito! Nadie se opuso, y el pedo cebollero era ya lo suficientemente contagioso como para que con que uno empezara, los demás siguieran. Me entró el calentón y obviamente fui a por la ahogadillera apellidada la rubia. OK, todo en orden, piquito y a mi sitio como los niños buenos. Sin bofetón, ni protesta. Fui el único que se levantó, allí no se quería mojar ni el tato. Después el de Talavera, que le dio otro pico a la apellidada la pelirroja… Ellas ni pío. El Canario, obviamente el más listo de los tres, echando sonrisitas y callado demasiado cerca de la rubia… o sea, de “mi rubia”.

Aquí empezaron ya las tensiones y las prisas, hay que saber perder: empezamos a aplaudir a la rubia para que se lanzara, y en efecto… se lanzo: ¡A TOMAR POR CULO! Beso al hijoputa Canario, que no pico, no tuvo ni que levantarse cuando yo ya me había destapado. Cuando digo beso, digo beso de primera división. Nos miramos el de Talavera y yo pensando: esto es la guerra, ya se ha roto el cascarón. Aunque él no lo tenía tan mal como yo, él no se había mojado por ninguna y yo el primer pico se lo di a la rubia. En ese momento pensé: Joder, ahora ninguna de estas querrá ser segundo plato… y me da que me quedo sin... Por llevar preparado, tenía puestos los gayumbos de follar, que más que de follar parece que se iban a quedar como los de paseo.

Cualquier movimiento que vaya a hacer ahora, va a ser superforzado con cualquiera de las otras dos. Pero lo dicho: la rubia descartada, que ya se sabe quien le mola. Opté por no reaccionar, aunque por dentro tenía unas ganas de hacer algo que no me las aguantaba. El de Talavera y yo nos quedamos hablando con las otras dos Ruavieja en mano, se podía estar salvando la situación. Oye, os podríais ir detrás de los matojos ¿no? Ya que estamos… saltó el de Talavera. Y va el Canario, la coge de la mano y se le lleva. El SINDIOS estaba ya hecho y yo mordiéndome los huevos. Nos terminamos de matar la última botella y nos levantamos los cuatro no-pillados para volver al campamento. Cuando salimos al camino, les dije Pues yo me tomaba una más en el SPACE, no me quiero ir a dormir. Las dos ahogadilleras se miraron como diciendo ¿por qué no? Y para el bar que tiramos los cuatro, afortunadamente abierto.

Vaya caras que traéis, y yo casi cerrando nos dijo el jefe cuando nos vio aparecer por la puerta. ¿Nos pones unos pacharanes antes de ir a dormir? Nos sentamos, pacharán, piti y las últimas risas antes de volver. Sin pena ni gloria, sin novedad. Por el camino hicimos parejas para al menos arrimar un poco, pero vamos… nada de nada. Cuando llegamos a las camas, vimos que el hijoputa Canario todavía no había vuelto. Eso quería decir que le debía de estar yendo mejor que a nosotros. Se me cruzaron los cables y le dije al de Talavera: Por mis cojones que yo no me duermo, voy a ver si espabilo a estas y nos volvemos a ir (súmale a esto mi dolor de huevos y la borrachera). ¿Qué hice?

No se me ocurrió mejor cosa que coger el móvil y mandarle un mensaje (estilo siniestro) a llamémosla la morena: ¿ha vuelto ya la compi? Por aquí el Canario no aparece. A los diez segundos había respuesta: no. Menuda efusividad, eso si que era "concentrar texto". Respondo de nuevo: nosotros no tenemos sueño, nos volvemos a ir ¿os venís? Esta vez tardaron en responder 5 minutos que se hicieron eternos, se lo estuvieron pensando: no salimos, estamos cansadas, venid vosotros. Como en los dibujos animados, que a los diez segundos estábamos tocando a la puerta el de Talavera y yo.

Abrieron la puerta y ¡hostias!… estaban ya con la escasa ropa de dormir. Yo como estaba ya enfermo perdido, ansioso, salido, pedo, calentado, re-calentado, rabioso, quemado… Me fui directo para la cama de la morena a sentarme y que el de Talavera se apañara, que no estaba yo para hacer equipo. Sin ganas ninguna de seguir bebiendo y sin saber muy bien qué cojones hacer allí o por donde empezar para salvar la noche ¿tenéis licor? Pregunté sin ganas. Y al más puro estilo adolescente de instituto y campamento, la morena se sacó un peta del cajón… gentileza supongo del catalán, que en algún momento le querría caer simpático. No sería ni la primera vez, ni la segunda, ni la tercera que me fumaba uno, pero de eso hacía ya mucho tiempo… por lo menos cinco años, pero de perdidos al río.

Tienes cara de cansada ¿quieres dormir bien? Toma ya, quinta marcha, de cero a cien y a por la hostia. ¿Y eso? ¿Qué pasa que te has inspirado de repente? con un tono más que vacilón. Se empiezan a reír las dos ¿Qué me vas a hacer? A la vez que se encendía el peta. Un masaje en los pies, respondí todo picho. ¿En serio? ¡qué lujo! ¿No? Dijo ella, y ni mu. Se quitó las chanclas muy flamenca y solamente le faltó decir… ¡y rapidito! A lo que el de Talavera y la otra ni pío. Pim, pam, pim, pam… me daban ganas de pegar una voz en plan: joder ¿por qué no os vais a dar una vuelta? Que ya parece que pasa por el aro la chiqui en cuestión. Yo a lo mío, que ya tengo mis años para tener vergüenza.

Anda mira… si está encantada con el masajito, tanto que… [TROLOROLORÓ, TROLORÓ TROLOROLO]. Qué bonito y pesado despertar en habitación ajena ¿pesado? Con el peta a medias que me había fumado, había cogido un sueño más que profundo, abisal, adornando el despertar con un mareo de estos que uno dice ¡jooooooooooooooder! Que me caigo, mi cerebro necesita azúcar. Cuando fui a coger el aseo para despejarme con una ducha fría, descubrí que el Canario y la rubia, al no ver a nadie a su vuelta, se habían quedado en nuestra habitación ¡ole por los finales felices! Tampoco me acordaba de mucho detalle, pero cuando apagamos la luz, sentir caricias y besos húmedos se le queda a uno grabado en el sentío. Al no ver nada, el resto de los sentidos se acentúan (o eso dicen). Al de Talavera no se le veía por ningún lado, aunque su pelirroja (por diferenciarla de la rubia y la morena, no porque fuese pelirroja de verdad) había amanecido en su cama a un escaso metro de nosotros.

En el desayuno, todos callados, nadie decía ni pío ¿por qué? Lo que había pasado se podría llamar EFECTO YOKO ONO (proximamente). Ya se habían formado agregados dentro del equipo de las ahogadillas, y la verdad es que fue como un bofetón de realidad. Si teníamos que hacer el hijoputa, el niñato y el adolescente, ya lo habíamos hecho bastante, y punto más álgido que el de aquella noche, no iba a poder sobrepasarse. Se puede decir que habíamos tocado techo y que dicho agregado no tenía más objeto.

Más o menos el sentimiento en los días posteriores hasta que la convivencia terminó, era el de una resaca sin dolor de cabeza, como cuando te has tomado cuatro copas de las buenas y no has mezclado. Estás algo cansado, pero no estás jodido. Como despertarse un domingo a mediodía, después de haber salido de juerga y la pereza te gobierna. Lo haces todo más tranquilo, te mueves poco, te gusta estar sentado frente a la tele desayunando dos horas viendo la Fórmula 1… Todo reposado. No hubo más mamoneo, ni mas tontería.

Como todo lo que empieza, termina y lo que fácil viene, fácil se va. En la última cena, se compartieron batallas, hubo abrazos y una borrachera (cómo no) más amistosa que otra cosa. Al día siguiente nos iba a recoger la lanzadera, que nos llevaría a la estación de autobuses de Bilbao, y de allí… a los orígenes. Me dio la llorera, el berrinche de los niños pequeños cuando no quieren volver de vacaciones. No me pasaba esto desde los 13 años, cuando monté un berrinche descomunal, porque una chica que me gustaba del parque, se iba de vacaciones y estaría un mes sin verla. La diferencia era que realmente, este Gran Hermano tan particular se había terminado y de aquí en adelante todo se enfriaría… cada uno con su vida. Bueno, lo que pasó en Bizkaia, se quedó en Bizkaia.

Moraleja: el guapo siempre (o casi siempre) gana y sin mover un dedo, no te comas la cabeza con tonterías y acéptalo. Si tienes que pensar mucho o currártelo mucho… es que no te comes un colín (ni te lo vas a comer) es probable que estés picando sobre piedra y más que avanzar, arañes. Pensando un poco te diré que preocuparte por esto, no merece la pena, en serio, preocuparte por ligar más o menos, lo único que te va a crear es ansiedad, y esta ansiedad te jode. Ya puedes ser el tío más cojonudo del mundo que el que se lleva el gato al agua, siempre está más bueno que tú, o tiene más pasta que tú.

¿Eres muy simpático? Enhorabuena, te vas a hartar a pagar fantas. No quiero echarte el ánimo por tierra, lo que quiero es que seas realista, y sobre todo, que si quieres hacer algo, no lo dejes para el último día, para hacerlo mal y con prisas. No hay más misterio para los tíos del montón como tú y como yo, que echarle huevos y avanzar hasta donde podamos. Ya te avanzo, que con ósmosis ambiental no se liga, ni tampoco siendo la mar de simpático. Si alguna vez te vez en un entramado parecido… preocúpate sobre todo de disfrutarlo, porque probablemente esa misma situación nunca se repetirá. [fin de la serie] Si te perdiste la cuarta parte.

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