CUANDO EL AMOR PIDE ESPACIO


Cuando uno está solo, soltero o sin compromiso, es fácil tener una objetividad acerca de los objetivos que uno se marca, de sus opciones, de lo que quiere, de lo que va a hacer en un futuro cercano a corto plazo… esto debería ser siempre así, tanto si estás solo como en pareja. Si dijera que cuando uno está enamorado se es siempre objetivo e imparcial, sabrías de sobra que quien te hablara nunca ha estado enamorado. Después de la fase ideal en la que todo huele a rosas, te vas dando cuenta conforme pasa el tiempo que la imagen que tenías de ella y ella de ti, se va “actualizando” y las cosas poco a poco van siendo menos ideales, porque precisamente vamos conociendo más y mejor a la persona con la que compartimos afectos, convivencia y sexo. ¿Cuándo se da este punto de inflexión? ¿Cuándo te das cuenta de que la relación no es tan ideal como pensarías que duraría siempre al principio?

La respuesta es sencilla, pero no muy aparente… Dejando de lado las hormonas que trabajan en la fase inicial, que hacen que quieras estar constantemente pegado a ella y que todo te parezca perfecto, las que pierden intensidad conforme avanza el tiempo… Llega un momento en el que te das cuenta que el amor pide un espacio real y concreto en tu vida. ¿A qué me refiero con esto? Quizás decir que piensas por dos es demasiado, pero ya entra en juego la palabra ¿Libertad? ¿Renunciar? Te das cuenta de que no haces las mismas cosas que antes, sin saber por qué muy bien, pero es como que piensas las cosas dos veces, o tres… Corrígeme si me equivoco. La relación poco a poco va pidiendo cada vez más espacio y más tiempo, hay que tener en cuenta más cosas a parte de tus propios deseos y opciones porque ya pueden influir en la otra persona de una manera más seria.

No te hablo exactamente de un compromiso, ya que no tiene por qué ser así, es más bien “el cambio de chip”. Sin darte cuenta te vas dando cuenta que el propio ritmo de la relación te lo va pidiendo, a la par que ella se va volviendo cada vez más importante en tu vida. La pregunta es ¿Hasta qué punto? ¿Supone una verdadera renuncia a ciertas cosas el poder llevar una relación de forma sana? ¿Dónde está el punto de inflexión entre renuncia y libre opción? Mejor dicho… ¿Renunciando a una parte de tu libertad es posible llevar una relación de forma sana?

Supongo que el ejemplo más claro de todo esto, bien podría ser la paternidad. Este paso en concreto, es irreversible, no hay una marcha atrás, no es un estado civil como puede ser la soltería, la viudedad, o el matrimonio; estamos hablando de una condición masculina. Llegado el punto sabes que hay que estar, que un día tomaste una opción desde tu libertad, y que por tanto de igual forma has de estar a la altura de las consecuencias, aunque dichas consecuencias acarreen cambios importantes en tu vida.

¿Se debe renunciar a parte de la propia libertad para poder crecer y avanzar? Dicho así suena a contradicción ¿perder libertad para crecer? A mi no me suena, pero es un hecho que de alguna forma, comprometemos un tiempo y un espacio concreto a una relación… Un coste de oportunidad, ya que en ese tiempo y en ese espacio, no estamos haciendo cualquier otra cosa. ¿Renunciar a unos objetivos egoístas o individuales para poder crecer en pareja? No creo que nadie, absolutamente nadie, esté preparado para aceptarlo de esta manera. Veo más bien, que nos vamos dando cuenta de ello conforme avanza el tiempo, conforme avanza la relación… Un día te das cuenta y las cosas que haces hoy, no son las mismas que bien podrías estar haciendo algo más de cuatro años.

Una cosa está clara, cuando una relación no avanza, y no se toman opciones en función de que avance, le pasa lo mismo que al agua. Cuando no fluye, se estanca y se corrompe… Es así de sencillo. Las relaciones, al igual que los seres vivos, nacen, crecen, dan sus frutos, maduran y al final mueren. Como ninguno de nosotros se quedará eternamente en la edad de 30 años, ni tendrá durante toda su vida las mismas ideas, valores o convicciones, con las relaciones pasa absolutamente lo mismo.

Por eso mismo, y machacando para el final, diré que el miedo al compromiso, o el natural miedo a los cambios e incertidumbres, debería ser interpretado a favor y nunca en contra, como señal de que se está cambiando o creciendo. ¿Sabemos aprovechar este miedo como señal o nos quedamos en esta misma sensación de miedo? Si nunca has temido a los cambios que puedan marcar tu vida, te felicito por ello, pero yo como hombre de carne y hueso sí que los tengo. Si el amor pide espacio cuando avanza una relación… Por algo será.

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