LA CHICA DEL VAGÓN I: ¿TE CONOZCO DE ALGO?

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo: Enrique Perales

Ahí estaba yo tan tranquilo, apoyadito en la pared esperando al metro… ¿La estación? Alonso Martínez ¿La línea? 4 ¿La hora? Serían sobre las 19:30H. Acababa de salir del trabajo y tenía que pasarme por el Work Center de Conde de Peñalver antes de pasar por casa, tenía que encuadernar unas copias. Hecho polvo después de un día duro, esa espera de dos simples minutos se me estaba haciendo eterna… Tenía ganas de llegar a casa, quitarme el traje, coger una cerveza del frigorífico y ponerme a ver los deportes… ¡Qué felicidad más simple! ¿Verdad? Llega el tren y como el resto de los corderos españolitos de a pie, procedía a entrar junto con el resto de la masa humana, que quiere exactamente y desea lo mismo que yo: volver a casa. Hubo algo que me llamó la atención: por la puerta de la izquierda, entre toda la gente destacaba una figura femenina, a la que era imposible no ver… Imposible… Del tipo de mujer que cuando la miras una vez, tienes que volver a mirarla otra vez, dos veces, tres veces… ¡las que sean!

¿Por qué es tan fácil quitarme la paz?… ¡joder! Soy un hombre enamorado, pero parece que estoy a la que salta. Era como una cabeza más alta que yo, tenía el pelo negro, la tez muy blanca, unas gafas oscuras que no dejaban ver sus ojos, unos labios de boquita de piñón pintados de rojo, chaqueta negra, vaqueros azules marino y unos tacones negros… Se la veía de lejos desde luego. ¿Es que en la puta vida me voy a poder quedar tranquilo? Parece que no.

Entro en el vagón y en ese mismo momento me llaman al móvil, menos mal… Algo con lo que distraerme que no era ese pedazo de mujer, que ya con verla me había puesto nervioso. Dentro del vagón me doy cuenta de que la tengo justo enfrente, pero sigo hablando por el móvil a lo mío. No podía mirarla directamente a los ojos, mejor dicho… No sabía hacia donde estaba mirando ella, debido a sus gafas oscuras. Pero mientras yo seguía hablando por el móvil a la par la estaba clavando la mirada, como siempre… Sin disimular.

Ella esta frente a frente a unos dos metros y como no apartaba la cara ni la vista, suponía que debía estar mirando hacia otro lado y claro… ¡Recibiendo puntuación y validación de un tío como yo, que en un momento así no sabe disimular! Bueno ni sé disimular, ni quiero aprender a hacerlo, me parece una soberana gilipollez tratar de ocultar tu interés cuando hay una mujer que de verdad te atrae a primera vista.

De repente ella me destapa… ¿Qué hizo ella para destaparme? Me hizo un gesto con los hombros y la cara como preguntando ¿Tú qué miras? Yo hacía tiempo que había dejado de prestar atención a lo que me estaba contando mi padre, que era quien me había llamado; pero a pesar del gesto que hizo ella, continué mirándola escudándome en que seguía hablando por el móvil. En ese momento le correspondí con otro gesto, levantando las cejas, como si la conociera, mientras seguía y le hice un gesto con los dedos como diciéndole “Espera un minuto”. Se quedó sorprendida, porque debió pensar que en efecto yo la conocía de algo, aún así no se quitaba las gafas.

Entonces, le saqué la lengua para jugar, y ella me correspondió con el mismo gesto. Empezó a mirar para arriba y como a tararear algo, o a recordar algo mentalmente aunque movía los labios como si se lo dijera así misma. Mi padre seguía machacándome el oído al teléfono, pero ya corté porque francamente así no podía seguir… No me enteraba de nada de lo que me estaba diciendo. Me guardo el móvil en el bolsillo de la chaqueta y la vuelvo a mirar, levantando la barbilla y le digo “Hola ¿Qué tal?”. Ella sonriendo “Muy bien ¿y tú?”

Respondí: “Pues ya ves, recién salido del trabajo y deseando de llegar a casa”… Como si la conociera de toda la vida. Ella daba por hecho que me conocía por mi forma de dirigirme a ella en un principio, pero como esto no era así y creo que le daría vergüenza reconocer que no me conocía absolutamente de nada, o que no se acordaba de mí en caso de que si la conociera, me siguió la corriente. No creas que esto es tan extraño, es además una buena baza para ligar: hablar asumiendo que ya la conoces de toda la vida, pero bueno… Ella salió del paso de la siguiente manera: “Me suenas un montón, pero no sé ahora mismo”. Me reí y le dije: “Tranquila, no te preocupes… Es que no me conoces absolutamente de nada...”. [continúa en parte II]

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