BAILA PARA MI ¡CAPULLO!

Fotografía y retoque: Juanda Ferrando
Modelo: Lucía Ojeda


Hola de nuevo campeón, aquí y ahora hablando el gañán entre gañanes... Estaba dándole vueltas al coco, acerca de si “portarse bien” merece la pena. Sobre todo desde estas últimas semanas, no se si será por la puta crisis, o la primavera, o los cambios laborales y afectivos en los que ando trabajando últimamente, en los que no veo por el momento demasiados frutos y sí en cambio, muchas esperanzas e ilusiones. Supongo que cuando uno hace una apuesta por alguien o una inversión de confianza en una opción laboral, hasta que sabes si te va a salir bien o mal, ha de pasar un tiempo. Ayer me lo preguntó un compañero, me lo debió de ver en la cara ¿Qué tal andas Mitch? Te veo preocupado, a lo que respondí: Cuesta arriba macho, siempre cuesta arriba. Y es que sé que al provocar un cambio, a pesar de tenerlo todo más o menos asegurado, estoy poniéndome en riesgo.

Se puede decir que tal y como estoy “estoy bien”, pero es que... Ya llevo “así de bien” mucho tiempo, unos cuatro años exactamente igual, o sea, sin mejorar y acomodado, hasta el punto de quemarme por no ver que avance. Desde luego no es la mejor época, ni afectiva ni profesional, para cambiar, pero si no me muevo ahora ¿cuándo lo voy a hacer? ¿voy a esperar a que se me quiten las ganas y volverme a quedar como siempre? Ni de coña, así me puedo tirar hasta los 50 años y no quiero estar siempre igual en el amor, y haciendo siempre lo mismo en el trabajo. Me he cansado de bailar para alguien que no sea yo.

Todos los días veo gente a mi alrededor quejándose de su trabajo, de su pareja, de que no liga, de que no folla, de que no gana lo suficiente... Tampoco les veo mover un dedo por mejorar su situación. De vez en cuando, veo a amigos míos que se cansaron de bailar para un trabajo, para un sábado noche o para una pareja, se buscaron la vida, se piraron de Madrid, dejaron “las cuatro migajas que dan aquí” para buscar algo mejor, poniendo en riesgo su estatus, comodidad, amistades, pareja, etc. y fíjate tú por donde, que siempre les veo mejor. Esto no es casualidad, lo pueden pasar mejor o peor, pero están bailando para ellos mismos.

Lo cierto es que cuando uno se cansa de “portarse bien”, siempre es por algo. De igual forma que cuando hablamos del hijoputa cuando sale... por algo será ¿verdad? Pues por lo de siempre, si te portas como se supone que deberías portarte, y no obtienes los frutos que esperabas, o los objetivos que te propones, es que debe de haber algo entre medias en el camino, que no te han contado. Es lo de siempre, el que escribe las normas, o dicta las pautas, lo hace primero en función de reservarse para sí mismo lo mejor. Por eso mismo, si siempre sigues las pautas ajenas de tu empresa, de tu pareja, de tu jefe, de tu novia, de tus padres... vas a estar muy bien, no te digo que no, pero vas a estar siempre igual: encajonadito y controlado. Por eso nunca te daré una secuencia de comandos para que los sigas a pies juntillas. Permítete el lujo de pensar y equivocarte, de arriesgarte y de sacar los pies del tiesto cuando lo creas oportuno, porque así es cómo de verdad vas a poder evolucionar y mejorar. Siempre te digo: toma de aquí lo que te sirva, y lo que no, deséchalo porque al final tú tienes la última palabra... Es tu vida, no tienes que bailar para nadie por mucho que lo aprecies o la quieras, por muy apegado que estés a un trabajo o a una pareja.

En una pareja, nunca he conocido un término medio, o él baila para ella, o ella baila para él. Como Calzonazos Mayor del Reino de España, sé distinguir muy bien cuando quien me habla es el que baila, o el que se divierte viendo al otro bailar. ¿Cómo lo distingo? El que baila siempre protege su ego con argumentos, justifica a su pareja cualquier cosa, se culpa a sí mismo por “fallar”, e incluso aunque diga que controla, siempre acaba preguntando el famoso ¿Qué tengo que hacer? Te cuenta sus planes, sus estrategias, su forma de “invertir el marco”... Esa es la mejor forma de saber cuándo quien te habla está completamente subordinado a lo que ella le pone sobre la mesa. Ella le pone el tablero de juego, y él se mete de lleno a ganar la partida, pero... QUERIDO COLEGA, ESTÁS JUGANDO EN SU TABLERO Y TODO LO QUE ESTÁS HACIENDO, LO ESTÁS HACIENDO EN FUNCIÓN DE LAS REGLAS DEL JUEGO QUE ELLA TE DA.

De igual forma, esto te puede pasar en un trabajo, con una promesa de ascenso, de mejora, de promoción. Tu jefe te marca unas pautas a seguir, y si las sigues alcanzarás unos objetivos. ¿Crees acaso que él no va a salir más beneficiado que tú? ¿Crees acaso que va a permitir que llegues más lejos que él? Estás jugando en su tablero con sus normas. A veces la pareja, se parece mucho a trabajar por cuenta ajena ¿no crees? No conozco jefe alguno que haya puesto a un empleado a su mismo nivel ¿tú sí? Si es el caso, preséntamelo, estaré encantado de conocerle.

El caso contrario, el que controla o vive la relación que desea con una mujer, nunca te pregunta qué ha de hacer, nunca se plantea una estrategia, un plan, o una actitud en función de cambiar una situación ¿sabes por qué? Porque está a gusto con lo que está viviendo, y en el momento que deje de estarlo, se va y punto. No teme romper la baraja, por eso no tiene que plantearse ninguna estrategia, no te argumenta, no se justifica ni a sí mismo, ni a su pareja, ni a su situación. Se limita a vivir su realidad y a compartir la relación, no tiene que proteger su ego de ninguna forma, ni “subvencionar” la relación. Este tipo de hombre, en el trabajo, es el que cuando no le gusta lo que hay, se pone a buscar otra cosa, o al menos trata de buscarse la vida. Se mueve más o se mueve menos, pero no se conforma con las pautas que le dan, porque el tiene las suyas propias. Estamos hablando de alguien bien anclado en sí y que baila para sí.

Al final, como siempre, la verdadera diferencia entre el que baila y el que se divierte viendo como baila el otro, está en tener el valor suficiente para echarle huevos, tomar decisiones, aunque sepa que puede equivocarse. Mientras sea otro quien te marque las pautas, o quien te ponga el tablero, nunca te equivocarás, porque estarás jugando con las normas de tu pareja o de tu jefe; por eso mismo, si tienes miedo a equivocarte, nunca saldrás del tablero de juego que te proponen, y aunque “ganes la partida”, tu premio será en realidad el premio del otro, tú solamente te llevarás una “comisión”. ¿Lo pillas?

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