INFIDELIDADES PROPIAS, MEDIO-NOVIOS, LIGUES Y COMPROMISO, por MAYBELLENE

Imagen cedida por Maybellene

Ya son varias mujeres "casadas" de mi entorno más lejano las que, tras determinada actitud, enarbolan a tamaño gigantesco la bandera de la fidelidad marital. Y me refiero a "actitud" porque considero que no puedo tachar a nadie de infiel porque alguna noche se haya besado o acostado con otro alguien. En cambio, sí me entristece ver el desamor palpable en mentiras que se puede traducir en otros besos, en otros hombres, en cinismo e hipocresía. Todo, por supuesto, tras ese suave y cómodo velo que supone el mantener de cara a la galería una relación estable.

Es por ello que, tras esta temporada de estar sola y conocer gente nueva, y refiriéndose a este tema, un amigo me decía "como tú, como nosotros, como todos". Hablábamos de el hecho de tontear con una persona, con otra. Le corregí diciéndole que yo soy una monógama sucesiva. Supongo que es porque las personas a veces nos inventamos cosas para sentirnos mejor puesto que en esta sociedad, y menos siendo mujer, a día de hoy no se puede alardear de infidelidades, ni siquiera de relaciones esporádicas.

Pero tengo que admitir que dentro de esa monogamia sucesiva y sus lapsos de tiempo, fui infiel. Dos veces. Nunca he utilizado la palabra "infidelidad". Fueron determinadas situaciones. Quizá para muchos no justificables. Pero así son las cosas. Cosas que pasan cada día y que se guardan en secreto. La gente las comete y después se arrepiente y se siente sucia. Yo no me sentí nunca culpable, todo lo contrario. Confundí el amor, y no me sentía ni querida ni respetada. Y vale sí, sin misticismos. La carne es débil cuando hay un maromo culto e interesante delante, pa' qué engañarnos. Y siempre me ha gustado conocer gente nueva.

La primera infidelidad fue clave para el nacimiento de Maybellene y Retales Sueltos. Poniendo todo en una balanza, creo que fue muy positivo, a pesar de que moralmente sea recriminable. Pero recordad que no se debe juzgar nada bajo el punto de vista subjetivo de tu tiempo, espacio y experiencia, ya que la vida puede colocarte en el lado opuesto dentro de unos años.

Yo pasaba por una etapa de bajísima estima personal (no siempre me he creído perfecta, aunque lo era, claro). No estaba enamorada, y además no se me trataba adecuadamente. Lo diremos así. "Él" no era especialmente atractivo, pero sí culto, interesante y abierto. Hablábamos de sexo sin pudor y sin problemas. Me ayudó a desmitificar todos mis esquemas. Nos vimos cinco o seis veces, en varios bares, por la calle; nos besamos, reímos, coqueteamos. Estuvo bien mientras duró. Pronto, con fuerza y seguridad, rompí con todo lo que me rodeaba y empecé desde 0.

Al tiempo me eché otro medio-novio. "Medio" porque no considero que fuera una relación estable ni de compromiso cerrado, pero en definitiva, si había algo más. Duró varios meses. Pero en esos meses un día me topé con el de la infidelidad uno.

Qué triste es a veces el paso del tiempo. Te das cuenta de que lo que importa es tu percepción. Ahí estaba. Mi varón dandy particular, mi mito erótico, mi Puentes de Madison, convertido en un tío aburrido y sin morbo. Las situaciones, que cambian. El aparecer en determinado momento te otorga unas cualidades y privilegios que a veces no tienes.

Yo seguía con el medio-novio. O el novio y medio. Una noche conocí a un chico espectacular. Entramos en un bar. Esa noche yo iba de "acompañante". Se reunía mucha gente que yo no conocía. Había humo y la luz era de baja intensidad. Yo enseguida me fijé en él. ¿Por qué? No lo sé. El karma, la intuición o las bragas húmedas. Quién sabe. Me senté a su lado y durante dos horas no hablé. Sí, al principio soy muy callada en esas situaciones. Me planto la sonrisa de "chica buena y educada". Luego ya cuando se empieza a hablar de sexo, de música, y de guarradas varias me convierto en semiprotagonista. Es lo que tiene...

Pasamos de no hablar durante dos horas a hacer de la noche algo de los dos. Sé que él se quedó más tiempo para estar conmigo. Teníamos bastante en común. Miraditas, tocamientos impuros cuando el resto no miraba, y seguimiento sigiloso hacia el baño, donde nos "liamos". Nadie se enteró nunca. Y ahí quedó todo. Ahora sólo hay algún e-mail contado y escaso. Recuerdo esa noche a veces.

Odio los cinismos y las moralidades impuestas. Odio crucificar a la gente, odio las lamentaciones, las culpas... Y me gustan las desmitificaciones y las relatividades. Cuando AME y RESPETE a una persona, cuando esa persona me ame y me respete, no tendré razones para buscar nada fuera de esa relación. Ojalá así sea.

Hay relaciones que funcionan y se sustentan en infidelidades ocasionales. Conozco varios. Yo no me atrevo a decir que eso esté mal. Es obvio que lo ideal sería que las cosas se hablasen y se acordasen, pero hay veces que lo que nos enseña la sociedad influye por encima de las ideas y deseos propios, y hay gente que no puede admitir vivir así por convicciones externas, y prefiere hacer del tema algo tabú. Pero sigue existiendo.

De ello converge otro tema vivido varias veces en mi presencia que me es absolutamente intragable (y eso que una ha tragado mucho y tiene estómago para todo). De no sé si ese "desamor", o simplemente falta de deseo y actividad sexual que se da en parejas de años, surgen deseos y necesidades que se van albergando al fondo del aparato reproductor y que afloran en situaciones donde el alcohol fluye libremente.

Hablo, por supuesto, de calienta pollas y calienta tangas varios. Gente que considera un beso como lo peor del mundo, pero que, mientras no se llegue al contacto bucal (o vocal? xD), pueden pasarse la noche toqueteando, insinuando y zorreando con todo lo que se mueva. Situaciones cuyo fin no es más que sentir cómo aún puedes calentar a la gente. Pero claro, como tienes "novio", pues no vas a hacer nada. Sólo aliviarte un poco a costa de pepinos sensibles. Más de una de éstas, al saber de mis historias e historietas, me mira por encima del hombro.

Recordando estas situaciones con detalle, tampoco me siento orgullosa. Simplemente no le doy más vueltas y saco lo positivo y válido de todo ello. Seguro que a raíz de todas las equivocaciones de mi vida, tengo los cimientos tan sentados.

Y no, por supuesto que no me gustaría sufrir una infidelidad, pero antes de no querer pasar por esta situación, opto por no sufrir también todo tipo de mentiras, desconfianzas, engaños, desprecios... Que los hay de muchos géneros y subtipos. Más ocultos, menos obvios y más aceptados socialmente; y que sí sé lo que son. El compromiso no se exige. El amor no es pedir, es dar. Y tú darás lo que recibas, y respetarás en la medida que se ganen tu respeto.

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