DIALOGANDO CON LA TENTACIÓN

Imagen cedida por Enrique Perales

Sabes que no está bien, pero aún así lo haces. Justo antes de cerrar la puerta, has respirado hondo porque en el fondo lo estás deseando… Nadie mira, nadie lo sabe. Ni siquiera ella te conoce realmente, está tranquila, a gusto, relajada a media luz en la casa de un extraño. Aún así, se siente confiada, mientras le susurras cosas que solamente pueda oír ella mientras le acaricias el pelo. Ella se relaja, se siente única, se siente bien… pero tú sabes que eso mismo ya lo has hecho otras veces. Estás actuando con ella, como si fuera una de tantas, porque no te conoce realmente y a ella todo le sabe a nuevo. No hay nadie más en ese mundo, esa es la realidad en ese momento, mientras recuerdas que has de desconectar el móvil para que nadie moleste.

En realidad tú tampoco sabes nada de ella, solamente sabéis lo que va a pasar, pero dentro de esa burbuja de atracción solamente hay dos extraños físicamente compatibles y ansiosos: uno por invadir el cuerpo de ella, y otra por sentirse única. A fin de cuentas, dos desconocidos con ganas de sentirse queridos, no hay más misterio que ese: reducirlo todo solamente a sexo sería una estupidez.

Sientes que ojalá te pudieras enamorar de ella, porque quizás tienes tú más ganas de sentirte amado que esa mujer, que ella sentirlo por tu parte; para ella no resultaría difícil provocar esa misma escena con cualquiera, pero la verdad es que en ese mismo momento está contigo, porque ella te ha sentido diferente al resto… Si no fuese así, se habría marchado a su casa como tantas otras noches. Solamente te pide una cosa sin palabras: “He confiado en ti, has de tratarme bien”… Y lo harás, por supuesto que lo harás. Se ha entregado a un completo desconocido, es lo menos que se merece, hacerla reina de tu cama y de tu cuerpo al menos por esa noche. Mañana será otro día.

Es cuestión de tiempo… el caer me refiero, cuando empiezas a dialogar con la tentación, cuando empiezas a debatir dentro de ti el dar el paso o no darlo. Me lo decía mi padrino misionero: “Una vez que comienzas a dialogar con la tentación, es cuestión de tiempo el caer”. En aquel momento no lo entendía demasiado bien, pues realmente no estaba sometido a las mismas tentaciones que tengo a día de hoy… Sí, está bien utilizada la palabra sometido, por eso no la pongo entre comillas. Uno siempre es libre de optar, pero hay veces que al HIJOPUTA que llevas dentro le da exactamente igual, que estés bien, estés mal o regular. Cuando uno elige, no puede responsabilizar a nadie más de su decisión más que así mismo, ya que el HIJOPUTA forma parte de uno, no es alguien ajeno que te quiere convencer de algo. Eres tú mismo, el conjunto de todas tus debilidades, contradicciones, vicios e incongruencias… que las hay.

Normalmente cuando sale el HIJOPUTA… es por algo, pero esta razón solamente es una justificación válida para aquel que mete la pata hasta el fondo. Esta justificación, ni cura, ni repara, ni restaura, ni nada de nada… Solamente sirve para intentar anestesiar la conciencia cuando sabes que estás andando sobre una línea muy delgada y que en cualquier momento puedes caer en el lado incorrecto.

Seguro que crees que te estoy hablando simplemente de sexo, de infidelidad, de utilizar a los demás en beneficio propio… Si solamente fuera eso. Cada uno de nuestros actos sale de dentro, y como hombres hemos de aceptar la responsabilidad que conlleva equivocarse, y saber aceptar el premio cuando actuamos bien. Solamente sé que cada uno de esos actos están siempre encaminados a querernos a nosotros mismos, o mejor dicho: a sentirnos queridos por alguien. Me atrevo a decir, porque es una realidad, que todos venimos con un defecto de serie, no hablo sólo de mi ni de ti, me refiero a todos nosotros. Y ese defecto de serie, implícito en nuestra propia condición humana, es el que nos hace buscar en el otro, o en ella, la respuesta a aquello que nos falta; y por eso mismo muchas veces piensas que la solución a tu propio vacío está en una mujer concreta, o en las mujeres en general. Ella puede sentir exactamente eso mismo por ti, que puedas darle aquella pieza que le falta para sentirse completa. Al final tenemos a dos individuos incompletos, buscando en el otro aquello que les falta. No creo que seamos tan diferentes en lo básico, cuando lo que ambos queremos es sentirnos amados por alguien, auque lo expresemos de diferentes formas, por ser hombre y mujer.

Cuando uno dialoga con la tentación, sigue siendo fiel a esta búsqueda, sin darse cuenta que ese defecto de serie, siempre va a estar allí. No se irá nunca porque forma parte de ti y de mi; y como nos cuesta aceptarlo. Quizás no haya que buscar solución alguna más que la propia condición de cómo es ella y cómo eres tú.

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