SABER LIGAR O NO... ¿CUESTIÓN DE SUERTE?

Imagen cedida por Lucía Ojeda

Te voy a contar una batalla de las mías para que te caigas de espaldas de la butaca por la risa: Durante el añito que me pegué de “asueto forzado” de afectos, cariño y sexo, y que me sirvió para quitarme el mono de novia, quisiera o no, no me salía ligar… Ni queriendo, ni sin querer. Por esa época salía mucho con mis compañeros de trabajo, porque habíamos hecho un grupo bastante majo con bastante facilidad para irse de fiesta casi a diario, y pegarnos escapadas de fin de semana ¡porque sí! Era tiempo de hacer otras cosas que no fuera ir detrás de una falda, aunque muchas veces sabes bien, que el babeo es prácticamente involuntario y de vez en cuando se te cruza alguna, que te deja con cara de tonto. En una de estas salidas de jueves por la noche por Huertas, me quedé con un amigo aparcado en la barra del Villa Rosa, para pasar lo que quedaba de noche cogiéndonos la gran moña. Éramos los últimos que quedábamos, los dientes de arriba del garito (por lo poco que nos movíamos). Digamos que él era el guapo, mientras yo era el “simpático”…

… Ahora que pienso, me doy cuenta de que siempre que se nos acercaban chicas cuando salíamos juntos, lo más lógico y loable, era que se acercasen porque mi amigo era y es, realmente guapo y bien hecho… Lo mío era la dialéctica ¡jajajaja! ¿Qué se le va a hacer? Si todos fuésemos iguales, esto no tendría gracia. Espera… Ahora que caigo, y viéndolo desde “el otro lado”, las tías hacían con mi amigo y yo, lo mismo que hacen los tíos cuando hay dos chicas… Aquello de entrar a la fea, ahora lo entiendo… ¡qué fuerte! Yo era el “obstáculo” de mi amigo, por eso se dirigían a mi, qué gracia. Uno nunca sabe la posición que ocupa en la cadena alimentaria, hasta que le toca ser la presa.

Pues allá estábamos los dos, apoyados en la barra con el cacique con cola en la mano y haciendo fichajes a diestra y siniestra, hasta que pasó algo que en principio, yo creía que a esas horas era científicamente imposible: Sí efectivamente, se acercaron dos chicas guapas con una bonita sonrisa a saludar y a hablar con nosotros, con un simple “¿Qué hacéis?”. Como verás, se lo curran poco, supongo que será porque no están acostumbradas a abordar ellas, pero bueno… Es mejor así ¿verdad? Lo que es natural siempre está bien. Incrédulos mi amigo y yo, antes de responderlas nos miramos al instante con cara de asombro (la madre que nos parió) como diciendo “Macho… ¿esto es de verdad? ¡Dos chicas guapas y educadas a esta hora! así… ¿tan fácil?”. No sé si estas cosas pasan a menudo, solamente te hablo de lo que me pasa a mi, pero bueno… No creo que sea la situación tipo.

Se puede decir que tuvimos suerte, al menos en apariencia… pues esa debió ser nuestra cagada, la de mirarnos incrédulos, porque de seguido abrí la boca para decir “Hola ¿Qué tal?”, nos presentamos; y justo después de los dos besos las chicas huyeron con los pies en polvorosa… A cuadros nos quedamos ¿Cómo podíamos cagarla de esa manera cuando encima se da esa situación tan… poco frecuente? Lo dicho, esto que nos pasó era ¿buena suerte? o ¿mala suerte? A estoy voy…

¿QUIÉN SABE LIGAR? Partiendo de que la pregunta correcta sería ¿quién liga? Uno puede saber “cómo se hacen las cosas bien”. Esto es algo que ayuda, pero que no garantiza resultado alguno. Obviamente que sepas mucho, no quiere decir que ligues lo mismo que sabes… Todos hemos tenido un amigo que siempre ha ligado más que nosotros y que igual “no sabía tanto” ¿verdad? Siendo muy simple te podría decir que el que sabe ligar, liga y no se preocupa demasiado por la “técnica escogida”, sino que simplemente se muestra seguro, sabe lo que quiere, es educado, se distingue del resto y tiene una actitud abierta de dar y aportar, sabe mantener la compostura, es correcto, tranquilo y claro con lo quiere de forma coherente.

¿QUIÉN NO SABE LIGAR? Pues a lo mejor el que sabe mucho de ligue, pero no es capaz de dar un paso al frente. Incluso para ligar, no hace falta “saber”, ya que simplemente a veces, se trata de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado. ¿Suerte? no, todavía no hemos llegado a eso, ahora en un ratito te explico lo que es la suerte… Normalmente el que no sabe, o el que no liga cae en pecados como los siguientes: pensar que juega sobre seguro, se olvida de empatizar con la otra persona, solamente habla de si mismo, pregunta demasiado, trata de “convencer” a la chica, se oferta en exceso, cambia de opinión y de actitud para caer bien, finge un comportamiento que no es el propio, repite cosas que ha oído “que funcionan”, trata de imitar a su amigo que sí liga, o no se despega de él para ver si le cae algo, va a por la misma chica que sus amigos o se queda quieto sin hacer nada, pensando en que como “él es el premio” ya vendrá alguna que esté interesada a "matarse por él".

¿QUÉ ES LA SUERTE? Ahora sí, la suerte no es que te pase lo que nos pasó a mi colega y a mí, ya que puedes tener la noche del año, en que sí se te acerquen ellas a ti sin que tengas que mover un dedo, pero si eres un tío sin tablas, como lo éramos mi amigo y yo en ese momento… Y no sabes comportarte de una forma natural, por más chicas receptivas que se te acerquen, no vas a saber qué hacer.

LA SUERTE, ES EL CONJUNTO DE COSAS QUE NO SE PUEDEN CONTROLAR Y QUE REALMENTE NO DEPENDEN DE TI. Mira, aunque seas el tipo más congruente de la tierra, si a ella dos días antes se le ha muerto un ser querido, no pretendas rascar de dónde no hay (por cierto, esto sí que me ha pasado y no era ni broma, ni excusa barata); o si ella no se encuentra bien, o si la han echado del trabajo… Y ahora en positivo, que también puede pasar: esa noche la mujer de tu vida sale a por todas: por ganas, por despecho con un exnovio, porque al día siguiente se va de la ciudad y quiere marcha, porque esté contenta… porque llueva fuera ¡Yo qué sé!

Vete tú a saber que le puede pasar por la cabeza y el corazón a una mujer en el mismo momento que le dices “Hola”. Por ejemplo: suerte puede ser también, que en ese mismo momento escojas las palabras oportunas y que ella necesita oír para abrir su lado emocional y comunicarse, si ella tenía ganas de hacerlo y no tenía oportunidad hasta ese momento. No me refiero a palabras aprendidas de memoria, que ya sé que eres amante de píldoras y recetas, pero un caso concreto; puede ser que la veas más aburrida que un pingüino en el Sahara y le preguntes simplemente de forma educada: “Hola ¿te encuentras bien?” acompañándolo con una sonrisa o si es la camarera, y la ves que está hasta arriba, que esperes pacientemente y cuando ella pueda pararse un segundo, le preguntes “¿Qué tal llevas hoy la jornada? ¿Cómo estás?”. Son cosas mucho más naturales que tratar de impresionarla con la frase más original de la noche. Tío, algo tan sencillo, como que ellas agradecen que se preocupen y se interesen de verdad por su estado, nada más… Una vez más sin magia.

¿EXISTE UN EQUILIBRIO? Pues como no creo en fórmulas infalibles, supongo y digo supongo sin afirmar categóricamente; que todo entra en juego; que hay un equilibrio entre el saber lo que se está haciendo, el cagarla o el hacerlo mal (quien esté libre de pecado que tire la primera piedra) y todo lo que no dependa de uno mismo, que puede jugar a favor y en contra. Lo metes todo en una coctelera y te dará un resultado real... Sea, el que sea. ¿Jugar sobre seguro? ¿Con cualquier mujer? Aspira siempre a lo que quieras, pero el juego seguro no existe… Recuerda que hay una persona igual que tú al otro lado. ¡Suerte, ánimo y al toro!

Me he preocupado de reunir para ti en el e-book LO QUE DE VERDAD FUNCIONA CON ELLAS, manual para tontos; todas aquellas respuestas ilustradas con ejemplos reales, que estabas buscando para aprender a ligar de una forma natural, realista y diaria, en prácticamente cualquier contexto. ¿Por qué reducir tus posibilidades de conocer mujeres solamente los sábados por la noche? No te limites por favor, hay más vida después... No pierdes nada por echarle un vistazo al ejemplar DEMO.
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