AVANZAR SIN PREGUNTAR

Fotógrafo: Chema Pascual
Modelo: Lucía Ojeda

Te lo digo sinceramente, si a día de hoy la vida que llevo no corresponde al 100% con la imagen que yo quiero llevar, o que querría ya llevar, no le puedo echar la culpa a la economía, ni a la crisis, ni a nadie. Cierto es que uno nunca tiene todo lo que quiere, pero si que a veces los cambios inesperados vienen los llames o no los llames, aunque éstos son los únicos que te hacen madurar, porque son los que realmente te fuerzan a salir de la comodidad de la zona de confort. No me gustan los cambios, si te dijera que sí me gustan te estaría mintiendo, pero a veces no quedan más cojones que capearlos.

Hoy me siento una mezcla entre triste y raro, en realidad no me ha pasado nada malo, pero las cosas cambian y me doy cuenta de que sigo creciendo, o más bien haciéndome viejo. ¿Llevo la vida que quiero? A grandes rasgos sí, tengo un buen trabajo que me mantiene, vivo en una buena zona, en una casa grande (de momento) y bien cuidada, tengo amigos y una mujer a la que amar con locura. Desde luego no me puedo quejar, aunque algunos meses sean más duros que otros económicamente hablando… Supongo que será “El Precio del Paraíso”; aún así acaba saliendo todo. La cuestión es que el corazón me pide más cosas y sé que tarde o temprano tendré que pasar por el punto de optar, o como diríamos por aquí provocar el punto de tensión inducida para seguir avanzando y tomando opciones. Sé que tarde o temprano pasaré por ahí.

Reconozco que quizás me haya acomodado, bueno… Sin quizás, me he acomodado y me doy cuenta que para hacer lo que realmente me pide el corazón, tengo que dar pasos y tomar decisiones. Si no creo yo ese punto de tensión, me puedo tirar así hasta el 2020, que todo va a seguir igual si yo no muevo un dedo. El caso es que mis opciones y lo que realmente suponen, suponen subir un escalón más, pero a un gran nivel. He visto como muchos amigos míos ya están divorciados con 35 años, o han ido a vivir con sus parejas y no han durado dos años. No me gusta compararme con los demás, pero no creo en el matrimonio como tal, si no es con el fin de garantizar una seguridad para unos hijos, o mejor dicho… Poder estabilizar una situación familiar.

El miedo que tengo no es dar el paso de casarme o no casarme, porque no me pienso casar, a menos que sea algo realmente necesario, si no que según mi tan particular visión de la vida y las relaciones, esto realmente sea viable. Tampoco puedo olvidar que esto no puede hacerse solo. ¿De qué depende el éxito en una relación? De que los valores de uno y otro sean parecidos, o al menos semejantes y que ambas personas quieran construir lo mismo. La cuestión es que esta opción también podría dejarme solo de un día para otro y no te miento si te digo que en el fondo tengo miedo a perder lo que tengo ahora mismo, y que precisamente por eso puedo cagarla.

Avanzar… Pero sin pedir permiso. Una mujer no te dará nada que no le hayas entregado antes, y creo que sigo esperando a que pase algo. La realidad es que este “algo” no pasará si no muevo ficha, ya que muchas veces las palabras quieren decir más de lo que es su significado literal. Decir que “se me pasa el arroz” es absurdo, ya que sé de buena cuenta lo que sucede en las relaciones y la edad es lo último que me preocupa. Lo que sí me preocupa, es que estoy pensando demasiado y no quiero pensar tanto. No quiero calcular, no quiero especular, no quiero encontrar la fórmula adecuada… Simplemente lo quiero todo y compartirlo con la mujer a la que amo. Desde luego, los planes pueden esperar, o pueden hacerse más o menos bien… Mientras se acaben haciendo.

He visto demasiadas decepciones, o demasiadas parejas o familias rotas; con hijos repartidos de forma salomónica, aunque la justicia siempre apunta a favor del mismo sexo… No hace falta que diga cual ¿verdad? Mi sueño es ser padre y hacerlo lo mejor que sepa o que pueda. Es algo tan sencillo como eso. No necesito estar casado, ni siquiera estar comprometido con una mujer, mientras esa hipotética mujer, si es que existe, comparta mi mismo sueño. En estos últimos cinco años, he aprendido a vivir solo, aunque no realmente solo físicamente… No hablo de soledad física, si no de independencia y es algo que no quiero perder. Pero… ¿es eso compatible con ser padre? No he conocido a nadie que lo haga de esta manera, sería por así decirlo “un experimento” nacido de un puro deseo egoísta; ¡Por que sí!… Reconozco que es un deseo egoísta, pero es lo que me piden el alma, el corazón y el cuerpo.

Lo que sé que no debo hacer es esperar “autorización”, pedir permiso o rezar y que baje San Pablo del Cielo y me lo de, sé que es algo que depende de mi, pero no tengo antecedentes de éxito o fracaso en este tema. No tengo referencias… Sinceramente, lo único que le envidio a los matrimonios es la parte referente a los hijos, la paternidad y la maternidad, todo lo demás me sobra porque ya he visto mucho y sé de qué va: demasiados hombres con la mirada agachada y demasiadas mujeres insatisfechas. No sé como pensaré dentro de un año, o que vida llevaré en lo siguiente, pero a día de hoy esa es mi meta como hombre.

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