LA TRAICIÓN DE TUS VALORES BÁSICOS II: CAÍN, HIJO DE ADÁN

Imagen cedida por: Enrique Perales

Adán fue el primer hombre, por eso nombramos a nuestro nuevo modelo de esta forma, para volver a los orígenes y a lo auténtico: a nuestra verdadera esencia. A continuación te voy a contar una historia, como siempre con moraleja. Para los que no conozcáis el pasaje del Génesis, Adán y Eva tuvieron dos hijos en su destierro del Paraíso: Caín y Abel. La diferencia entre ambos, era que Abel tenía alma noble, muy por el contrario de lo que era Caín, quien estaba celoso. Por estos celos mató a su hermano menor, yéndose después de esto como si nada hubiera pasado a continuar con su trabajo. Al ser interrogado por Dios acerca del paradero de su hermano, Caín respondió: "¿Acaso soy yo el custodio de mi hermano?" Por ello, Caín fue condenado a vagar por la tierra. En resumidas cuentas y bíblicamente hablando… Según está historia, todos seríamos hijos de Caín. ¿Por qué te cuento todo esto?

En la primera parte, LA TRAICIÓN DE TUS VALORES BÁSICOS I: EL INTERRUPTOR DE JUSTICIA, te preguntaba lo siguiente: ¿Tenemos derecho a reclamar justicia cuando sentimos que nos ha fallado una relación, un trabajo o un amigo? Podemos reclamar todo lo que queramos, podemos incluso salirnos con la nuestra… Pero ese sentimiento de injusticia no va a quedar saciado, y volverá a saltar en cuanto vuelva a suceder algo que no encaje con nuestros valores, principios o expectativas. Somos hijos de Caín y se nos olvida, dentro de cada uno hay un pequeño gran hijo de puta que es capaz de hacer cualquier cosa por prevalecer sobre el resto, y la verdad es que fue Caín el que siguió vivo para contarlo, al haberse quitado de en medio a su hermano eliminando competencia. ¿Me vas pillando?

HABLANDO DE VALORES: Básicamente lo que trato de explicar con esta analogía, es la supervivencia del más fuerte, pero en tiempos de hoy. Abel tenía unos valores y principios nobles, era bueno, era dócil, amaba a sus padres y era temeroso de Dios. ¿De qué le sirvió? Le sirvió para morir a manos de su propio hermano. La pregunta clave es ¿CUALES SON LOS PRINCIPIOS Y VALORES QUE NOS SON REALMENTE ÚTILES PARA VIVIR? En al jungla no tendríamos que hacernos esta pregunta, porque o matas, o te comen.

Quizás hoy tampoco sea tan diferente. La realidad es que en esta parábola bíblica, el que quedó vivo fue Caín del que se supone que descendemos. Jugó sucio, si… pero fue el que se quedó vivito y coleando, trabajando la tierra y teniendo hijos como un loco. ¿Se puede ser bueno? ¿De qué nos sirve ser congruentes con unos principios y valores nobles? El único premio que podemos esperar es la propia congruencia, nada más, así de simple.

HABLANDO DE ESTATUS: Ahora te pregunto por el estatus, entendiendo este concepto como la habilidad social, para obtener bienes y servicios que te garantizan una mejor calidad de vida: ¿A CUANTAS PERSONAS CONOCES QUE HAYAN PROGRESADO JUGANDO LIMPIO? Con esto no me refiero a quedarnos sentados esperando que toque la lotería, eso es cuestión de suerte. ¿Cuántos banqueros, empresarios, políticos o grandes magnates han conseguido mejorar su estatus, hasta llegar a dónde han llegado respetando las reglas del luego?

Lo cierto, es que estas reglas de juego las dictan aquellos que están arriba para que los de abajo no puedan acceder. Esas son las verdaderas reglas del juego. Si quieres comprobarlo, no tienes más que emprender un proyecto empresarial por tu propia cuenta… ¿Fácil o difícil? Está montado de tal manera que, o partes ya con un cierto estatus o una cierta ventaja sobre el resto, o el mercado te ahoga. Quien tiene estatus, no lo reparte. Aunque parezca que sí que haya procedimientos o medios para poder emprender… Es solamente un espejismo. No te comas la cabeza, si no trabajas para ti, o eres el dueño de tu propio negocio, estás trabajando para alguien que tiene un estatus mayor que el tuyo.

No nos olvidemos de algo: la única garantía de éxito es la congruencia, pero ¿A qué valores? Al igual que un hombre puede ser congruente con los valores del trabajo, familia, amor, amistad… También se puede ser congruente con la ambición, la imagen, el interés, el materialismo, el dinero, el sexo… Bien podría llamarse “El lado oscuro”. Somos nosotros quienes elegimos el signo de nuestros propios valores.

La congruencia, en sí es un concepto vacío, ya que no tiene objeto si no es aplicada a ciertos principios y valores, pero estos valores son en realidad casilleros vacíos que nosotros hemos de elegir. ¿Dilema moral? ¿Supervivencia? ¿Somos unos borregos si somos congruentes con unos valores nobles? ¿Somos unos grandes cabrones si somos congruentes con unos valores no tan nobles, pero que quizás traigan a cuenta seguir para progresar? ¿Cuestión de suerte? No creo que se trate de suerte, si no de saber optar por qué valores vamos a decantarnos a seguir… ¿Es fácil desechar unos valores que te han transmitido desde siempre, que son básicos para ti y para mí pero que te aborregan, ya que “hay que jugar limpio”? ¿Quién gana en la vida real? Pregúntale a Caín, el fraticida del que “descendemos”. Clica para ir a la primera parte.

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