MI ÚLTIMO DESAYUNO EN IBIZA

Me acabo de levantar, justo ahora deben ser las 10 de la mañana. Miro a la cama de al lado y mi hermano sigue durmiendo. Estoy en su casa de Ibiza de vacaciones, medio feliz por estar con él, y medio triste porque es mi último desayuno en la isla. Hoy es mi último día de vacaciones y tengo la sensación de que llegué ayer mismo, el tiempo ha pasado volando, demasiado rápido... Eso es lo que sucede cuando se disfruta. Salgo del pasillo para ir al baño y ducharme, y nada más abrir la puerta empiezo a escuchar las voces y las risas de las compañeras de piso de mi hermano: una amplia variedad de mujeres de todas las edades, italianas en su inmensa mayoría. En periodo estival, Romana, la dueña de la casa alquila habitaciones a chicas, y lo cierto es que cuando la casa está llena, esto bien parece un GRAN HERMANO femenino a la italiana. La verdad es que así da gusto salir al pasillo y verse rodeado al momento de saludos, sonrisas, tangas y pareos... Y para qué negarlo, mujeres muy hermosas. Desde luego mi hermano se lo monta bien, lleva ya un año y medio viviendo en Ibiza, y no le veo con demasiadas ganas de volver a Madrid, puedo entenderle.

Añadiendo al buen ambiente que hay en la casa, una vez ya aseado y despejado, hago lo que hago todas las mañanas aquí antes de salir a dar una vuelta por el puerto: me hago un zumo de naranja y mientras hablo con las chicas que ya están en la terraza, mato mi primer cigarrito con el puerto de Ibiza como vista panorámica. Me siento privilegiado ahora mismo, esto es un lujo: el poder estar con la persona que más quiero, mi hermano, en un ecosistema tan peculiar, agradable, bonito y de ensueño. No creo que él se levante hasta las 14:00, así que una vez finalizada la primera tertulia, bajo a desayunar al Orange. Me siento en la terraza y pido mi café y una ensaimada. No hay nadie más en la terraza y la camarera que es encantadora, ibicenca nacida en la isla, siempre me da conversación: “Mañana ya no vengo a desayunar aquí”. A lo que ella responde “¿Y eso? se te acabaron las vacaciones...”. Apesadumbrado y mirando por encima de las gafas de sol asiento, todo lo bueno se termina. Realmente si no fuera así, no creo que valorásemos estos momentos.

Lo cierto es que estas vacaciones me las merecía sobradamente, ha sido un año duro profesionalmente hablando, mucho trabajo, mucha presión y pocos resultados; pero estos 10 días han merecido la pena. Si por mi fuera me hubiera atado a una palmera para no volver, pero bueno... las cosas no funcionan así. Han sido momentos de regalo, especiales, el haber conocido gente nueva e interesante, el volver a ver mi hermano, el visitar el bar Delfín para ver a nuestro amigo Javier, que siempre te recibe con una sonrisa, como si te hubiera visto ayer aunque haya pasado un año desde la última vez que fui. Esta noche tengo que despedirme de él.

Y lo de siempre... A base de sombra y terraza no se coge mucho moreno en la piel, pero bueno... hoy se intentará. Voy dando un paseo a Los Molinos, es la cala más cercana, justo antes de llegar a Figueretas. Me pongo en una roca al estilo lagarto, metiéndome en el agua de vez en cuando hasta que da la hora de comer. Calculo que ya mi hermano se habrá levantado, voy para casa alegre porque creo que he cogido algo de color. Llego a casa y me encuentro a mi hermano en la cocina haciendo la comida, este hombre es el mejor... Romana le ha impuesto llevar un pareo por casa porque dice que le queda muy bien conjuntado con su moreno de playa y musculatura de gimnasio. En un descuido, la hermana de Romana le da un cachete en el culo, apretando de pasada la mano... Al bueno de mi hermano se lo rifan en esa casa, y él como siempre, me mira y me pone una mueca queriéndome decir “lo que hay que aguantar”. Conozco unas cuentas decenas de hombres dispuestísimos a dejarse la nómina y una mano, por “sufrir” esa convivencia tan ibicenca (no tengo otro adjetivo que lo pueda describir).

Después de comer en la terraza, Sonia y Guia hacen café y pasamos toda la tarde en la terraza de cháchara, hasta que el sol deja de picar... Por cierto, a estas alturas ya me he dado cuenta de que me he quemado la espalda, los hombros y los empeines... ¡ole mis huevos! esto me pasa por confiarme con el sol de medio día. Me da la sensación de estar en una burbuja, en la terraza se está de lujo. Se termina el café, recogemos y se supone que nos vamos a echar una siesta debido al “estrés” de la jornada, pero... ¡cambio de planes! Sonia y Guia nos invitan a fumarnos un porro con ellas, y a matarnos una botella de vino rosado que han comprado para la ocasión: IMPOSIBLE DECIR NO. Matamos el porro, matamos la botella, risa floja, cachondeo, mamoneo y mucha, pero que mucha tontería... lo dicho, ahora sí que es el turno de la siesta perfecta, y cuando digo perfecta, quiero decir perfecta...

Salimos a cenar al puerto, como señoritos... el tiempo pasa deprisa y solamente me quedan en la isla unas pocas horas. Después de cenar vamos al bar de Javier, el Delfín, en pleno puerto, una terraza pre-party de la discoteca amnesia. Allí caen las primeras copas y el chupito de José Cuervo con Javier (pues sí que pega, sí). Me despido de él con abrazos y con un “hasta pronto”... Así da gusto. Después hemos quedado con otro amigo de Madrid, ha venido con su mujer a pasar unos días y queríamos tomarnos algo con ellos por mi cumpleaños. Vamos al Café Divino y allí están. Nos ponemos al día, otras dos copas y a dormir.

Pero bueno, antes de pasar por casa, nos tomamos la última en una terraza cercana, se está demasiado bien como para subirse enseguida... A lo tonto, nos encontramos con unas antiguas compañeras de piso de mi hermano, que ahora viven por San Antonio. Cae otra copa más, pero miramos el reloj y ¡oh oh! me quedan tres horas para salir, así que... besitos, besitos, chau, chau. Creo que ha sido el día más rápido de mi vida.

Mi hermano, Romana, Laura, Javier, Sonia, Guia, Guillermo y su mujer, las dos Francescas, las terrazas del puerto, Los Molinos, las sobremesas de café expreso, vino rosado y porros, los encuentros en el pasillo, las rosas en el salón, esa terraza enorme, las sonrisas de las chicas, los pareos, el arroz negro, el cielo limpio de noche, los paseos nocturnos por la playa para volver a casa después de las fiestas, la paz... No sabría decir con qué momento me quedaría. Es la tercera vez que voy, y siempre siento que un pedazo de mi se ha quedado allí. Siento como si hubiese vuelto de una Torre de Babel, en las que todos hablábamos diferente, pero en la que todos nos entendíamos.

Aún estás a tiempo. Para que conozcas mejor la filosofía, los principios y valores que definen nuestro modelo masculino, visita elnuevoadan.com donde podrás encontrar material publicado de libre acceso, los orígenes de nuestra idea y los pilares básicos: INTEGRIDAD, INTELIGENCIA, AUTONOMÍA Y ESTATUS, que te servirán para entender qué es lo que puedes encontrar tratado en mucha mayor profundidad en nuestro nuevo e-book. La compra de cualquier producto de la biblioteca online P&R incluye orientación personalizada vía e-mail. Descárgate la versión demo el nuevo Adán.
Publicar un comentario en la entrada