LA PUNTUACIÓN DE PAREJA III: COMPATIBILIDAD DE LA PAREJA por Lady Winter & El Duque

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Ese sentimiento de descompensación tiene funestas consecuencias para ambos miembros de la pareja, desgastando tanto al que se siente superior y “desprecia” a su pareja como al que se siente inferior y teme a su pareja. Roseta Forner recomienda realizar una comparativa entre “lo que doy” (nuestra PP) y “lo que pido” (la PP del candidato) antes de emprender la búsqueda de pareja, siendo el ideal el justo equilibrio entre lo que damos y lo que pedimos. A su vez, Steinberg destaca la importancia de que ambos miembros de la pareja estén próximos a las virtudes de lo que él llama el “ideal elusivo”. Es decir, esa persona que de alguna forma todos tenemos en mente como nuestra pareja ideal. Cuanto más se acerque nuestra pareja a ese ideal, más difícil será que rompamos con ella o busquemos otra.

Como vemos, lo más importante en el éxito sostenido de una pareja es mantener el ajuste o equilibrio entre las características y virtudes que aporta cada uno. En suma, tener ambos PP similares. Sin embargo, a la hora de valorar la PP de una potencial pareja, debemos distinguir claramente entre las cualidades centrales y más relevantes para nosotros y las cualidades periféricas. Si bien cuando conocemos a otra persona valoramos numerosas cualidades, finalmente a corto y largo plazo es un conjunto reducido de cualidades las que realmente determinan la elección y satisfacción con la pareja. A corto plazo nos podemos enamorar de una o dos cualidades. Por ejemplo, el hombre suele sentirse fascinado por la belleza de una mujer y la mujer por la fuerte personalidad o el sentido del humor de un hombre.

Ahora bien, de cara a constituirse como pareja estable se consideran un conjunto de cualidades más amplio y cualitativamente diferente (como tener creencias y valores similares). Aquí cada persona utilizará y ponderará en mayor medida aquellas cualidades que son centrales para ella y dará menos peso a las periféricas. No obstante, hombres y mujeres pueden diferir también al realizar esta ponderación: el hombre tiende a centrarse en un conjunto más reducido de cualidades centrales, mientras que la mujer aplicando una visión más global y selectiva, tiende a valorar un conjunto más amplio de cualidades relevantes.

La PP tiene también relevancia una vez elegida la pareja y establecida una relación estable. Como vimos anteriormente, las características que determinan la PP no son realidades estancas en las personas si no que pueden cambiar con el tiempo. La PP es en cierta medida variable, flexible y subjetiva. Varían las características, pero también nuestras percepciones sobre ellas o incluso el peso relativo que damos a cada una. Por ejemplo, a los 15 años el atractivo físico y la apariencia juegan un papel primordial en la elección de pareja, pero a partir de los 25 años el estatus empieza a cobrar gran relieve.

Numerosos problemas aparecen en las relaciones, cuando la PP de uno de los miembros cambia mientras que la del otro permanece estable. Por ejemplo, el hombre aumenta sus recursos con un gran ascenso en el trabajo o una herencia y pasa de tener 7 a un 8. O la mujer pierde puntos por ganar peso o descuidar su aspecto, bajando al 6. Entonces, él empieza a criticarla y ella comienza a sobreactuar para intentar cubrir la distancia que les separa. La descompensación en la PP también puede proceder de los procesos de crecimiento y mejora personales Si en una pareja inicialmente compensada, un miembro decide iniciar un proceso de auto-mejora que implica apuntarse a un gimnasio, estudiar francés y aprender bailes de salón y el otro no emprende ningún cambio similar, se puede producir una situación de desajuste.

Por un lado, la persona que se está desarrollando vería injusta la pasividad y falta de inquietud de su pareja. Por otro, una vez concluido dicho proceso, las respectivas puntuaciones de pareja quedarían claramente desequilibradas. Así, para que a largo plazo la pareja sea feliz, ambos miembros deberían crecer de forma acompasada, es decir, alentarse mutuamente a crecer, madurar y progresar, al tiempo que esforzarse por desarrollar cada uno su propia individualidad.

Por último, conviene resaltar la influencia de la autoestima en las valoraciones que hacemos de nuestra PP y la de la pareja. Al hablar en términos de “puntuaciones”, parece que hablamos de una realidad casi matemática, fácil de objetivar y medir. Sin embargo, se trata de un juicio relativo y subjetivo donde la autoestima y el ego juegan un papel crucial. Por un lado, hay personas cuya baja autoestima influye decisivamente en su baja puntuación: se sienten siempre “inferiores” y hasta pueden hacer creer a su pareja en dicha realidad. Por otro lado, las personas con exceso de ego serán demasiado exigentes con su pareja, viviendo un eterno descontento que puede desembocar en conflicto.

Por ejemplo, si uno piensa que su PP es 8 y realmente es 6, se verá abocado a una elección inadecuada de parejas potenciales con la consiguiente frustración y los problemas que esto acarrea o intentará compensar la distancia mediante la manipulación y el menosprecio de su pareja. También, es frecuente que esta clase de personas asuma un falso carácter hiper-exigente y que acabe desemparejado. Sin embargo, si uno se considera un 6 y realmente es un 8, no sólo se conformará con una pareja desigual e inferior sino que una vez establecida la pareja tenderá a rebajar poco a poco la ya de por sí mala imagen que tiene de sí mismo.

Conocerse y amarse a uno mismo son dos de las cosas más difíciles que existen, pero ambas son esenciales para todos los aspectos de la vida. Y también, cómo no, a efectos de la PP. [primera parte] [segunda parte]

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