¡QUE HABLE! ¡QUE HABLE!

Fotografía: Manu
Modelo, introducción y retoque digital por
Lucía Ojeda

De nuevo de vuelta a la rutina. La señorita se transforma en la dietista más seria, se viste con su bata rosa (la odio) y pasa consulta. Con la mejor de sus sonrisas es capaz de animar al más derrotado, de motivar a sus pacientes para conseguir el objetivo... de ver cada vez más feliz a la gente que de normal visita. No hay mal que por bien no venga. Trabajar de cara al público, aunque a veces sea lo más complicado, también tiene su recompensa. Al final, una va aprendiendo a tratar a la gente. Y el esfuerzo merece la pena.

Siempre con el argumento en la punta de… ¡la lengua! Ojalá tuviese la paciencia y ese saber escuchar que tiene Lucía con sus pacientes. Uno dentro de sus limitaciones, tiene ganas de arreglarlo todo de repente, aunque hay veces, en que lo mejor es quedarse callado y dejar que ella hable hasta que se harte, en lugar de echar más gasolina al fuego. Supongo que cuando uno anda verde, o incluso cuando has tenido un mal día, lo primero que le viene a la boca ante una discusión, es bien una excusa, bien una justificación… Miento: no tiene por qué ser una discusión. Ante un simple reclamo, si andas un poco flojo de lunes por la mañana, la palabra más tonta puede ser tomada como algo personal. Eso es que pasa algo ahí dentro, que quizás creíamos controlado o curado, pero que no debe estarlo tanto, cuando tenemos una reacción desmedida ante unas palabras o un estímulo, quizás sin saber muy bien el por qué reaccionamos así.

Un ejemplo muy familiar: mi madre es la única persona sobre la faz de la tierra que sabe sacarme de mis casillas con una simple palabra, o con el tono de la voz. Se puede decir que ya la veo venir de lejos cuando se lo propone. Parece que tiene la clave de mis nervios en la discusión. Por eso mismo, si por ahí hay algo que me recuerde ese contexto, es probable que salte, de igual forma que salto con ella. Esto puede provocar en “el oponente” (o sea, tu novia... para qué negarlo) una sorpresa, al no esperar por mi parte una reacción desmedida. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué muchas veces una discusión en pareja parece creada de la nada?

Lo cierto es que después de tanta “evolución”, no creo que en cuanto a aprendizaje condicionado sepamos ir mucho más lejos que el perro de Pavlov. Un anclaje es un anclaje, y esa reacción que he podido tener y que a descuadrado por completo a mi oponente… quizás para ella no tenga ningún significado, pero obviamente si yo salto, es por algo…. Otra vez salió el hijoputa. A veces lo mejor es no hacer nada, quizás incluso no hacer nada sea lo más difícil. Bueno miento, lo que es realmente difícil es saber escuchar: “Oye, que no te he dicho que te vayas”. Y te das cuenta cuando estás recogiendo los bártulos de su dormitorio, mientras te pide que te eches de nuevo en la cama, en un momento de cabeza fría, que realmente no te han pedido que te vayas. Sosiega pequeño cabrón, sosiega ese ánimo... ¡que esa no es la campanilla que has creído oír! No todo gira en torno tuyo. Como de costumbre, esta bronca es sobre todo para mi mismo, no te rayes ¿OK?

Todo esto viene a cuento de lo difícil qué es realmente aprender a escucharla, pero me refiero escucharla de verdad lo que dice, y no limitarme a oír palabras y responderlas con el manual de instrucciones en la mano de “respuestas rápidas & soluciones instantáneas”. Saber escuchar… ¿es cuestión de ponerse? No creo que haya otra forma de hacerlo. Y al menos en lo personal, saber escuchar de verdad a la mujer a la que quieres o a la que te quieres ligar, es realmente difícil. A la que quieres, porque crees que la conoces del todo y que ya sabes qué te puedes esperar, por eso dejas d eprestar atención. Y a la que te quieres ligar, precisamente por todo lo contrario, porque no la conoces, no sabes nada de ella, y para que ella no perciba que en realidad no tienes ni puta idea… pues a no parar de hablar de uno mismo, sin darle oportunidad de que realmente pueda darse a conocer.

¿Para ligar hay que ser adivino y hacer lecturas en frío? ¡Una mierda! Hay que saber escuchar y mucho, y de vez en cuando demostrar que la conoces, más de lo que ella pensaba… Eso sí sorprende. Sobre todo me refiero a saber lo que realmente ella te está diciendo. Pero para eso antes hay que estar también un poco callado y sobre todo, que hable, que hable… que además, es lo que más le gusta.

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