ME QUITAS LA VIDA, LA CUENTA, LA NÓMINA, LA TARJETA, EL MÓVIL, EL CORREO, LA CONTRASEÑA, EL PIN... ¡Y EL PUK!

Sitúate: estás soltero, imagínate después de haber tenido una relación larga, llevas unos cuantos meses en el mercado, pasando por la época de viajes y salidas ininterrumpidas con los amigos, con pereza, ligeramente salido o bueno... ¡venga va! exageradamente salido; lo que viene siendo “recuperar el tiempo perdido” para hacer el capullo. Vuelves a no perderte un partido, a salir de jueves a domingo con los amigos, a hacer de la caña tu bebida predilecta, a consumir porno y a babear cada vez que sales un sábado por la noche disparándole a todo lo que se mueve cuando llevas tres copas. Vaya película, igual te resulta familiar. Como siempre tomando copas en el Vilarosa, fichando con los amigos y contando batallas... A todo esto, se te cruza un pedazo de tía de las de girar el cuello a rosca:

¡Me quitas la vida! sueltas en un momento de euforia... Te daba la nómina y hasta el pin del móvil... ¡Qué digo el pin! ¡Te daba hasta el puk! ¿Cuál crees que es el resultado? Pues como bien supones, la chica pasa de largo. Cualquiera se para, ante un escaparate tal, con tal “exceso de oferta”. Todavía si estuviésemos en una obra, y los obreros hicieran una competición de piropos, ante las chicas que pasan, todavía tendría objeto. La verdad es que no me imagino a Álvaro Muñoz Escassi comportándose así ¿verdad?

Bueno, cuando uno sale de una relación, la inercia de la misma y el ritmo al que estaba acostumbrado, le marca bastante la manera de mirar a las tías. No solamente la manera de dirigirse a ellas, ya que cuando uno está en pareja, está acostumbrado a una confianza, a un dar y a un recibir, y digamos “deja de controlar continuamente lo que hace y lo que dice”, precisamente por esta confianza. El ejemplo de los piropos de nuestro colega, solamente es un ejemplo de esa diferencia de confianza, que no tienes con una completa desconocida que te atrae. Uno está desactualizado y claro... No sabe medir. Pero ¿hay que medir? Lo que no hay que hacer es regalar. Todos nos asustamos ante un exceso de oferta, es poco fiable.

Cuando se te empiezan a cruzar tías de nuevo en el camino, dos o tres o una, o las que sean, uno quizás no sepa por dónde tirar; ya que ha perdido por así decirlo “la costumbre”, y mientras vas volviendo al mercado y te actualizas, siempre pasa un tiempo, o al menos así debería ser, para no caer en el vicio de Tarzán yendo de liana en liana. Uno no sabe quizás (son suposiciones, si siempre sabes por dónde salir, entonces me callo) hasta dónde invertir, hasta dónde dar, si dejarse llevar, sin controlar más con la cabeza que con los impulsos, si no hacer nada, si buscarlas más, ante estas nuevas posibilidades que se te pueden abrir, con estas mujeres que se te puedan cruzar. Cada tía es un mundo, y cada hombre te podrá dar un consejo diferente... Al final harás lo que te salga.

Por experiencia propia, lo que más cuesta recuperar es la confianza en la otra persona, sobre todo porque no sabes hasta dónde invertir, o si realmente... merece la pena invertir. Depende en mucho de cómo hayas terminado la anterior relación, depende del hambre sexual que tengas, de si sabes estar sólo o eres dependiente constante de afecto. Lo que si te aseguro y también por experiencia, que no es el mismo ritmo el de conocer a una mujer, que el de llevar una pareja desde hace tiempo. Bueno, una cosa si es segura... un error frecuente es el de mostrar “tu mejor cara”, de eso puedo pecar yo el primero; no todos los días son de vino y rosas, o escapadas de fin de semana, y por precisamente querer dar esa buena imagen, desde el primer momento a la hora de conocer a una mujer, puedes provocar tres cosas:

Que guste, que no guste, o que resulte indiferente o inadecuado. Independientemente, de cualquiera de estas reacciones, la mejor opción a la hora de saber qué dar y hasta cuanto, siempre ha de salir de ti, aunque te equivoques. Equivocarse no es malo, porque así se conoce mejor a la gente; lo que sí es malo es negarte dar a conocer si realmente quieres hacerlo, o negarte a tener un detalle si quieres tenerlo. Alguno te dirá que “sin pasarte”, pero si realmente vas por una tía de nuevas, te vas a tener que mojar, al menos en intenciones.

Nunca quieras sustituir el darte a conocer por los detalles, o por cenas o por flores, o por todos los ofrecimientos que hacía nuestro amigo al principio de este artículo... Da primero la cara y las intenciones, y en todo caso después los detalles. No esperes a que se los “merezca”, porque a lo mejor no se los va a merecer en toda su vida, la cuestión es que tú quieras hacerlo. Los detalles al inicio te pueden servir para ver cómo reacciona, poco más; pero nunca tengas detalles en función de lo que ella te deje ver, o sus reacciones, o sus impulsos, o a su demanda. Recuerda dos cosas: ella también está jugando, por eso mismo sus reacciones o respuestas pueden engañar; y segundo, el que marca el ritmo, para bien o para mal eres tú.

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