THE MAMARRACHO RULES: LA LEY DEL MÁS DIRECTO, por EL REVERENDO

Imagen cedida por Enrique Perales

Sí, en efecto... Todo empieza y termina un sábado noche cualquiera, después de ver el fútbol en el Molly Malone acompañado de un amigo, como todo hijo de vecino. ¿A cuento de qué? En un ratito te lo cuento y sí, te vas a reír un rato de lo fácil que es ligar con una desconocida, en una situación tal, haciendo totalmente el capullo, o como el título indica: EL MAMARRACHO (gracias a Vito por darnos la idea para el título). Claro está que comportándose como tal, uno solamente puede obtener frutos dignos de un ligón de discoteca, marica-playa, chulo-piscinas y otras variantes enmarcadas dentro del contexto “HIJOPUTA”.
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Y sí, estos frutos se dan, pero obviamente no te hacen encontrar a “la mujer de tu vida”. Esto último lo aviso, por si te animas o te sientes tentado a hacer el MAMARRACHO, el capullo, o el hijoputa... Que sepas, que el que siembra capulladas, solamente recoge capulladas mayores a las sembradas. Esta experiencia me ha servido de colofón para volver a encerrar dentro de su guarida, a mi hijoputa interior... Sí, aquel mismo al que saco a pasear de vez en cuando, cuando acabo hasta los mismísimos (...). ¿Se folla haciendo esto? Te lo diré de otra manera usando el refranero popular, como le gusta al viejo: Siempre hay un roto para un descosido. ¿Seducción? Me parto la caja. ¿Quieres ver cómo se destrozan las leyes del cortejo universal? ¿Quieres saber qué es LA LEY DEL DIRECTO? Agárrate al asiento, porque te vas a reír...

¿CUÁL ES LA ACTITUD? Sitúate: Llevas ya varias semanas más quemado que la moto de un hippie en el curro, trabajo, trabajo y más trabajo... Y cuando creías que podías descansar... Más trabajo aún. No hay más narices que salir tarde, hay que sacarlo. A esto, resulta que no has estado demasiado afortunado en cuanto a ánimos, estás cansado, de mal humor y esto empieza a afectar a tu físico hasta caer enfermo. Piensas “Bueno, al menos un par de días de descanso para el cuerpo porque me hace realmente falta”, pero no... solamente uno. De la familia, mejor ni hablar y suma además que tu chica no está especialmente receptiva a tus necesidades afectivas, está desaparecida cuando más falta te hace. Pues metes todo esto en una coctelera, y cuando se te hincha la vena de la frente dices: ¡A LA MIERDA! HOY REVIENTO... Y no es que tengas que fingir “que todo te da igual” o “que no tienes miedo al rechazo” o “que no esperas ningún resultado”, te aseguro que con todo eso encima no es necesario fingir esa actitud. Tienes que salir por algún lado, todo eso dentro de un solo cuerpo acaba saliendo... ¡Vive Dios si es cierto!

Estás tan sumamente harto de todo, que realmente te da igual, no dependes del resultado, eres directo y un NO que quizás otro día te jode la noche, realmente te la suda. Te apetece reventar, y A QUIEN NO LE GUSTE... ¡QUE NO MIRE! Vas a lo tuyo, sin darle importancia ninguna a las palabras, sin pensar dos veces lo que dices, lo que sientes, lo que quieres, no te tiemblan ni la voz ni los gestos. El Espartaco que llevas dentro, ha dicho ¡BASTA!

Estás en un bar atestado de gente con un amigo, a fin de cuenta un sábado de tantos: copa en mano, mucha narrativa gritando al oído porque la música no te deja oír bien y gente pasando continuamente por espacios realmente estrechos... Lo de siempre. Te agobias, quieres cogerte el pedo del siglo, quieres reventar, hay tías por todas partes y tú y tu colega estáis de espectadores. Pasa una chica al lado tuyo con una pinta de cerveza enorme. La chica no te ha llamado la atención, es algo más baja que tú, muy delgada, morena y lleva la pinta con las dos manos porque le pesa. Te la quedas mirando y lo ves, piensas “Lo que salga, de perdidos al río”. Ni que decir tiene que vas enchispado, llevas ya unas cuantas y te sientes bastante “deshinibido”. Has pasado unos días bastante duros, y la verdad te da igual tanto un sí como un no, así que le sueltas:

Él: ¿Todo eso es para ti?
Ella: ¿El qué?
Él: Toda esa cerveza.
Ella (Sonríe con asombro): Sí ¿por?
Él: Con lo pequeña que eres, no creo que te quepa toda eso dentro.
Ella: Pues ya van dos.

En ese momento levantas tu copa y la chocas con su pinta, a modo de brindis improvisado.

Él: Chín, chín.
Ella: ¿Por qué brindas?
Él: Por que sí, pero hay que mirarse a los ojos, que si no, son 7 años sin sexo.
Ella (Te sigue la bola): Salud.
Él: Bueno... Me refería a 7 años más (sin sexo).
Ella: ¿Más? ¡jajaja! Noooooo, 7 años más Noooooo, no digas eso.

Hay dos chicas que están cerca que no pierden detalle, deben ser sus amigas; pero no se acercan y tu amigo está mirando para otro lado, se acerca a la barra y no dice ni pío.

Él: Si, más o menos desde que se estrenó Ben Hur.
Ella: Nooooooooo, no me lo creo, no habrías nacido.
Él (Apoyas la mano en la pared y la rodeas): Pues, más o menos.
Ella: ¿Tienes novia?
Él: No ¿y tú?
Ella: ¡jajaja! No, yo tampoco... Pero no sé si creerte.
Él: ¿Tengo cara de tener novia? ¿Acaso ya por eso no te vas a acostar conmigo?
Ella: ¡Vaya! No pierdes el tiempo... ¿Cómo te llamas?
Él: No pueden pasar 7 años más, me llamo...
Ella: No deberían, me llamo...

Te sorprende que no te haya mandado a la mierda en ese mismo momento, pero bueno... El caso es que no. Por la chispa que llevas, la gente que hay, y sobre todo porque ella entra al trapo, da pie, te envalentonas y de repente “te lo crees” y empiezas a actuar y a hablar sin pudor y sin miedo a cagarla. Se coge un mechón de pelo y empieza a hacerse un rizo mientras no la quitas ojo.

Él: Si haces eso con el pelo me vas a poner malo.
Ella: ¿Malo?
Él: Malísimo... Creo que tienes 3 segundos para salir corriendo, voy a reventar.
Ella: Pues revienta.
Él: Pero... ¿No te da miedo? Soy un perfecto desconocido.
Ella: Ningún miedo ¿Qué pasa? ¿Qué me vas a hacer?
Él: Lo que estás pensando.
Ella: Creo que piensas demasiado, ya eres mayorcito ¿Necesitas que te den permiso?

Y bueno, tu amigo ya parece haberse ido hace un rato. Sus amigas están en la otra punta “sacando fotos” de la escena, pero no molestan, cosa que te extraña. Lo normal sería que la hubieran cogido del brazo y se la llevaran, o que tocaran las narices, o molestaran, pero no es el caso. ¿Conjunción de los astros? ¿Luna llena? ¿Suerte? Debe haber de todo un poco, juntado con el reventón, acabas cerrando los ojos y tirándote a la piscina, con una desconocida de la que en ese mismo momento, ya no recuerdas su nombre... Estás a otras cosas ¿era esto lo que querías? ¿hay huevos para más?

Un Amén del Reverendo.

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