¿POR QUÉ LAS PAREJAS SE VAN A LA MIERDA? por EL REVERENDO

Imagen cedida por Lucía Ojeda

Hola de nuevo gente… que hace ya mucho tiempo que no me pasaba por aquí. Después de haber conocido a muchas chicas y ennoviarme con una durante unos meses… resulta que la cosa se ha puesto seria. Me refiero seria para bien, no penséis mal que ya os veo venir. Pues sí, se ha puesto tan bien, tan bien… que incluso me he planteado ¿el volver a casarme? ¡Jajaja! Ni de coña, pero sí pararme en seco y disfrutar de una relación más madura. No me volvería a casar ni en pintura, y por lo que parece, ella tampoco. Me ha pedido Miguel, que últimamente anda muy liado… ¿A que no adivináis en qué? Pues me va a partir la cara, pero ya os lo digo yo, que para eso le estamos solucionando la papeleta entre los amigos: está empezando otro libro, así que ¡cuidado!... Bueno, quiere que os cuente por qué un tío como yo, o sea… un pureta redomado con orejas, patas y rabo ya más o menos con la vida hecha, se separa, se divorcia, o mejor dicho… se divorció en su día.

Pues mire usted querido lector o lectora, ni le echo la culpa al gobierno, ni a la burbuja inmobiliaria, ni a la crisis económica, ni a la Iglesia Católica (que luego Miguel se china… todavía le queda algún ramalazo tipo cura) y ni si quiera… Al Ministerio de Igualdad:

En una relación de pareja deberían existir estos tres elementos para que la cosa funcione, según un atrevido llamado Steinberg: INTIMIDAD, PASIÓN y COMPROMISO. Centrándonos en el compromiso, distinguiría entre compromiso interno (“yo quiero a esta mujer, deseo estar con ella y serle fiel”) y compromiso externo, que a su vez se divide en explicitado hacia ella (cuando la hacemos saber que la queremos y estaremos con ella) y público (lo dicho… el puto contrato matrimonial que no sé por qué existirá). Para mi, egoístamente, estos tres elementos de una pareja formada, se pueden vivir con más o menos intensidad, de manera que influyen e interactúan uno sobre los demás, provocando un "efecto rebote" al llegar a su tope, o sea… cuando está todo dicho y hecho con el matrimonio. Por eso mismo, el exceso de intimidad hace que la pasión baje y provoca también el que exista un menor deseo.

Mira macho, he aquí el descubrimiento de la pólvora del día de hoy: con el compromiso pasa algo parecido: una vez que lo has conseguido y has alcanzado ese objetivo… tocas techo con el matrimonio. Esto hace que la intimidad y la pasión… se vayan a tomar por donde amargan los pepinos… O como diría el desaparecido Fernando Fernán Gómez, se vayan a la… ¿Por qué estoy tan seguro de ello? La clave esté en la MOTIVACIÓN POR ALCANZAR UN OBJETIVO: cuando uno se enamora, siente deseos y reacciones químicas muy parecidas a la motivación por el logro. Cuando uno se enamora, busca en realidad conseguir a la mujer que quiere de verdad, o mejor dicho, lograr de ella el máximo de compromiso.

Pero una vez que has llegado a la meta del compromiso, el pequeño gran gañán hijoputa se relaja, la motivación se pierde, y la pasión baja de tal manera que parece que todos los días con ella son el mismo. Con la pérdida de la pasión, se va perdiendo también el deseo de intimidad y con ello el compromiso. El problema de esta pérdida de compromiso es que no se puede medir. Es decir, uno no empieza a estar “menos casado”, pero ya no lo sientes igual… Se te empiezan a cruzar los cables y la vecina empieza a estar cada día más buena en contraste con tu señora, a la que ya te sabes de memoria. No es que estés menos casado, pero te haces pajas con la vecina antes de echar un polvo con tu mujer. Al no poder diagnosticarlo, por no ser una enfermedad, no se trata y puede producir desagradables sorpresas, en plan… Bueno, para qué negarlo, a mi me pillaron haciendo el tonto, y lo peor es que no puedes negarlo. No lo quieres dejar quizás por los hijos, pero a estas alturas la relación ya está rota. Después del divorcio te das cuenta que ella también tenía sus historias, o sea… que nadie se va a vivir a los dos meses con un tío que acaba de conocer para que lo entiendas.

Cuando hay intereses de por medio, o sea que la pareja no está unida por amor, sino que su motivación y razón de ser son: estatus, dinero, hijos, propiedades, imagen social, etc. Lo que en P&R llamamos la foto, estas parejas suelen invertir en intimidad, para conseguir el compromiso. Es como la frase que vi en una película, del viejo con pasta que le dice a la chica con la que le van a casar “Con el tiempo aprenderás a quererme”; espero que con este ejemplo lo entiendas mejor. Se supone que así, invirtiendo en intimidad, pasando más tiempo con ella y forzando proximidad “el roce crea el cariño” creando intimidad y el ansia de compromiso pueden alimentar y desencadenar la pasión, sobre todo en el que está más interesado afectivamente de ambos, mientras el otro, o la otra se deja querer. Date cuenta que he dicho “se supone”.

Pero, como la última meta de estas parejas, es consumar el matrimonio, una vez logrado éste empiezan a perder el interés por la intimidad, por lo que nuevamente se va todo a la mierda: primero, la pasión y, después, la intimidad. Es más, para estas parejas las metas asociadas al estatus como tener hijos, el estatus de casado, beneficios de imagen de cara a las familias, matrimonios de conveniencia por papeles, etc. son más importantes que la propia pareja; por lo que, una vez alcanzadas dichas metas, la pareja pasa a ser una mera comparsa, un mero acompañante subordinado a un fin… Un puro teatro. Se terminan por destruir la pasión y la intimidad. Y finalmente, aunque en la pareja unida por interés, el compromiso suele ser muy cerrado, ya que casarse es su objetivo esencial, dicho compromiso también acaba rompiéndose cuando ya el estatus social deseado se ha conseguido… ¿Qué asco no? Pues que sepas que no es tan extraño.

La tercera causa posible de la ruptura de un matrimonio (y ya me callo) al poco tiempo de iniciarse es la falta de MADUREZ de uno o ambos cónyuges. Este es el punto con el que más me identifico según mi experiencia. El matrimonio entendido como máximo compromiso social requiere un comportamiento íntegro y consecuente con las decisiones que toma. Es más, exige comprometerse diariamente con la pareja, trabajar en la relación, su construcción y mantenimiento. Pero, a menudo, las parejas se enfrentan al amor desde la idílica perspectiva hedonista de que “es un sentimiento”. Yo estoy más de acuerdo con que el sentimiento y las mariposas en el estómago, tal y como he aprendido aquí, se empieza desde primera hora de la mañana llevándole el desayuno a la cama a la mujer que quieres y cuidando todos los detalles.

Llega un momento en el que te das cuenta que te falta madurez, de hecho muchas parejas carecen de madurez suficiente para mantener vivo el matrimonio, lo que se descubre cuando la tolerancia se hace cada vez más pequeña, y el sentimiento de frustración se hace mayúsculo. ¿A DÓNDE SE VA LA CONGRUENCIA? A TOMAR POR... Así, cuando el amor deja de ser algo que simplemente se “siente” y pasa a ser algo que se “cultiva”, cuando la cosa se enfría, no tienes derecho a culpar a tu pareja, ya que tú también deberías habértelo currado más. Muchos maridos se quejan de que follan poco, o no follan… ¡por algo será! Lo mismo que te pasa a ti, le pasa a ella, pero en versión mujer.

Muchas parejas tampoco saben afrontar problemas juntos, se desesperan y optan por la ruptura. Carecen de la capacidad y la paciencia suficientes para manejar la cara menos amable del amor, los momentos difíciles, las crisis económicas, el espacio dentro de la casa, los celos, bla bla bla. De eso, nuestros abuelos y padres saben mucho más que nosotros, porque lo pasaron peor. Cuando hay problemas, las personas poco congruentes, se comportan como todo lo contrario a lo que han prometido, contradiciendo claramente su compromiso. Nuestra famosa cita célebre: No te quedes con lo que dice, quédate con lo que hace. Por ejemplo, dedican menos tiempo a la pareja, cometen infidelidades, intentan huir o evadirse tras un trabajo absorbente, los amigos o alguna afición que consume todas sus energías.

Un Amén del Reverendo.

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